| Supersticiones y Eurocopa ‘Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Oh Israel, confía en el Señor; él es tu ayuda y tu escudo. Casa de Aarón, confiad en el Señor; él es vuestra ayuda y vuestro escudo. Los que teméis al Señor, confiad en el Señor; él es vuestra ayuda y vuestro escudo. El Señor se acordó de nosotros; nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón. Bendecirá a los que temen al Señor, a pequeños y a grandes.' (Salmo 115:3-13)
Tengo que confesar una pequeña ¿o grande? maldad: No me he entristecido por la eliminación de la Selección española de la Eurocopa; y si he de ser sincero he de admitir que albergaba en mi corazón hasta un escondido y pérfido deseo de que así fuera. Sí, ya sé, ya sé que denota una gran mezquindad e incluso para algunos eso está muy cerca de ser el pecado imperdonable, pero antes de ponerme ante el pelotón de fusilamiento pido que escuchen mis alegaciones. A mí, como evangélico español, se me puso en una coyuntura muy difícil cuando vi que la Selección imploraba el favor de Santiago antes de presentarse en la Eurocopa de Portugal, porque si la ganaba ¿quién se llevaría la gloria de la hazaña? ¿a quién se achacaría el prodigio? y ¿qué ejemplo se sentaría si tras una invocación de ese tipo se produjera el milagro?.
Si se hubiera efectuado éxito de la Selección el tal habría sido el éxito de Santiago, por lo tanto es de lógica concluir que el fracaso de aquélla es el fracaso de éste y aunque no es de buen cristiano alegrarse del mal ajeno, sin embargo, como la gloria aquí se la habría llevado algo que no es Dios en detrimento del mismo Dios, es perfectamente legítimo y hasta agradable a Dios alegrarse de que algo así haya sucedido. Aunque a decir verdad lo de la invocación o la presentación de los equipos de fútbol cuando ganan algún trofeo ya se está haciendo un ritual acostumbrado: sea ante la Moreneta , la Pilarica , la Santina, la Candelaria o la Paloma , el caso es poner bajo la advocación de alguna de estas imágenes la conquista futbolística realizada, de manera que en esta tierra de Vírgenes y Santos nada quede sin su patrocinio. Verdaderamente es la subversión del propósito de Dios, quien quiere que Cristo, y sólo él, sea la plenitud que todo lo llena en todo.
Pero ahora que he comenzado a confesar mis pecados tengo que añadir otro, quién sabe si más grande que el anterior. El día de la boda de Felipe y Letizia me alegré de que lloviera a cántaros sobre el escenario de la boda. Sí, ya sé que es otra maldad y otra mezquindad pero ¿qué alternativa me quedaba cuando supe que de la Casa Real habían llevado huevos a las monjas clarisas para que Santa Clara hiciera que ese día no lloviera? ¿A qué conclusión hubiera llegado el pueblo si ese día luce un sol radiante? Así pues creo que mi alegría ante el chaparrón estaba justificada; después de todo también Elías se rió cuando el cielo no respondió a las extravagancias y supersticiones de los profetas de Baal. Allí, en el Monte Carmelo se estaba dilucidando quién era Dios, es decir, quién respondía a una petición humanamente imposible de realizar. Todo un desafío a la misma gloria y majestad de Dios. Y la cuestión es que se trataba de un pleito público, realizado ante los ojos de todo el pueblo. Por lo tanto, el fracaso de Baal fue la constatación pública de su falsedad y la risa de Elías una burla santa vindicadora del verdadero Dios. Si en ese caso alegrarse del mal ajeno fue agradable a Dios ¿no lo será también en este?.
Pero ya puestos a confesar pecados he de confesar otro, si cabe aún mayor que los dos anteriores: la mezcla de tristeza e indignación que me produjeron el Domingo de Pentecostés las imágenes en el Rocío, donde un mar de fervientes romeros se entregaban enajenados al frenesí religioso alrededor de la imagen de la Blanca Paloma . Dios mío ¡la fiesta del Espíritu Santo convertida en la fiesta del espíritu del esperpento! ¡Qué manera de pavimentar el camino hacia el infierno! Es el paradigma de lo que en España se ha hecho con el evangelio. ¡Ay! Qué responsabilidad tan terrible han adquirido los guías religiosos que en esta nación (y desde fuera de ella) fomentan todo eso. No me gustaría estar en su pellejo el día que tengan que responder ante el mismo Espíritu Santo del ultraje que le han hecho.
El texto bíblico arriba citado establece un marcado contraste entre el verdadero Dios y los ídolos y entre los que adoran al primero y los que sirven a los segundos. Hay una rotunda diferencia en el pasaje entre el nosotros y el ellos , definida por la diferencia de lealtad a la que unos y otros están ligados. ¿Cómo, pues, hablar luego de ecumenismo?. Veamos algunas lecciones:
La insignificancia de los ídolos. ‘son plata y oro.' Es decir, hechos de algo hecho (la materia) por alguien hecho (el orfebre).
La contradicción de los ídolos. Pues teniendo órganos sin embargo carecen de las facultades propias a los mismos.
La inutilidad de los ídolos. Que no pueden hablar, ni oír, ni andar, ni oler, ni hacer. En suma, buenos para nada.
La alienación de los ídolos. ‘Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.' Pues hay una correspondencia entre lo que alguien es y lo que adora, de manera que la adoración de lo vacío sólo vacío puede dejar.
La grandeza de Dios. ‘está en los cielos.' Pues no está confinado a ningún santuario terrenal porque su esencia es infinita.
La soberanía de Dios. ‘todo lo que quiso ha hecho.' Pues hace y deshace por sí mismo a su voluntad sin necesidad de alianzas o acuerdos o ayudas ni de mayorías simples o absolutas.
La cercanía de Dios. ‘confiad en el Señor.' Que junto a su trascendencia y majestad se hace accesible y nos llama a depender y a descansar en él.
La bendición de Dios. ‘nos bendecirá'. Que es la promesa dada a todos aquellos que en él confían.
Perder la Eurocopa no es el problema. El problema es andar perdidos en un mar de engaños de superstición y vanidad. Ven al que es la Vida y la Verdad, a aquel que habla, oye, entiende y hace.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España. |