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Número 44 - 16 de julio, 2004
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dLirios y troyanos
LUIS MARIÁN

La placentera risa de un feto

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A finales del año pasado, la fotografía en 4 dimensiones (4D) de un feto sonriendo supuso un impacto visual que, a modo de revelación angelical, nos traía una iconográfica epístola del emotivo mundo de quienes viven al otro lado de la placenta. Ahora, una nueva imagen de una reconocible persona de tan sólo 12 meses ha levantado ampollas en Gran Bretaña, circunstancia que nos recuerda que el gobierno español ha asegurado que liberalizará el aborto hasta, precisamente, la duodécima semana.

Esta noticia se ha juntado, casi agolpándose, con nuevos datos que nos aseguran que la práctica del aborto en España ha aumentado un 107% en poco más de una década. Se ha pasado de 37.231 abortos en 1990 a 77.125 en 2002… y subiendo. Uno cada 7 minutos, y de los cuales prácticamente la mitad son practicados por adolescentes.

Hay quienes dicen que la legalización de la interrupción del desarrollo de humanos acabará con las malas condiciones de una práctica clandestina que ha llevado incluso a la muerte a muchas mujeres. Pudiera ser. Aunque otros vaticinan que esta legalización abrirá la Caja de Pandora de unos adolescentes cada vez más trivializados sexualmente provocando un exponencial aumento de una práctica que en ningún caso deja de ser una durísima experiencia para todos. Pudiera ser.

Aunque lo que parece más claro es que el odio y los contundentes ataques que se regalan mutuamente abortistas y no abortista han contribuido muy poco al debate fructífero del asunto. Por un lado, muchos de los que se oponen al aborto no han dudado en desvestirse de empatía para usar en su primera frase argumentativa palabras como: asesino, nazi, herodiano o espartano; adjetivos que quizás no ayuden –por ejemplo-a paliar los dolores y luchas emocionales de una jovencita que acaba de ser violada. Por otro lado, resulta ridículo comprobar como muchos abortistas acuden al acientifismo para afirmar que estas personas que hemos visto en las fotos no son formas de vida. A quienes les vale una dudosa microbacteria fosilizada en una roca marciana no les vale un niño con ojos, nariz y boca para referirse a la vida. Y es que si el debate se basa en rencores y en odios maniqueos nunca se saldrá de un túnel que desea ver la luz. Las últimas décadas nos han enseñado que las contundentes condenaciones recíprocas no han contribuido a una mayor conciencia o responsabilidad de cara a la práctica de un aborto.

Hace unos años conocí a una niña fruto de una violación. Muchos de los allegados al matrimonio progenitor no dudaron en recomendarles el aborto, pues además, no les venía nada bien tener en ese momento el bebé. A pesar de lo complicado del asunto, decidieron seguir adelante con el embarazo, y que decir que sabiendo de esta circunstancia, ver a la jovial niña cara a cara estremece a cualquiera. Quien no pudo ser está ahí, de frente, mirándote.

Casos como este nos muestran que, gracias a Dios, muchos han entendido que la iglesia de Cristo existe también para ofrecer a estas madres y padres una alternativa acordonada con amor, gracia y misericordia. Esa es la mayor apologética de la vida, pues actuando así traemos más alivio y evitamos más muertes de los no nacidos. La actitud profética más contundente es aquella que se basa en el ofrecimiento de la alternativa constructiva a quien anda atormentado. Eso es lo que hizo Cristo con todos nosotros.

El reto consiste en poder lograr que los padres y madres que decidieron abortar supiesen en todo momento que la Iglesia rescatada por Jesucristo es el referente de una vida y misericordia que abraza y ofrece planes de ayuda a la crianza de un niño bajo la tesis del perdón. Si esta conciencia social existiese, muchas de las que ahora abortan acudirían a las iglesias para ser asesoradas con la tranquilidad de no ser increpadas al asomarse a nuestras puertas con sus dudas.

No hay por el momento muchos recursos, y llegar a este punto de pragmatismo espiritual es una costosa responsabilidad de formación, costes y compromiso que podríamos empezar a conquistar sustituyendo alguno de los incontables proyectos evangélicos de pandereta o similares por centros de acogida y adopción. No estaría nada mal que quienes han quedado embarazadas puedan recibir de nosotros soluciones en lugar de juicio. No estaría nada mal que la adquisición de este tipo de conciencia colectiva fuera uno de nuestros grandes retos para este siglo. Esa sería la gracia… la que permitiera que la sonrisa del feto y la de los padres se consolidara.

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.

 
   
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