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Boehmer: el continuador de Usoz y Río
(Un bibliófilo en la Corte de Isabel II, parte VI y última)
Tras la muerte de Usoz, Wiffen introduce a Boehmer (1) en los estudios de los reformados españoles. Muerto Wiffen, a Boehmer acudieron sus testamentarios y amigos, suplicándole que se hiciese cargo de los papeles, libros y apuntamientos del difunto. Aparecieron entre ellos varias listas con los nombres de autores que se proponía incluir en su Biblioteca, considerable número de papeletas bibliográficas, y extendidos sólo los artículos de Tejeda (autor del Carrascón), Juan Pérez y Nicolás Sacharles, breves los tres y el segundo incompleto. A ruegos de Mr. John Betts, traductor de la Confesión del pecador, del Dr. Constantino, y ejecutor testamentario de Wiffen, emprendió Boehmer la ardua labor de una Biblioteca de reformistas españoles (2).
El nuevo investigador se sujetó a los deseos de Wiffen, pero agregó muchos datos propios, resultado de sus investigaciones en las bibliotecas de Alemania, Inglaterra, Francia y Países Bajos, escribiendo su famosa colección llamada Bibliotheca Wiffeniana-Spanish reformers (3), cuyo primer volumen salió en el año de 1874.
Menéndez Pelayo incluye dentro de esta Biblioteca de Reformados Antiguos Españoles, las Memorias de Francisco de Enzinas (4), descubiertas poco antes de la publicación de su libro (5).
Salvando las diferencias con las ideas y tesis de Marcelino Menéndez Pelayo, que vio en la mayoría de los reformados españoles bajo un prisma dogmático, como el mismo reconoce en su Discurso preliminar de la 1ª Edición al decir que ¿Y qué habríamos de decir del que se propusiera escribir esta historia en sentido heterodoxo? Condenaríase anticipadamente a no hallar la razón de nada, ni ver salida en tan enmarañado laberinto, y nos daría fragmentos, no cuerpo de historia. Y la razón es clara:
¿Cómo el escritor que juzga con prevenciones hostiles al catolicismo, y para hablar de cosas de España empieza por despojarse del espíritu español, ha de comprender la razón histórica, así del nacimiento como de la muerte de todas las doctrinas heréticas, impías o supersticiosas, desarrolladas en nuestro suelo, cuando estas herejías, impiedades y supersticiones son entre nosotros fenómenos aislados, eslabones sueltos de la cadena de nuestra cultura, plantas que, destituidas de jugo nutritivo, muy pronto se agostan y mueren, verdaderas aberraciones intelectuales, que sólo se explican refiriéndolas al principio de que aberran?(6).
De esta manera defiende Menéndez Pelayo, que no se puede escribir la historia sino, bajo el primas de las mayorías, siendo las minorías raros especimenes de estudio, y no el resultado de una contestación a las directrices culturales marcadas por el poder.
Por otro lado, cabe destacar que por lo menos, Menéndez Pelayo, valoró la labor de Usoz y Río, la difundió y consideró la importancia y entidad de los reformados españoles. Marcel Bataillon, en cambio, contribuyó, seguramente con buena intención, a enterrar a los reformados españoles bajo laargamasa del erasmismo omnipresente, argamasa bajo la que han estado hasta los recientes estudios de Nieto, Thomas y otros ilustres historiadores contemporáneos de losque hablaremos más en los capítulos: Los iniciadores y Los continuadores.
Dos hombres bajo el reinado de dos reinas ilustres aunque con desigual fortuna. Una reina Victoria exultante, que veía extenderse su imperio del este al oeste, y una Isabel II, que heredaba una España envejecida, desmantelada, dividida y empobrecida, en fanáticas luchas políticas, estrictas reglas religiosas y ineficaces gobernantes. Dos hombres unidos con un propósito común, tal vez descabellado, ingenuo, infantil, pero que han legado una de las fuentes más importantes de la literatura, la teología y la historia del siglo XVI español, el siglo de oro de la Reforma Española.
Tras la muerte de Usoz y Río podemos preguntarnos, ¿Qué pasó con la inmensa biblioteca de Usoz? ¿Continuaron su obras sus colaboradores?
Menéndez Pelayo dice que “La viuda de Usoz, cumpliendo sus últimas indicaciones, regaló a la Sociedad Bíblica de Londres los restos de la edición de los Reformistas, y a la Biblioteca Nacional de Madrid, lo demás de su librería, riquísima en biblias y autores escriturarios y sin rival en el mundo en cuanto a libros heréticos españoles.(7)
Le falta añadir a Menéndez Pelayo, que la donación de Usoz fue una de las más importantes de su época. En la memorias de la Biblioteca Nacional de 1858 a 1876 (8) se hace referencia a esta donación. Fueron 11.357 volúmenes (9), de los que quedan apenas 10.000 en la actualidad, el resto desapareció o fue destruido. Esta donación es casi tan grande como la de Durán, pero con la diferencia que la biblioteca de Usoz fue donada. También se dieron papeles y algunos trabajos del propio Usoz, incluso una grabación sonora. Destaca, entre los libros algunos ejemplares originales del siglo XVI como la Biblia de Cipriano de Valera de 1602, la Biblia Políglota Complutense, las ediciones españolas de Calvino, folletos de Lutero, etc. Pero la labor de Usoz necesito de amigos fuera de España. Amigos que compartieran su sueño, su amigo fundamental fue Benjamín Barron Wiffen.
