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Número 44 - 13 de julio, 2004
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MANUEL DE LEÓN

Derechos humanos y el buen samaritano

Los derechos humanos aparecen en la sociedad moderna como la panacea de la justicia y del derecho civil. Sin embargo, por encima del derecho y de la justicia, todavía sobresalen valores cristianos mas elevados. Hubo tiempos en que ser persona equivalía a un mero número, propiedad de una colectividad, de un Estado o de un Rey, y que su "ius naturalis" no tenía nada de sagrado, de inalienable, ni duradero. Se dice que los calvinistas franceses (hugonotes) fueron los iniciadores de esta fuerza, minoritaria en sus orígenes, pero arrolladora como detonante de la proclamación de los derechos del hombre. Ellos, que habían sufrido todas las intolerancias y todas las represiones durante las guerras de religión, clamaron, en su sed de justicia y de paz, por un mundo mas humano.

Si consultásemos por internet "derechos humanos" nos daríamos cuenta de la existencia en la red de infinidad de reclamaciones por los derechos del ser humano. En cada colectivo mundial, en cada país, y también en las conciencias individuales, aparecen hombres sensibles que se comprometen y abanderan luchas en defensa de alguno de los derechos del hombre. Hoy nadie cree en los paternalismos del señor feudal o de un Estado protector. Thomas Hobbes atacó la libertad de conciencia, que la Reforma Protestante había impulsado, por temor a la anarquía, por considerar al hombre lobo del hombre y por tanto proclamaba la soberanía absoluta del Estado. Kant por el contrario, sería el otro gran propagador de los derechos individuales basados en la libertad fundamental del individuo resultado de su ética descrita en su "Crítica de la razón ". Con ambas filosofías Karl Marx construiría su edificio filosófico de la sociedad humana. Pero ¿se ha llegado a alguna solución? ¿La proclamación de los Derechos Humanos de 1948 y las siguientes declaraciones han conseguido un mundo mejor?

Si vemos los resultados, no parece que las justicia humana resuelva nada. La justicia emanada del Derecho positivo, responde a las ideas de dar al que te da, dar en contraprestación (conmutativa) o distribuir (distributiva), como aspecto solidario, a los mas débiles de la sociedad. Sin embargo cuando el que no tiene nada para el trueque, ni nada se puede esperar de contraprestación por su parte, se necesitan dosis de misericordia y de compasión hacia el desvalido. La justicia no sirve. Cuando entre los mas débiles de la sociedad solo se reparten limosnas, meras dádivas, entonces el pan de hoy se convertirá en hambre para mañana. Una sociedad fundada sobre principios tan débiles, no puede resolver ninguno de los múltiples problemas de injusticia, como pueden ser la calidad de vida, el derecho al trabajo, a la vivienda, a la cultura, etc.... y menos aún resuelve la problemática del que tiene hambre y sed de justicia.

La parábola del buen samaritano, describe otra justicia. El hombre de Samaría que encuentra desnudo, apaleado y medio muerto a un transeúnte de Jerusalén a Jerico, es movido a misericordia y actuó de la única forma que pueden resolverse los problemas humanos: con amor y sabiduría. No le dio unos consejos espiritualizantes, no le hizo unas caricias consoladoras, no anduvo buscando a otros para que le ayudaran. El samaritano tuvo un compromiso personal. No empezó por la justicia, clamando por la cárcel para los ladrones. Ni siquiera fue a las autoridades para denunciar el hecho horrible. No dio ninguna conferencia sobre los derechos humanos. No exhibió su religión como propaganda de sus valores. No hubo vanagloria en sus actos, solo respeto y compasión .(movido misericordia Lc. 10:33) Pero además del amor demostrado hubo sabiduría. No le dio al mesonero demasiado dinero, con lo cual posiblemente habría dejado morir al pobre infeliz herido, sino que le dijo que volvería y le daría el resto gastado de mas.

Los programas de las naciones para el desarrollo deberían aprender de este samaritano que sabe dar y entregarse con sabiduría. Lo de "no le des un pez, enséñale a pescar" es un buen principio de sabiduría, pero el compromiso que el samaritano tuvo con aquella vida, es quizás lo que les falta a estos programas. La nueva civilización del amor tiene que superar la justicia de tanto fariseo que pasa de largo, pero también debe aspirar a una completa liberación y salud (salvación) de los oprimidos de la tierra. El robado y apaleado hasta la muerte encontró en el samaritano la salvación de su vida y quizás los hombres de nuestro mundo busquen hoy la salvación del alma. La solución está en el Samaritano.

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).

© M. de León, Asturias, España.

 
   
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