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Número 44 - 16 de julio, 2004
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CÉsar vidal manzanares

Cisma bautista: precisamente no es cuestión política

Tengo por costumbre inquebrantable no responder a las críticas que se puedan hacer a lo que escribo o digo. De la misma manera que gusto de usar de la libertad y no me recato de ello en ningún medio, creo que a los demás les asiste el derecho de no estar de acuerdo, de disentir o incluso de volcarse en el exabrupto. Reprenderles después por ello no me parece de recibo. Voy a hacer una excepción –sin que siente precedente– en relación con mi artículo “El cisma bautista” porque estamos entre creyentes, porque nos afecta a todos como parte del Cuerpo de Cristo y porque las cuestiones de fondo no van referidas a mi sino que entran en algo mucho más importante que es el plano espiritual.

Plano espiritual, insisto, porque lo que me sigue causando una profunda sorpresa es que se hagan análisis políticos del cisma y todavía más que una contralectura del mismo se vea también analizada, quizá por la pasión que despierta en nosotros el pensar que atacan lo que más queremos, desde una óptica política para hacer referencia a mi “pasión por la derecha más reaccionaria” o a mi limitación “maliciosamente... al aspecto únicamente político”.

Seguramente, deba pedir disculpas por mi torpeza al escribir e incluso adelantar que si he creado esa impresión no estaba precisamente en mis mejores horas de redacción.Pero mis intenciones – eso es bien claro – no podían estar más lejos de ese terreno.Por el contrario, si algo tengo claro en esta cuestión – yo que no pertenezco a ninguna organización bautista pero que las quiero entrañablemente porque he colaborado con muchas desde hace décadas – es que precisamente ésta no es una cuestión de política.

Por ello, analizar el problema como tal colocando a un lado a los reaccionarios norteamericanos y, por otro, a los ilustrados europeos es, a mi juicio, un claro ejemplo de lo que denominaba – y me reitero en ello – “majadería progre”.Aquí – a pesar de lo que piensen algunos – no se está discutiendo la política del presidente Bush.No, desde luego, yo que cuando deseo hacerlo tengo medios sobrados de comunicación para emplearme a fondo en el tema.

El problema es, por el contrario, de carácter espiritual.Por un lado, las iglesias bautistas del sur que siempre se han caracterizado por una ortodoxia bíblica innegable y, por otro, los bautistas europeos que, en términos generales, no son menos ortodoxos que los norteamericanos pero que cuentan con miembros aislados que son todo lo contrario.

Descendamos ya que estamos en ello al caso de la UEBE.Es verdad –y así lo expresaba yo– que sus miembros no han sido históricamente pacifistas pero también me consta que hubo bautistas – como gente de los Hermanos o pentecostales – que durante el servicio militar tuvieron que sufrir desde amenazas a consejos de guerra por negarse a ponerse de rodillas en misas a las que se les había obligado a asistir.Quizá porque yo sí fui objetor de conciencia en la época de Franco sé que ser pacifista no es una señal especial de santidad y, sobre todo, no puedo dejar de contemplar con ironía a los pacifistas actualmente incondicionales que juraron bandera durante aquel régimen; pero no nos desviemos del tema.Personalmente, no tengo la menor duda de que la línea doctrinal de la UEBE, sus énfasis y, sobre todo, la apabullante mayoría de sus miembros son tan ortodoxos como los de la iglesia más conservadora (término para mi nada peyorativo sino todo lo contrario) de Georgia o Alabama.

No es menos cierto que hay casos aislados – seguramente cuatro y el del himnario pero haciendo mucho ruido – que expresan públicamente su rechazo de la doctrina de la inerrancia de las Escrituras, que consideran que hay que discutir en la iglesia local si dejamos o no que una pareja de novios se vaya a vivir junta sin casarse, o que abogan porque las prácticas homosexuales en lugar de considerarse, como enseña la Biblia, una violación de los mandatos de Dios pasen a ser un tema de discusión eclesial en el que, al final, adoptemos el punto de vista del mundo progre y no el de la Palabra.

Esa realidad – minoritaria, cierto, pero innegable – es, y no la política de Bush, la que ha terminado dinamitando la comunión institucional (que no la espiritual) entre las iglesias bautistas situadas a uno y otro lado del océano.Y es una gran pena que a mi personalmente me aflige como creyente.Porque ésta – vuelvo a insistir en ello – no es una cuestión política.No es, desde luego, el enfrentamiento entre las fuerzas del progreso y las de la reacción.Es simplemente la consecuencia de que un sector de los bautistas del mundo no pueda entender – comprensiblemente - determinadas acciones y declaraciones contrarias a la Biblia y de que el otro considere que esas acciones y declaraciones prácticamente carecen de importancia por ser muy minoritarias y por no responder a la confesión de fe, a la tónica, a la práctica o al sentir de las iglesias en general.

Para unos, se trata de un síntoma innegable de que la cosa puede acabar muy mal y para los otros, de los locos de la colina que pueden armar barullo pero a los que nadie en su sano juicio puede hacer mucho caso.Sea como sea, se sienta uno más identificado con los de aquí o los de allá, lo cierto es que se trata de una cuestión espiritual, pastoral si se quiere, pero no política y como tal ha de juzgarse y abordarse.Voy a dar otra vuelta de tuerca. O realmente partimos de esa base y desde ella intentamos enmendar el problema aprovechando los numerosos puentes de comunión espiritual que, gracias a Dios, existen o seremos tan majaderos como los progres que creen que esto es el conflicto entre nuestra Europa pacifista e ilustrada y los retrógrados y belicosos Estados Unidos.

Resto de artículos previos sobre el mismo tema:
- “El cisma bautista(César Vidal)
- "Cisma bautista: respuesta a César Vidal” (Fernando Méndez)

César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, , El Mundo, Redacción: ProtestanteDigital.com, 2004 (España).

 
   
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