Número 55 - 02 de noviembre 2004
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Editorial

Las nuevas Cruzadas religiosas y laicistas
 

Hemos visto en la televisión pública española que las posturas fundamentalistas en EE.UU. (mayoritariamente evangélicas, hay que decirlo) quieren gobernar para imponer un determinado tipo de moral al resto de la población. Algo parecido se puede decir de la Iglesia católica española, que quiere manifestarse para imponer un determinado tipo de moral a la sociedad española (y no estamos entrando en la cuestión de si tiene o no razón –que la tienen- en algunos de sus postulados).

Por ejemplo, somos contrarios en la Dirección de esta revista a la práctica del aborto (salvo en caso de peligro de la vida de la madre), pero parece poco creíble que el mismo desaparezca porque quien gobierne lo declare ilegal y lo persiga. De hecho, en tiempos del gobierno de la derecha franquista española, quienes más abortaban eran las hijas de los caciques de turno -oficialmente antiabortistas- que se podían permitir un viaje al extranjero a una clínica discreta; y junto a ellas pero en otras circunstancias estaban las mujeres pobres que realizaban abortos clandestinos ilegales con consecuencias funestas para su vida y su salud.

Y dicho esto, reiteramos que no entendemos ni compartimos que la tesis española del Gobierno actual sea correcta: aborto libre. Creemos que la postura alemana (país protestante por autonomasia) mantiene la situación ideal dentro de la compleja realidad que vivimos: sólo se permite el aborto en casos previamente justificados, y siempre y cuando que la persona sea previamente asesorada y apoyada por entidades acreditadas que son contrarias a la interrupción voluntaria del embarazo (entidades tanto confesionales como no confesionales). Tras este asesoramiento (que se certifica en un documento) la persona es libre para decidir. De esta forma se evitan los abortos ilegales, pero también que se practique el aborto a la ligera, sin considerar ninguna razón, y asegurando que se han ofrecido las ideas y ayudas que solucionen los problemas que puedan a empujar a abortar a una mujer (incluida la posible adopción del recién nacido). Con este método se logra que cambien decidan no abortar el 60% de las mujeres asesoradas; y a la vez no se impone una moral que la sociedad no va a a cumplir por imposición legal, pero se asegura que la persona antes de tomar una decisión escuche todas las posturas y reciba todos los apoyos que pueda precisar.

Ahora bien de la misma forma que no querríamos imponer nuestra moral a la sociedad, sino que tan sólo pretendemos que se nos escuche, tampoco creemos tolerable que el Gobierno legisle cuestiones éticas. Y la Vicepresidenta del Gobierno español (María Teresa Fernández de la Vega) acaba de hacerlo con el uso de embriones. En unas declaraciones públicas ha dicho que no considera ética la prohibición de la investigación con células madres embrionarias.

En sus tiempos, el entonces Presidente del Gobierno español, Felipe González le lanzó al Presidente de la Conferencia Episcopal Católica española: “Usted meta a los abortistas en la cárcel, que yo les diré que es pecado lo que hacen”, en referencia a las imjerencias de la jerarquía católica en las legislaciones españolas. Ahora deberíamos decir al actual Gobierno español: “Usted dígale a los investigadores españoles que los embriones no son personas y es ético destruirlos, que nosotros haremos leyes que les prohiban ese trabajo”.

Y es que al final, ese ejército de teóricos tolerantes políticos tienen su propia moral: los del PP a favor de los intereses (que no la moral) de la iglesia de Roma; y el PSOE que quiere imponer su propia ética y moral alejando de la vida pública a todos aquellos que no piensen como ellos. Principalmente a los católicos, por su mayor poder y peso social, pero sin duda también a la larga a evangélicos, judíos, musulmanes y demás religiones.



(c) ProtestanteDigital.com, 2004 (España)

 
 
 
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