| "Monoteísmo y Cristología en el Nuevo Testamento", por Richard Bauckham, traducción de Ismael López Medel, Editorial CLIE, Galvani 113, 08224 Terrassa, (Barcelona) Terrassa 2004,80 páginas (CRÍTICA DE JUAN DE RABAT)
Bauckham, profesor de Nuevo Testamento en una Universidad de Escocia, realiza aquí un esfuerzo por presentar una nueva manera de entender la Cristología del Nuevo Testamento en un contexto judío. El libro es breve: Un prefacio del propio autor y tres capítulos que tratan de un acercamiento comprensivo al monoteísmo judío primitivo, el monoteísmo cristológico del Nuevo Testamento y la identidad divina revelada en el Dios crucificado.
El monoteísmo de Israel, hecho único en la historia de las religiones antiguas, fue tratado brillantemente por el padre del moderno psicoanálisis Sigmund Freud, en su libro MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA, publicado después de su muerte. Para Freud, la muerte oscura de Moisés y la crucifixión aparentemente legal de Cristo, hay que interpretarlas a la luz del concepto monoteísta de la religión judía. Existe un solo Dios y no hay cabida para otro, se llame como se llame, escribe Freud.
Bauckham cree que actualmente existe un importante debate en progreso sobre la naturaleza del monoteísmo judío en el período del segundo templo. ¿Existe? ¿Dónde, en Europa o en los Estados Unidos de Norteamérica? ¿Quién o quiénes lo han iniciado y lo sostienen? ¿Qué aporta este debate a la Cristología simple y pura del Nuevo Testamento? Ahora, cuando Israel está imponiendo de forma descarada sus poderes político y militar en Extremo Oriente y está extendiendo más que nunca su influencia diplomática y económica en Occidente, ¿se quieren judaizar también todos los escritos del Nuevo Testamento, el principio y el desarrollo de la iglesia y hasta -inaudito- el plan de la salvación originado en el Génesis y formalizado en el calvario?
El Nuevo Testamento no margina el monoteísmo del pueblo hebreo. Cristo lo afirma. Preguntado por un maestro de la ley judía cuál era el gran mandamiento, Jesús responde: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (Mateo 22:37).Al inicio de su ministerio, reprendiendo al diablo con energía, Jesús cita el versículo 13 en el capítulo 6 de Deuteronomio para insistir en que sólo el Señor Dios debe ser adorado y servido (Mateo 4:10).
Para Bauckham, los cinco últimos versículos del capítulo 28 de San Mateo forman el climax de un Evangelio en el que Dios ha sido identificado en repetidas ocasiones como el Dios de Israel, pero en el que la inclusión de Jesús en su identidad divina ha sido también repetidamente indicada. "El Jesús resucitado recibe adoración y declara su exaltación al ejercicio de la soberanía divina sobre todas las cosas", escribe el autor.
MONOTEÍSMO Y CRISTOLOGÍA EN EL NUEVO TESTAMENTO afirma y no niega que "el monoteísmo judío distinguía claramente entre el único Dios y el resto de la realidad. Pero la manera en que lo hacía no impidió que los primeros cristianos incluyeran a Jesús en esta identidad divina única".
La cristología del Nuevo Testamento encaja perfectamente en el contexto monoteísta judío. No por aplicarle una categoría de intermediario semidivino, sino por identificarle directamente con el único Dios de Israel, incluyéndole en la identidad única de este único Dios.
El monoteísmo hebreo y la cristología del Nuevo Testamento fueron suficientemente definidos en el Concilio de Calcedonia, celebrado el año 451. Se afirma la unidad personal existente entre el Dios monoteísta del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo, unidad que se fundamenta en el Hijo eterno; no es un hombre el que se hace Dios, sino el Hijo el que se hace hombre. Jesús se manifiesta Dios y hombre. El vínculo de unidad de estos dos centros de manifestación es su filiación, su "yo".
En la citada obra de Freud, el eminente científico austriaco, quien en vida publicó varios estudios sobre el viejo Testamento, atraído tal vez por su condición de judío, dice que la creencia del pueblo hebreo en un Dios único, así como el abandono de las fórmulas mágicas en las ceremonias y en la acentuación del matiz ético, son doctrinas mosaicas. Estas doctrinas no se contradicen, sino que concuerdan con el pensamiento del Cristianismo primitivo. Bauckham concluye su obra afirmando que la novedad de la revelación de Dios en el Nuevo Testamento es Cristo. El Dios único que Israel ha conocido siempre incluye en su identidad al Jesús humillado y exaltado. "El es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es decir, el Padre de Jesucristo, Jesucristo el Hijo y el Espíritu del Padre dado al Hijo".
Juan de Rabat es escritor y crítico literario.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
"Teología de la oración" , Editorial CLIE, Galvani 113, 08224 Terrassa (Barcelona) Terrassa 2000, 236 páginas
(CRÍTICA DE JUAN A. MONROY)
Oración es una palabra que está siendo desprestigiada, arrinconada, olvidada. Se ora muy bien cuando en el culto dominical se le pide a alguien que lo haga, pero a las reuniones de oración que convoca la iglesia apenas acuden miembros de la misma. El resultado está siendo en muchos casos fe sin nervio y vida sin alma. Hemos cogido miedo a la oración y pensamos que el único modo de que no nos agobie es aislándola de todo contacto con la experiencia diaria.
Arrizabalaga escribió con acierto que hay cristianos que van a la iglesia por la misma razón que a los cadáveres sigue saliéndoles barba, por inercia vital. Muchos de los que oran están ya muertos cuando acuden a la iglesia. Vistos desde fuera siguen pareciendo vivos, pero el alma cristiana está lejos de ellos. No oran. Viven en la más aterradora ausencia de la oración.
TEOLOGÍA DE LA ORACIÓN ha sido escrito, según adelanta el autor en el prólogo del libro, a fin de "que contribuya a avivar en los lectores el deseo de orar más". ¡Noble propósito! "A tal fin -continúa José María Martínez- he procurado ordenar mi material combinando los elementos expositivos o didácticos con los dialécticos".
Y lo ha conseguido. Su libro está estructurado como un discurso clásico para el hombre moderno, enfocado desde una perspectiva bíblica-teológica.
Las 236 páginas de la obra se dividen en dos partes. En la primera el autor reflexiona sobre la oración a la luz del testimonio bíblico, destacando su naturaleza cristiana; los requisitos fundamentales de la oración, la parte del Espíritu Santo en la oración del creyente y el poder de la oración.
La oración, dice José María Martínez, está en la génesis de la relación personal del hombre con Dios. Abraham, los demás patriarcas, Moisés, los profetas, fueron hombres de oración. El Salmo 55 establece tres momentos diarios de plegaria: "Tarde, mañana y mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz con gozo" (Salmo 55:17). Ya en el Nuevo Testamento las enseñanzas de Jesús y la práctica de la Iglesia primitiva hacen de la oración un distintivo sobresaliente.
Al enumerar las características de la oración Martínez acude al número perfecto, así considerado el siete. Tener conciencia de nuestra necesidad de Dios; orar en el nombre de Cristo; orar con fe; hacer de la oración un plano de comportamiento moral acorde con las santas leyes de Dios; estar sujeto a la soberanía del Creador; perseverar en la práctica de la oración y estar dispuesto a traducir en hechos el compromiso que se contrae con Dios mediante la oración.
La expresión "orar en el espíritu", que se repite en Efesios 6:18 y en el versículo 20 de la epístola de Judas, es interpretada por el biblicista norteamericano Michael Green como "un tiempo de oración profundo, libre e intenso, cuando el espíritu toma posesión, controla y guía las oraciones y uno puede seguir orando sin percatarse del paso del tiempo".
José María Martínez explica el poder de la oración en una frase magistral, antológica: "La oración -escribe- no es un simple ejercicio de gimnasia espiritual sino una causa de efecto dentro y fuera de nosotros mismos".
El título del libro compromete al autor con la teología, y la teología, definida en El Quijote como la reina de las ciencias, plantea misterios y reclama soluciones. Es lo que proporciona a la tensión teológica su dinamismo. Consciente de esto, Martínez dedica un capítulo de su libro a la consideración de objeciones frecuentemente formuladas respecto a la oración: Un Dios tan grande como el revelado en la Biblia ¿va a interesarse por mi?; ¿por qué orar si Dios ya conoce nuestras necesidades?; la oración carece de sentido en un mundo regido por leyes naturales; ¿puede la oración cambiar la voluntad de Dios?
La segunda parte de TEOLOGÍA DE LA ORACIÓN se completa con un comentario de cien páginas al Padrenuestro. Martínez avanza en la exposición que el mensaje del Padrenuestro "y mucho más su asunción sincera por parte del pueblo de Dios, puede significar la mayor bendición para la Iglesia y para el mundo entero".
A juicio mío, José María Martínez escribe un comentario al Padrenuestro nuevo y distinto, exponiendo un concepto de oración como búsqueda del Padre que no está cerca ni lejos, sino presente y asequible al ser humano.
Al decir de Tertuliano, el Padrenuestro constituye "la síntesis de todo el Evangelio". Martínez explica esa síntesis, las seis peticiones del Padrenuestro y la doxología final, componiendo una historia de espiritualidad cristiana a la vez filial, fraterna, casta y muy humana.
TEOLOGÍA DE LA ORACIÓN no es libro para ser leído de un tirón, como si de una novela se tratara. Hay en sus páginas pensamientos profundos que deben ser empalmados con estados de ánimo evidentes. Lo más aconsejable es tenerlo al alcance de la mano y leer o releer sus capítulos conectándolos entre si. Entonces alcanzará el lector su valor y su grandeza.
Juan Antonio Monroy es un conocido escritor y conferenciante internacional.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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