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Número 43 - 11 de julio, 2004
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SERGIO DE LIS

Del amor

El Siglo de Oro español, una época de nuestra Historia tan desigual pero, en la que al menos el amor fue celebrado muy inspiradamente por nuestros escritores: el amor divino y el amor profano. El amor es un don de Dios, por lo que frases como “Amor y corazón noble son una misma cosa” (Dante Alighieri), “El amor, esencia de Dios, no se hizo para la ligereza, sino para la completa dignidad del hombre” (Emerson) o “El amor es una claridad del cielo, una centella del fuego inmortal que compartimos con los ángeles y que el Creador nos da para desviar de la tierra nuestros deseos” (Lord Byron), tienen mucho sentido.

Lope de Vega, Cervantes o Quevedo se distinguieron en las glosas del amor, sobre todo el último; aunque fuera bastante más conocidos por sus composiciones satíricas y burlescas, por el manejo de su pluma como si de un arma se tratara, dada su asombrosa facilidad para con unos simples versos dejar en ridículo al más respetable. Pero, sin embargo, “Bien pueden alargar la vida al día,/ suplir el sol, sustituir la aurora,/ disimular la noche a cualquier hora,/ vuestros hermosos ojos, Lisis mía”, son también versos suyos.

Paralelamente, la mística por medio de su literatura vive también momentos espléndidos. Teresa de Jesús y Juan de la Cruz -especialmente-, renovadores de las órdenes religiosas, controvertidos y perseguidos, componen unos poemas de encendido amor divino. Versos como ...que muero porque no muero, o títulos como Cántico espiritual, son un ejemplo.

En ambos escritores se reconoce la inspiración bíblica -el “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” paulino (Gá. 2:20), inspira claramente “Vivo sin vivir en mí” de Teresa- , e incluso Juan “vuelve a lo divino” coplas populares. Pero, evidentemente, sus composiciones estremecen, como estas dos estrofas del Cántico espiritual (Canciones entre el alma y el Esposo), de Juan de la Cruz:

Esposa
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
(...)
¡Ay, quién podrá sanarme?
¡Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero!

O, Noche oscura (también de Juan), que, más que tenebrosa -como parece sugerir este título- es una noche dichosa:

(El alma)
En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada;
(...)
¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

Para terminar con los místicos, estos otros versos, de Teresa de Jesús, son quizá los más conocidos y celebrados del género; inspirados, apasionados, pensando en esa unión mística:

Vivo sin vivir en mí
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí.
Cuandoel corazón le di
puso en él este letrero:
Que muero porque no muero.
Aquesta divina unión
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón.
Y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

Por último, pobablemente el soneto más hermoso, y conocido, de Quevedo sea en el que el poeta comprende la trascendencia del amor:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare al blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, más polvo enamorado.

 

(Publicado en el nº 202 de Edificación Cristiana. RESUMIDO)

Sergio de Lis es crítico literario y parte de la Redaccción de la revista Edificación Cristiana

© S. de Lis, Edificación Cristiana (ProtestanteDigital.com, España, 2004)

 
   
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