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Número 44 - 18 de julio, 2004
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SAMUEL ESCOBAR

El Cristo de la cultura ibérica

En una sesión del Parlamento de las Religiones el sábado 10 de julio escuché al teólogo Paul Knitter decir que lapelícula “La pasión de Cristo” de Mel Gibson, había sido recibida con el mayor entusiasmo por los “evangélicos fundamentalistas” en los Estados Unidos. Algo hay de verdad en este comentario. Con su característica vocación evangelizadora muchos evangélicos en diferentes partes del mundo, incluyendo España, vieron la presentación de una película que había causado tanta polémica como una oportunidad para proclamar el Evangelio de Jesucristo. Pasada la euforia inicial de unos y la crítica despiadada de otros, vale la pena reflexionar sobre el tema.

Así lo ha hecho el teólogo católico Olegario González de Cardedal en la página editorial de El País (15 de julio), ofeciéndonos una rica reflexión acerca de la figura de Cristo en la cultura actual. En referencia a la película de Mel Gibson, Cardedal pregunta, “Tanto dolor, cadenas, ruido ensordecedor, látigos y flagelaciones, ¿reflejan mejor o peor el misterio de Cristo?” La reflexión con la cual plantea una respuesta incluye referencias a Lutero, y a Bach, ese músico protestante por excelencia a quien se llama “el quinto evangelista.” No puedo seguir a Cardedal en todas sus conclusiones pero me parece que va al meollo del tema cuando señala “la desproporción de aspectos por la concentración en el dolor como si eso fuera el centro del Nuevo Testamento.”

Me parece que esa concentración en el dolor, a expensas de la enseñanza plena de Jesús, de su vida de la cual dan cuenta los Evangelios, y de la resurrección, es característica de la imagen ibérica de Cristo. Allá por el año 1932, el teólogo presbiteriano Juan A. Mackay,quien estudió castellano en la Residencia de Estudiantes de Madrid, fue amigo de Unamuno y Giner de los Ríos, y recorrió Iberoamérica como maestro y predicador de juventudes universitarias, escribió una interpretación de la historia espiritual de España a la que puso por tituló El otro Cristo español. En esa obra Mackay analizaba el Cristo ibérico y el que los españoles habían llevado a Hispanoamérica. Le impresionaba la falta de humanidad del Cristo popular y la ausencia de una visión del Cristo resucitado. “Lo primero que salta a nuestra vista en el Cristo Criollo es su falta de humanidad. Por lo que toca a su vida terrenal, aparece casi exclusivamente en dos papeles dramáticos: el de un niño en los brazos de su madre y el de una víctima dolorida y sangrante.”

La imaginería y las devociones populares de España e Iberoamérica confirman la observación de Mackay. En “La Sagrada Familia” de Gaudí que se publicitaba en el Parlamento la semana pasada, hay una puerta del nacimiento y otra de la pasión, pero no hay una puerta de la vida de Cristo. Quien visita el museo Salzillo de Murcia y queda impresionado por la rica artesanía de ese maestro comprueba también que las representaciones sólo se refieren al nacimiento y la pasión de Jesús. Es verdad que las dos imágenes mencionadas nos remiten a aspectos muy importantes de la persona de Cristo. El defecto profundo de la Cristología limitada dentro de estos dos momentos, a los cuales se presta atención excluyente, es que le falta coherencia y efectividad para la vivencia de la fe cristiana. Para Mackay esta era una forma de docetismo, de negación de la humanidad de Jesús. El efecto de este tipo de Cristología para la vida es que nos ofrece un Cristo que se presta para que los hombres lo apadrinen o lo compadezcan. La manipulación social de la fe y la ausencia de un Cristo que sea modelo de vida pasan a ser una marca de la forma de cristianismo resultante.

Por contraste con ese docetismo los predicadores evangélicos iniciales pusieron énfasis en el Jesús de los Evangelios, látigo de fariseos y escribas, maestro eficaz de gente sencilla y sincera, ejemplo de vida de servicio y no de abuso del poder, salvador por su muerte en la cruz y poderoso como Cristo resucitado para redimir a los seres humanos y cambiar radicalmente su vida. ¿Será que el entusiasmo de algunos evangélicos por la película de Mel Gibson es señal de debilitamiento teológico y de docetismo incipiente? ¿Por qué ya no hay referencias a la humanidad de Jesús en la himnología evangélica actual?

Si se tiene en cuenta que las fuentes literarias de Gibson son las de un catolicismo más bien tradicional, la reflexión evangélica debe volver a la plenitud del Cristo de los Evangelios,

Samuel Escobar, peruano, catedrático universitario y educador teológico en Pennsylvania y España, es Presidente de las Sociedades Bíblicas Unidas

© S. Escobar, ProtestanteDigital.com (2004, España)

 
   
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