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Número 42 - 4 de julio, 2004
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X. MANUEL SUÁREZ

¿Cómo valoramos a los políticos cristianos?

Agradezco las cartas que dos de mis hermanos han enviado estimulados por mi artículo "Las paradojas de Ronald Reagan", porque suponen un trabajo de reflexión sobre el tema. De este debate, lo que más me interesa es la actitud con que nos acercamos a él. Estas dos cartas nos dan pie para proponer vías de profundización en algo en lo que todos tenemos que mejorar mucho aún: la conformación de un criterio político cristiano libre e independiente de clichés.

En primer lugar, hemos de moderar nuestras expresiones -y yo soy el primero que lo necesita-: tachar de "escandaloso" o "tristísimo" que un medio cristiano pueda publicar lo que uno honestamente piensa delante de los lectores y del Señor y se arriesga a escribirlo, supone una cierta invitación a la censura de la dirección y una preocupante incapacidad para ponerse en la posición del otro intentando descubrir algo enriquecedor. Decía un conocido pensador cristiano latinoamericano que la mayor agresividad la había percibido en las bocas de los pacifistas; esto debemos evitarlo.

Debemos evitar igualmente los clichés: los cristianos hemos de ser más libres y creativos en nuestra reflexión política. Tenemos la tentación de crear una imagen caricaturizada del que no piensa como nosotros, para después disparar a gusto contra ella: ejemplos son expresiones de las citadas cartas como "es la típica frase, mutatis mutandi, que repiten muchos políticos, 'cristianos' o no; sobre todo, cuando defienden la guerra", "incautos evangélicos", o "no me parece una manera limpia de abordar este asunto". Mi caricatura se construye así como un belicista conservador que retuerce los argumentos para "justificar el belicismo de Reagan". Pues no: sencillamente soy un cristiano que ama la paz y descubre perplejo la paradoja de que un mandato como el de Reagan nos trajo objetivamente más paz; pero mis queridos hermanos no tienen este problema porque en su sencillo esquema todo es fácil y nada les sorprende: saben bien colocar a los cabritos a la izquierda y a las ovejas a la derecha (¿o quizás al revés?) y así, si ven a hermanos como Reagan que actúan con un criterio diferente del suyo, no tienen problemas ni preguntas: lo despachan con un definitivo "no es de los nuestros".

A los cristianos no nos deben servir criterios como "derecha" o "izquierda": hay que abolir los dogmas de que "los valores cristianos los defiende mejor la derecha" o "un cristianismo comprometido se ha de identificar con la izquierda". Cada uno de nosotros se posicionará en la parte del arco ideológico que más útil le parezca, pero sin sometimiento, con libertad, teniendo la suficiente lucidez como para ser crítico con su propio lado del arco y ver al otro lado personas y conductas que nos puedan enriquecer, sin miedo a que esto amenace la postura política propia. Pero sobre todo, hemos de ser capaces de reconocer como hermanos a cristianos con quienes discrepamos políticamente y no nos debería soprender que "aún a ellos" el Señor les haga instrumentos de bendición. Así es cómo he visto yo a Reagan y su actuación política, actuación de la que discrepo en cuestiones como su política con el Vaticano, como bien apunta Guillermo, o la pena de muerte (por cierto, es notable juzgar la fe de Reagan por las aficiones astrológicas de Nancy; Billy Graham hace un juicio más equilibrado (*).

Les diré algo inquietante, que nunca entenderán si se guían sólo por los aburridos clichés convencionales: en política un cristiano pocas veces tiene que escoger entre lo bueno y lo malo, muchas veces lo tendrá que hacer entre lo malo y lo menos malo, y cuando opte por lo menos malo haciendo de tripas corazón, no le faltarán hermanos que hagan un superficial análisis de sus decisiones y le condenen con un "por sus frutos los conoceréis" (hay que aprender a reconocer con más profundidad los auténticos frutos). Lo sorprendente es que aún las opciones políticas "menos malas" de Sus hijos, Dios, que conoce el corazón de ellos, es capaz de dirigirlas para Sus fines. Creo que la política de Reagan incluyó algunas de estas opciones "menos malas" y la Historia demuestra objetivamente, nos guste o no, que trajeron más paz al mundo.

Reitero que "evalúo a mis hermanos primero por la fe que compartimos, y muy secundariamente por su posicionamiento político" y lo ilustraré: si alguno de mis queridos discrepantes hermanos hubiese ocupado el lugar de Reagan, habría huido del belicismo y habría adoptado una estrategia de evitación de confrontación con el bloque soviético; es evidente que esto favorecería la persistencia de ese bloque y de la guerra fría con un incalculable precio de opresión de pueblos y personas (siento mezclar política y religión, pero esto incluiría a millones de hermanos nuestros del Este) y empeoraría el riesgo nuclear; pues bien, yo discreparía de su equivocada estrategia política y no faltarían hermanos que se preguntasen si Cristo avalaría el desasatroso mandato de mis hermanos, pero yo defendería de corazón la integridad de su fe y su honestidad a la hora de tomar sus decisiones políticas. Sería sabio que ellos hiciesen lo propio con Reagan ahora, antes de que tengan que tropezarse con él un día en una calle del cielo.

Concuerdo finalmente con gozo con mi hermano Guillermo en que es nuestro Padre quien "tiene la última palabra sobre el destino del mundo". Menos mal.

X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego

(*) La fe de Reagan, un cristiano sincero: Protestante Digital, nº 40, 15/06/04

© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2004)

 
   
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