Enfado del Papa con el gobierno español
Antes de entrar en otras materias transcribo aquí algunos titulares de periódicos españoles en días pasados.
- "El Papa reprocha a España su política sobre el aborto y los gays”.
- “El Papa recrimina a Zapatero”.
- “Reprimenda a Dezcallar”.
Jorge Dezcallar de Mazarredo es el nuevo embajador de España ante el estado Vaticano. Presentó sus cartas credenciales el 18 de junio. El Papa utilizó la ceremonia diplomática para zurrar al Gobierno español por sus proyectos en materia de aborto, matrimonios, homosexuales y enseñanza de la religión católica.
Días después, el 21, fue el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien mantuvo una entrevista con el Papa.
Hace seis meses, el 23 de enero pasado, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, se presentó ante el Papa acompañado de su esposa, sus hijos y su yerno. Todos se arrodillaron ante Juan Pablo II y le besaron repetidamente la mano derecha.
Zapatero, quien en varias ocasiones se ha declarado agnóstico, adoptó una actitud diferente. No se postró ante el Papa, no le besó el anillo, se limitó a saludarlo con un apretón de mano, empleando la mano izquierda, ya que la derecha la llevaba vendada como consecuencia de una lesión sufrida mientras jugaba al baloncesto con sus hijas. La entrevista con el Papa sólo duró trece minutos.
“El Papa reiteró ante Zapatero las críticas que había adelantado al nuevo embajador de España”, comentaba el diario EL PAÍS (22-6-2004).
¿Y quién es el Papa para criticar la política nacional de un Gobierno elegido por el pueblo? ¿Quién es el Papa para reprochar cosa alguna a España? ¿Quién es el Papa para recriminar a un presidente constitucional? ¿Quién es el Papa para reprender al embajador de un país europeo?
Tanto el embajador Jorge Dezcallar como el presidente Rodríguez Zapatero fueron al Vaticano en misión diplomática y política. Para ellos, el Papa representaba un estado, el Vaticano, no una religión, la católica. Cualquier reproche de un estado a otro es una ingerencia intolerable.
En estas ocasiones el Vaticano no despliega un discurso religioso, sino el discurso político que lo enmascara. Los poderes papales han estado desde siempre más en la tierra que en el cielo. La Historia es testigo de ello. Pero la llegada de Karol Wojtyla al Vaticano implicó la conformación y el lanzamiento de una nueva ofensiva política, conservadora y pujante, que extiende su influencia a todos los países que puede o se lo permiten.
Al Papa le preocupa la moralidad del pueblo español. ¿Se ha enterado de que en la católica España la prostitución es un negocio que genera al año dos billones de las antiguas pesetas? ¿Se ha enterado que los métodos anticonceptivos han hecho perder a España dos millones de menores en los últimos diez años?
Juan Pablo II recrimina al Gobierno español por su proyecto de ley para ampliar el aborto. ¿Alguien le ha dicho que en la católica España el aborto entre las menores de 20 años ha aumentado un 74 por 100 en la última década? ¿Que 18.000 adolescentes españolas se quedan embarazadas cada año y la mayoría opta por abortar? En 2002 se interrumpieron 77.125 embarazos. Son cifras oficiales. Otras fuentes elevan el número a 200.000.
El Papa pidió al embajador y al presidente protección para el matrimonio. ¿Conoce Juan Pablo II la legislación española orientada a la defensa y amparo del matrimonio y de la familia? ¿Y quién contiene la plaga del divorcio? En su edición del 6 de junio el diario EL PAÍS publicó un cuadernillo en el que figuraba este encabezamiento: “El fin del matrimonio”. Según el autor del informe, “cada año se celebran en España 200.000 matrimonios, pero se rompen 100.000. Mientras las bodas se estabilizan –añadía el informe- las separaciones crecen”. Otro informe realizado por el Instituto de Política Familiar llegaba a esta dramática conclusión: “Cada cuatro minutos se rompe un matrimonio en España”.
Marta Lobato, en una crónica mandada desde Roma al diario EL MUNDO , decía que el “rapapolvo” del Papa al embajador Jorge Dezcallar fue también motivado “por los proyectos concernientes a los matrimonios de personas del mismo sexo”. Habría que decirle a Juan Pablo II que el matrimonio entre homosexuales es una reivindicación paradójica de políticos conservadores y no un banderín de enganche socialista. Son precisamente los homosexuales católicos quienes reclaman un papel propio dentro de la Iglesia vaticana. El matrimonio homosexual, en estos momentos, no es política del Gobierno de la nación. Diez de las 17 comunidades autónomas que funcionan en España han promulgado leyes para la protección de las parejas homosexuales. Son Cataluña, Navarra, Aragón, Valencia, Baleares, Madrid, Asturias, Andalucía, Extremadura y Euskadi.
Otro tema que preocupa al Papa, y en el cual insistió ante el embajador y ante el presidente del Gobierno, es el de la enseñanza de la religión católica en los colegios públicos. El Papa acusa al Gobierno socialista de paralizar la Ley Orgánica de Calidad de la Educación ( LOCCE) , consagrada por el Partido Popular, y dejar la religión fuera de la escuela. Lo que realmente le preocupa al Vaticano es perder protagonismo en el adoctrinamiento católico de los estudiantes.
Así las cosas, ¿tienen sentido los reproches del Papa al Gobierno español? ¿Es el Gobierno el que manda abortar a las mujeres españolas, el que obliga a los matrimonios a que se divorcien, el que origina la conducta homosexual, el que se opone a una ley de enseñanza repudiada por la mayoría de los padres españoles?
Y si esto se considera un desbarajuste social, ¿a quién culpar? ¿Al Gobierno o a la Iglesia católica que ha tenido al pueblo español en un puño durante cuarenta años de Nacionalcatolicismo y lo ha educado a su manera?
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España) |