FIN
Mario Escobar Golderos es licenciado en Historia y director de la revista “Historia para el debate”
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- Usoz y Río (un bibliófilo en las Cortes de Isabel II, parte I)
- Usoz y Río ( parte II)
- Usoz y Río ( parte III)
- Usoz y Río ( parte IV)
- Usoz y Río ( parte V)
1Ibidem. Tomo I, Vol. 1º, Discurso preliminar de la 1ª Edición. Que fue catedrático de lenguas romanas en la Universidad de Estrasburg...No era peregrino el catedrático de Estrasburgo en este campo. Ya en 1860 había hecho en Halle de Sajonia esmerada reproducción del texto italiano de las Consideraciones valdesianas, poniendo a su fin una Memoria, modestamente llamada Cenni biographici sui fratelli Giovanni ed Alphonso di Valdesso; en 1865 había reimpreso en castellano una parte del Diálogo de la lengua, y a él se debió asimismo la publicación del Lac spirituale y de los Cinco tratadillos evangélicos, atribuidos al famoso reformista conquense y dogmatizador en Nápoles. Habíanle dado a conocer además como cultivador de esta rama de la historia literaria su libro acerca de Francisca Hernández y diversos artículos y memorias esparcidos en revistas inglesas y alemanas.
2 Ibidem. Tomo I, Vol. 1º, Discurso preliminar de la 1ª Edición.
3 Ibidem. Tomo I, Vol. 1º, Discurso preliminar de la 1ª Edición. La Biblioteca Wiffeniana se compone de una serie de biografías de los distintos reformados españoles, incluyendo parte de su correspondencia y un detallado análisis de sus obras. Además, nos señala Menéndez Pelayo:Después hace una introducción a su Biblioteca Wiffeniana: “Pero fuerza es confesar que el nuevolibro del catedrático sajón excede en mucho a cuanto de su reconocido saber esperaba la república de las letras. Encabézase (como era de justicia) el volumen publicado con la biografía de Wiffen, redactada por su sobrina, y con la relación de los incidentes enlazados con la reimpresión de los Reformistas, escrito del mismo Wiffen, que lo estimaba como preliminar a su proyectada biblioteca. Llenan el resto del tomo las noticias bio-bibliográficas de Juan y Alfonso de Valdés, de Francisco y Jaime de Enzinas y del Dr. Juan Díaz. El trabajo relativo a los hermanos Valdenses puede pasar por modelo en lo que hace al registro y descripción de las ediciones. Pocas veces he visto reunidos tanta riqueza de materiales, tanta exactitud y esmero, tan delicada atención a los más minuciosos pormenores. El Dr. Boehmer nota y señala las más ligeras diferencias, imperceptibles casi para ojos menos escudriñadores y ejercitados; y sabe distinguir, con precisión asombrosa, las varias impresiones primitivas de los diálogos valdesianos, tan semejantes algunas entre sí, que parecen ejemplares de una sola. De ciento once artículos consta la bibliografía de los hermanos conquenses, ordenada por nuestro doctor, comprendiendo en ella detallada noticia de los documentos diplomáticos extendidos por Alfonso, de los escritos de Juan y de sus reproducciones en varias lenguas, llegando a cincuenta y siete, si no he contado mal, el número de ediciones descritas o citadas en este catálogo. Los apuntes biográficos son también apreciables, aunque en esta parte el libro de Boehmer ha sido superado, como veremos adelante, por el de D. Fermín Caballero.
4 Ibidem, Tomo I. Vol. 1º, Discurso preliminar de la 1ª Edición. En cuanto a Francisco de Enzinas, había dado mucha luz la publicación de sus Memorias por la Sociedad de Historia de Bélgica en 1862; pero aún se ilustra más su biografía con los documentos recogidos por Boehmer, que ha examinado la voluminosa correspondencia dirigida a Enzinas, cuyo manuscrito se custodia en el archivo del Seminario protestante de Estrasburgo. Tenemos, pues, en claro, la azarosa vida de aquel humanista burgalés, catedrático de griego en las aulas de Cambridge, amigo de Melanchton, de Crammer y de Calvino. Tampoco es susceptible de grandes adiciones ni enmiendas la sección bibliográfica. Siento, no obstante, que el profesor alemán haya dejado de advertir que no fueron traducidas por Enzinas, sino por Diego Gracián de Alderete dos de las vidas de Plutarco publicadas en Colonia Argentina en 1551: las de Temístocles y Camilo, cosa para mí evidente, y que ya sospechó el bibliófilo gallego D. Manuel Acosta en carta a D. Bartolomé José Gallardo. Sin duda, por no haber tenido ocasión de examinar personalmente los Diálogos de Luciano, impresos en León de Francia, 1550; y la Historia verdadera del mismo Luciano, que lo fue en Argentina (Estrasburgo) en 1551, no se ha atrevido a afirmar que sean de Enzinas tales versiones, ni ha notado que en la primera se incluye la traducción, en verso castellano, de un idilio de Mosco. Pero su sagacidad crítica le hace adivinar lo cierto en cuanto a la Historia verdadera; y lo mismo puede y debe creerse de los Diálogos, como fácilmente demuestra el examen de las circunstancias tipográficas, y aún más el del estilo de ambos libros. Acerca de la muerte de Juan Díaz, recoge Boehmer con esmero las relaciones de los contemporáneos, y si no apura, por lo menos ilustra en grado considerable la historia de aquel triste y desastroso acaecimiento. Intercalado en la biografía de Enzinas está lo poco que sabemos de su hermano Jaime y de Francisco de San Román.
5 Todavía siguen descubriéndose y publicándose nuevos escritos de Enzinas, como la correspondencia, que hasta ahora había estado dispersa e inédita.
6 MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Op cit, Tomo I. Vol. 1º, Discurso preliminar de la 1ª Edición. 7Ibidem. P. 906.
8 “Memoria para la Biblioteca Nacional en el presente año de 1874”, Arribau y compañía, Madrid, 1874. 9 Usoz posee la letra U en la nomenclatura de la Biblioteca Nacional.
(c) M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2004) |
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