|
Nuestra herencia
¿Qué quedará de mi cuando ya no esté?, ¿Quién recordará con nostalgia mi nombre?
Cuando hablamos de herencia pensamos en un legado material, en aquello que proveniente del pasado se deposita en manos de alguien para el disfrute de ello en tiempo presente.
Una herencia, es un goloso regalo esperado por algunos con impaciencia. Es esa jugosa dádiva utilizada posiblemente como paño en el que enjugar las lágrimas causadas por la ausencia del dador generoso.
Sin embargo existe un importante legado al que parece no prestarse demasiada atención, esa dote que estamos obligados a dejar, una valija de valores, principios, que han de ser transmitidos de generación en generación.
Debiéramos pensar en ese otro tipo de donación, en ir cediendo una sana manera de vivir para el deleite de otros, ese afán absoluto por lo verdadero, por lo honesto. Ir creando, poco a poco, en quienes nos rodean un ambicioso anhelo por imitar a Jesús, lozanas ansias por gozar de una existencia plena. De esa forma, dejaremos al partir una estela de seres que nos recordarán y en quienes habremos inculcado hermosos valores.
Querría, cuando ya no estuviera aquí; cuando esté en la presencia del Padre gozando de esa herencia incorruptible, que mi esencia quede entre quienes han compartido mi historia, que todo cuanto he sembrado en esos corazones cercanos siga creciendo y dando frutos.
Quisiera dejar a mi descendencia regalos perpetuos. Que mi persona les ceda a modo de riquezas la clara propensión de amor al prójimo, el delicado interés por mirar las cosas desde su ángulo más bello, la tenue brisa de mi alegría, de mis ganas por vivir. Sólo así, cuando ya no esté, no se me echará tanto de menos, porque seguirán perdurando en esta tierra briznas de lo que fui.
Con esos deberes cumplidos disfrutaré aún más tranquila allá en cielo de lo que tanto he ansiado, de esa gran heredad que siempre me ha motivado a caminar con la mirada puesta en Dios.
"Y hará que recibáis la herencia que Dios os tiene guardada en el cielo, la cual no se puede destruir ni manchar ni marchitar..."
1ª carta de Pedro, cap. 1, v. 4
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |