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Número 43 - 9 de julio, 2004
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JUAN ANTONIO MONROY

Los que sirven al altar, que vivan del altar

..

El ministro de Justicia, el canario Juan Fernando López Aguilar, dijo el pasado 30 de junio que el Gobierno tiene la intención de financiar a las comunidades musulmanas establecidas en España con dinero procedente de los Presupuestos Generales del Estado. Cálculos recientes establecen el número de musulmanes en nuestro país en unos 700.000, incluyendo las poblaciones de Ceuta y Melilla. Un día después de las declaraciones del ministro la prensa española dejaba constancia de que los musulmanes reclaman al Estado una asignación presupuestaria de 30 millones de euros, unos 5.000 millones de las antiguas pesetas.

Hasta aquí la noticia.

Las reacciones de algunos medios de comunicación fueron fulminantes, como si los periodistas cobijaran en el estómago nidos de avispas. El diario EL MUNDO dedicó amplio espacio a la noticia en sus ediciones del 3 y 4 de este mes de julio. El punto de la diana no era exactamente el Islam, sino el hecho de que el Estado subvencionara a una confesión religiosa determinada. Decía Agustín Velloso: “El papel del Estado es asegurar el derecho al culto y a la enseñanza que cada uno quiera para sí, pero no subvencionar la práctica y la enseñanza religiosa”. Añadía Encarnación Valenzuela: “Que cada religión se financie con las donaciones de sus fieles”.

La más incisiva, punzante, guasona, fue la conocida periodista Isabel San Sebastián, quien puso a su columna este título: “Somos idiotas”.

Esta mujer de 45 años pasa por ser una escritora culta con el cerebro bien formado. Ha trabajado en radio, televisión, en revistas y diarios de prestigio, ha escrito a medias con Carmen Gurruchaga un libro sobre el terrorismo de ETA, ha obtenido varios galardones como reconocimiento a su labor en medios de comunicación. La leo con frecuencia y siempre me ha parecido una mujer sensata que persigue la verdad.

¿De qué humor estaba cuando escribió la columna que he mencionado? ¿Cómo le funcionaba la cabeza? Su memoria, ¿sufrió de pronto un parón en el tiempo?

Esto último es lo que creo.

Dice Isabel SanSebastián: “¡Somos idiotas! Somos rematadamente ingenuos o decididamente idiotas, o tal vez ambas cosas”. Y añade: “La libertad religiosa consiste en practicar el culto que uno estime conveniente y pagarlo de su bolsillo. Eso es lo justo y lo democrático”.

¿De verdad cree usted eso, admirada señora? Si lo cree, ¿por qué no lo ha dicho antes? ¿Por qué lo ha callado siempre?

Le brota la ironía en el siguiente párrafo: “Los protestantes ya se han puesto a la cola y pronto lo harán los judíos, budistas y demás creyentes. ¿Y qué pasa con los agnósticos que creen en las organizaciones humanitarias? ¿Qué pasa con los ateos que no creen absolutamente en nada?”.

Una corrección: Los protestantes nunca nos hemos puesto a la cosa de nada, de nadie. Tratamos de ir siempre a la cabeza del derecho y de la justicia.

Por lo demás, verdades como puños. Pero ¿ha tenido que esperar a la propuesta de subvención a las comunidades musulmanas para escribir estas cosas?

El Estado español, a lo largo de siglos, ha regalado cantidades generosas de dinero a la Iglesia católica para subvencionar su culto, su clero, sus monumentos, sus centros educativos, sus instituciones y sus caprichos.

Blasco Ibáñez, que fue diputado a Cortes entre 1904 y 1907 decía que la Iglesia católica arrancaba del presupuesto del Estado cuarenta y un millones de pesetas, lo que le parecía una enormidad para un país que entonces dedicaba nueve millones de pesetas a la enseñanza. “Mantenerse en correspondencia con Dios les cuesta a los españoles cinco veces más que aprender a leer”, afirmaba el gran novelista valenciano

Joaquín Aguilera, ministro de Fomento en 1912, publicó un artículo en el semanario francés LA REVUE, de París, en el que aseguraba que los jesuitas controlaban, sin exagerar, una tercera parte de la riqueza de España.

En el Concordato firmado en 1953 con el Estado Vaticano, Franco se comprometió a fuertes subvenciones a la Iglesia católica. En un discurso pronunciado en Burgos el 2 de octubre de 1961, Franco reveló que “las cantidades invertidas por el Estado en edificios eclesiásticos desde el 1 de abril de 1939 a igual fecha de 1959 suman la cifra de 3.106.718.251 pesetas”.

¡Más de tresmil millones de aquellas pesetas en 20 años sólo para edificios de la Iglesia católica!

Cuatro años más tarde, el 23 de enero de 1965, el semanario EL ESPAÑOL elevaba la cantidad invertida por el Estado en la reparación de templos católicos a 4.520 millones de pesetas de la época.

El 3 de enero de 1979 el Estado español y el Estado Vaticano firmaron varios Acuerdos destinados a regularizar las relaciones entre ambos países.El Acuerdo sobre finanzas establecía que a partir de entonces y hasta 1982, el Estado español asistiría a la Iglesia católica con un “adecuado sostenimiento económico”. Después de 1982 se establecería el sistema de asignación tributaria. Es decir, que la Iglesia católica recibiría lo que los españoles quisieran darle.

Llegó 1982, pasó 1992, estamos en el 2004, y el Acuerdo no se ha cumplido. El Estado español sigue regalando a la Iglesia católica unos 25.000 millones de las antiguas pesetas cada año.

Calculando las donaciones totales en pesetas, el periodista Juan G. Bedoya escribía el 19 de octubre de 2001 en EL PAÍS que España financia las actividades de la Iglesia católica con 586.000 millones de pesetas al año. ¡Mucho dinero!

Está bien que periodistas de hoy se opongan a la financiación del culto islámico con dinero del Estado. Pero ¿Por qué no han elevado su voz, por qué no han gritado de indignación, por qué no han llamado idiotas a los gobernantes que a lo largo del tiempo han enriquecido a la Iglesia católica a costa de empobrecer al pueblo español?

Que el Estado de dinero a todas las confesiones religiosas de acuerdo al número de fieles, sería lo justo. Lo mejor, que no de a ninguna de ellas, absolutamente nada, tampoco a la confesión católica. Los que sirven el altar que vivan del altar.

J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional

© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)

 
   
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