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Número 42 - 4 de julio, 2004
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SAMUEL ESCOBAR

"Fachadas centelleantes" en Nueva York

Nos dice el New York Times ( El País julio 1ro. de 2004) que la compañía Coca Cola se va a gastar la módica suma de 5.3 millones de euros para un cartel publicitario de 30 toneladas en el corazón de Manhattan, en Nueva York. ¡Vaya cartel! La noticia me sobrecoge cuando me pongo a pensar en lo que se gastan las compañías para convencernos de que compremos algo. Y al mismo tiempo me viene a la memoria otro cartel publicitario gigantesco que se encuentra desde hace unos años en el número 1865 de la calle Broadway, a pocos pasos del Central Park, también en Manhattan. Con un despliegue fascinante de letras e imágenes este cartel proyecta textos de la Biblia para llamar la atención de los cientos de miles de transeúntes que pasan cada día por esa esquina. Es la fachada centelleante de la Sociedad Bíblica Americana.

Desde hace doscientos años las Sociedades Bíblicas han venido traduciendo, publicando y difundiendo el texto bíblico. Para ello cuentan con una fuerza de voluntarios de varios millones de personas en cerca de doscientos países y territorios. En el curso de sus dos siglos de historia también se han caracterizado por el uso creativo de los últimos adelantos tecnológicos, por el desarrollo científico del arte de traducir, por una sofisticada aplicación de principios de gerencia empresarial y diplomacia internacional, todo a fin de que la Palabra de Dios llegue a todo ser humano.

La primera Sociedad Bíblica se formó en Gran Bretaña en 1804. El principal gestor fue Thomas Charles, un pastor de la Iglesia Metodista Calvinista del país de Gales, conmovido por la historia de una muchacha galesa llamada Mary Jones que había caminado 42 kilómetros en busca de una Biblia. Era el momento de expansión del Imperio Británico hacia los cuatro puntos cardinales, facilitada por la locomotora y el barco a vapor. En 1802 Charles había comunicado su preocupación por poner Biblias al alcance del pueblo al pastor Bautista Joseph Hughes, secretario de la Sociedad de Tratados Religiosos. Éste se entusiasmó y respondió: "Sin duda podríamos formar una sociedad para tal propósito. Sin embargo, si es bueno para Gales ¿por qué no para el Reino? ¿Por qué no para el mundo?."

Así nació la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, con marca británica y vocación global. Un agente de esta Sociedad fue Jorge Borrow, quien el 6 de enero de 1836 pisó por primera vez suelo español cruzando la frontera con Portugal desde Elvas a Badajoz. Allí se encontró con gitanos españoles, y como nos lo recuerda el catedrático murciano Juan Bautista Vilar, allí mismo Borrow empezó a traducir el Nuevo Testamento a la lengua romaní. Cuenta en su obra clásica La Biblia en España de sus entrevistas con sucesivos presidentes y ministros en aquel año agitado de la historia española. Buscaba autorización para imprimir la Biblia y difundirla. Para 1837 había conseguido la impresión de 5,000 ejemplares del Nuevo Testamento en castellano, y había establecido una tienda en la calle Príncipe de Madrid con un gran rótulo en la fachada: Despacho de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera .

Hoy existe una Sociedad Bíblica de España que publica y difunde la Biblia en asturiano, castellano, catalán, eusquera y gallego, en ediciones propias e Inter-confesionales. Sólo en el verano del año 2003 esta sociedad distribuyó 600,000 ejemplares de porciones y libros de la Biblia entre los transeúntes que cruzan la península ibérica viajando desde Europa hacia África.

Las mencionadas sociedades bíblicas británica y americana con varias otras que fueron surgiendo en los siglos diecinueve y veinte, se unieron en 1946 para formar las Sociedades Bíblicas Unidas. En ellas se asocian hoy ciento treinta y ocho entidades nacionales, desde Uganda hasta Ucrania y desde el Perú hasta Pakistán. Su esfuerzo conjunto ha conseguido que la Biblia o partes de ella estén ahora traducidas en 2,355 lenguas. Algunas sociedades nacionales como la brasileña o la coreana han superado a la británica en volumen de impresiones y ventas. Además del texto impreso se usan hoy los discos compactos, los video-casettes y audio-casettes, las versiones electrónicas interactivas, las ediciones en Braille; y también, como no, las fachadas centelleantes, como en Nueva York. Falta tiempo y espacio para escribir del impacto transformador de esta difusión de la Biblia, cuyo centro es la persona de Jesucristo. Del 23 al 29 de Agosto estaremos celebrando el segundo centenario de la formación de una sociedad bíblica. Por supuesto, será en el país de Gales.

Samuel Escobar, peruano, catedrático universitario y educador teológico en Pennsylvania y España, es Presidente de las Sociedades Bíblicas Unidas

© S. Escobar, ProtestanteDigital.com (2004, España)

 
   
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