| El pato Donald
‘Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: Las hormigas, pueblo no fuerte y en el verano preparan su comida; los conejos, pueblo nada esforzado y ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey y salen todas por cuadrillas;
la araña que atrapas con la mano y está en palacios de rey’ (Proverbios 30:24-28)
El pasado mes de junio cumplía 70 años uno de los personajes de ficción más populares de todos los tiempos: el pato Donald, que junto a una galería de otros personajes animados han hecho las delicias de chicos y grandes de varias generaciones. En sus comienzos nada hacía suponer que este pato cascarrabias y de habla ininteligible fuera a alcanzar el estrellato y de hecho su primera aparición fue un papel secundario en un cortometraje de 8 minutos, pero, al igual que otros muchos personajes (Mickey, Pluto, Goofy) pertenecientes a Walt Disney, fue escalando popularidad hasta convertirse en un fenómeno mundial. De hecho, el pato Donald ha sido protagonista de más largometrajes que el mismísimo Mickey, quien es el emblema de la Disney Company. El secreto del éxito de estos personajes de ficción parece estar en la acertada caracterización de cualidades humanas, de manera que podemos sentirnos fácilmente identificados con ellos.
La bondad, la maldad, la generosidad, la mezquindad, la avaricia, la ingenuidad, la sabiduría, la necedad y todo el amplio abanico de afectos y sentimientos que los seres humanos tenemos están reflejados allí de forma trasparente y entendible por cualquier clase de público.
Pero Walt Disney no fue, ni mucho menos, el primero en dotar a los animales de atributos humanos pues uno de los géneros literarios más antiguos, la fábula, consiste precisamente en eso, con la particularidad de concluir el relato con una lección moral (la moraleja) que se desprende del mismo. El más antiguo fabulista conocido fue Esopo que vivió en el siglo VII a.C. y que compuso algunas de las fábulas más divulgadas de todos los tiempos, como la de La zorra y las uvas. Otro de los textos fabulísticos, posterior a los escritos de Esopo, que tuvo gran popularidad fue el Panchatantra de origen hindú y que circuló en la Edad Media en una traducción árabe bajo el título Kalilah wa Dimnah.
En tiempos posteriores (siglo XVII) hallamos al francés Jean de La Fontaine como consumado maestro del género y a los españoles Iriarte y Samaniego (siglo XVIII). Seguramente la fábula es uno de los métodos didácticos más eficaces al combinar el elemento moral y abstracto con el concreto y cordial del mundo animal, de manera que de lo amable y atrayente se pasa a lo trascendente. Muchos todavía recordamos nuestros libros de texto infantiles con aquellas ilustraciones acompañadas de cortos relatos que nos familiarizaron con La liebre y la tortuga o con La cigarra y la hormiga. Si todo lo referente a la fauna apasiona al niño, pero también el adulto, entonces hábilmente tratado se convierte en un instrumento de incalculable valor pedagógico.
Pero 400 años antes de Esopo y 1.000 antes del Panchatantra ya se hace uso en la Biblia de los animales como método de enseñanza, tal como se aprecia en el pasaje arriba citado. Hay muchas lecciones provechosas que se desprenden del mismo, siendo una de ellas que el valor de las cosas no se ha de medir por la apariencia que tienen, pues no siempre hay una correspondencia directa entre tamaño y valor. A veces es lo contrario: algo o alguien que nos parece insignificante en realidad es un tesoro, mientras que algo o alguien que aparenta grandeza en realidad está vacío. Otra lección de importancia es que grandes obstáculos y adversidades congénitas pueden ser compensados y hasta superados por el sabio uso y administración de los recursos que se poseen.
Pero concretando con los cuatro animales que en el texto se describen podemos llegar con ellos a aprender lecciones todavía de mayor calado:
- La hormiga. Su obstáculo innato es su pequeñez, un obstáculo que a primera vista condicionará todo lo que pueda hacer. Sin embargo, la hormiga posee dos cualidades que va a saber explotar inteligentemente, como son la laboriosidad y la previsión. La laboriosidad es la capacidad de trabajo puesta en práctica con solicitud y prontitud; la previsión es la facultad de planificar de acuerdo a las diferentes etapas de la vida; en su caso planificar de acuerdo a las estaciones del año: verano (época de trabajo y recogida) invierno (latencia). Esto es sabiduría. Trabajo y previsión, en la hormiga, terminan por compensar y vencer su insignificancia y pequeñez.
- El conejo. Seguramente el animal al que aquí se refiere la Biblia no es el conejo común porque éste no hace su guarida en las rocas. No es la mejor traducción y probablemente el original se refiera a otro pequeño mamífero habitual en Oriente Medio. Tal vez pueda ser el damán. Pero dejando a un lado esa cuestión, lo cierto es que aquí estamos ante un animal fácil presa de depredadores terrestres y aéreos. Un bocado exquisito para sus formidables enemigos que tienen garras y colmillos afilados como cuchillos. Ahora bien, este animalito tiene una facultad mediante la cual sobrevive en medio de las hostilidades: la prudencia. En lugar de andar en espacios abiertos o de hacer frente en batalla desigual a sus enemigos, que sería un suicidio, lo que hace es correr a esconderse en lugares inaccesibles y seguros. Esa prudencia es lo que le salva la vida.
- La langosta. Cuyo obstáculo es no tener una cabeza dirigente y por lo tanto estar expuestas a la anarquía o al individualismo, con la consiguiente dispersión de energías. Pero ese obstáculo lo va a compensar con una facultad muy valiosa: su sentido de unidad que desemboca en el orden y la disciplina. Aquí tenemos la individualidad puesta al servicio de una causa común. Si la unión hace la fuerza, las langostas, que una por una no son nada, se convierten en un temible ejército ante cuyo poder tiemblan los labradores. Es que la eficacia y el poder dependen de la unidad y el orden.
- La araña. Cuyo obstáculo es su vulnerabilidad pero que va a vencerlo mediante dos facultades por las cuales es capaz de introducirse en cualquier lugar: la audacia y la sagacidad. La primera es la valentía, la segunda es el sigilo. Cuando estas dos facultades se combinan seguramente podremos hacer acto de presencia hasta en los palacios de los reyes.
Creo que estos cuatro animalitos nos humillan, porque estando por debajo de nosotros en la escala de los seres demuestran tener más sentido común e inteligencia que nosotros. ¡Aprendamos de ellos!
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España |