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El canto humilde del poeta
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles torcidas de la isla.
ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca
porque me moriría. (Pablo Neruda)
Hace 100 años, en Parral, Chile, nació Pablo Neruda el hombre-poeta. Un escritor solidario, diplomático e intelectual, que parió hermosos versos y los legó para el goce de quienes amamos la poesía. Desconozco gran parte de la obra de este afamado autor, aún así , lo poco que he leído me ha servido para valorarlo grandemente. Devorar en mi adolescencia sus veinte poemas de amor y una canción desesperada hizo que como mujer me sintiera adulada, pensando ilusamente que algún príncipe azul me recitaría versos similares a aquellos, que esos poemas tan placenteros de leer, serían aún más deleitoso al ser oídos declamar por el ser amado.
Ahora , en una etapa más realista y dejando a atrás algunos sueños adolescentes, descubro a un Pablo Neruda hombre, y el hombre me seduce con una sencillez sin ápices de vanagloria. Me atrapa con sus palabras engastadas en frases que discurren por el papel plagándolo de frescura y sentimientos. Entre líneas puedo leer a una persona que no deja de ser poeta, que aún sin estar hablando en prosa despliega toda su carga de dulzura, para mostrarnos su carácter humanitario digno de ser elogiado .
Cuando en 1971 es galardonado con el premio Nobel de literatura, pronuncia un discurso que comienza con esta frase: "Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema."
Quizá lo que más me seduce de un escritor como él, es esa capacidad de saber estar entre los ilustres y no dejarse zarandear por los aires de grandeza con los cuales se coronan muchos de ellos.
Atravieso hoy con mis ojos parte de lo que fue su vida, leo sus aventuras por los diferentes espacios geográficos y aprendo un poco más sobre él. Hace un siglo nació en Parral, Chile, Pablo Neruda y esta es mi pequeña-modesta aportación a su memoria, unas torpes palabras para recordar a un hombre que amaba la vida y a los hombres.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |