| La globalización y los prescindibles
Hoy todos estamos de acuerdo en que la globalización económica, fundamentada en los sistemas económicos neoliberales, hace crecer la riqueza. Lo que no sé si todos estaríamos de acuerdo en que el marcado acento de búsqueda de intereses propios está dando lugar al fenómeno de la exclusión de grandes masas de población que se podrían llamar individuos prescindibles, población sobrante, personas superfluas que perjudican el desarrollo económico. Aquí, los beneficiarios de este sistema de globalización económica, nos quiere tranquilizar diciendo que esta situación de exclusión y pobreza es algo coyuntural y transitorio, que algún día, la riqueza de algunos será tan abundante que rebosará para todos y que a través de lo que llamarían el efecto de desbordamiento, que en un plazo de tiempo indeterminado se producirá, se eliminarán las distancias entre los ricos muy ricos del actual sistema y los pobres muy pobres que son legión.
Yo, personalmente, veo con mucho escepticismo esta teoría del desbordamiento de la riqueza, este esperar a que la bolsa de los ricos rebose tanto que la riqueza pase de las arcas de los acumuladores del mundo a las manos de los más pobres. No creo en aquellos teóricos de la globalización que afirman que la riqueza llegará a todos en un plazo que no prevén muy largo. Todos los estudios y estadísticas de los últimos años detectan una tendencia de ascenso en los índices de pobreza del mundo, mientras que se acrecientan los capitales del pequeño grupo humano de los ricos muy ricos. Vemos como aumenta el número de pobres muy pobres a la vez que se puede hablar de un crecimiento de la riqueza que sigue acumulada en pocas manos. Es decir, la mucha riqueza de los ricos, se monta en la escasez y el despojo de los pobres.
Al hacer estas reflexiones alguien me podría decir que eso es sociología o reflexiones sobre la situación económica del mundo que nada tiene que ver con el Dios en el que creemos, con el Dios de la Biblia. Pero no es cierto. El texto bíblico clama en contra de estas situaciones. El clamor profético se podría aplicar perfectamente a las situaciones de la actual globalización económica lanzando los ayes contra los que acumulan casa a casa y heredad a heredad pensando que la tierra es solamente de ellos. Hoy, en el contexto de la actual globalización se podría traducir así el texto de Isaías 5:8 "¡Ay de vosotros que controláis los mercados defendiendo una libertad de competencia de intereses, que premiáis a los ganadores y favorecéis descaradamente a los más poderosos, dejando excluidos de los beneficios a los más débiles! ¡Ay de vosotros, los ganadores en el actual sistema injusto de desigual reparto, que ganáis a costa de tantos perdedores! ¿habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?"
Y es que a los pobres no acaba de llegarles nada del efecto de desbordamiento, del rebose de las arcas de los ricos. Al gran crecimiento de la riqueza en la actual globalización económica, acompaña un crecimiento del número absoluto de pobres. Las desigualdades en el mundo globalizado aumentan. Según estudios, si en el año 1960 el 20% rico se llevaba el 70% de la renta global, a la vez que el mismo porcentaje de pobres se llevaba el 2,3%, ya iniciado el nuevo milenio, el 20% más rico ya se lleva el 90% de la renta global, mientras que el mismo porcentaje de pobres sólo accede al 1%. Así, los ayes bíblicos se deberían disparar y, si los cristianos callamos, espero que las piedras lleguen a gritar. Los pocos ricos del mundo hoy han expoliado las mesas del mundo pobre, y la mala y desigual redistribución de bienes contra la que clamaba el profeta Isaías sigue estando en vigor y afecta al 80% de los pobladores de la tierra.
"Riqueza llama a riqueza" dice un refrán español, y esa es la realidad de la globalización económica, como si pudiera existir su contrario: "Pobreza llama a pobreza". Pero eso no es una ley natural. Es producto de no adaptarse al plan de Dios para la humanidad, es producto del pecado y del egoísmo del hombre. Por tanto, el actual proceso de globalización debe ser criticado desde las filas del cristianismo. Es un mal que se está mostrando como crónico. No se ven las perspectivas del efecto de desbordamiento del que hablan los teóricos de la globalización económica. Su concepto de desarrollo basado en la acumulación de riquezas en pocas manos y la fuerte competencia de intereses, descontrola cualquier intento de regulación o control de esta globalización. Su consecuencia es el enriquecimiento de unos pocos y la exclusión y la pobreza de muchos. Quizás el efecto desbordamiento que afirman los teóricos de esta globalización que llegará pronto, no sea más que una excusa para tener una respuesta de cara a los críticos de la globalización económica.
Mientras, los cristianos tienen que proclamar que ningún hombre puede ser prescindible, que todos somos iguales en dignidad y tenemos el mismo derecho a participar, de forma lo más igualitaria posible, de los bienes y recursos del planeta tierra, que no debe existir el concepto "excedente humano", porque todos somos personas a imagen y semejanza de Dios. Y reducir a excedente, a prescindible o sobrante a tantos seres humanos, prójimos nuestros a los que Dios ama y nosotros debemos amar, es ir en contra del plan de Dios para la creación, creación en la que el hombre ocupa un lugar en la cúspide.
Juan Simarro Fernández, licenciado
en Filosofía,
escritor
y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España. |