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Número 56 - 09 de noviembre 2004
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JUan simarro

En manos de ladrones

Cuando contemplo un mundo en el cual la pobreza afecta al ochenta por ciento de la humanidad, me acuerdo de la historia de la parábola del buen samaritano, en donde aparece un hombre, símbolo de todos los apaleados y despojados del mundo, del que se nos dice que "cayó en manos de ladrones". Y cuando miro las consecuencias del neoliberalismo actual, cuando veo el uso que se hace del dinero en busca de los mayores rendimientos e intereses, sin pensar en dar trabajo y crear infraestructuras económicas para los pobres, cuando veo las consecuencias de la globalización que ha entronizado al dios mercado, la insolidaridad y la injusticia social, me doy cuenta que al hombre, al mundo en general, le ha ocurrido exactamente igual que al hombre de la parábola: ha caído en manos de ladrones, los cuales, al igual que lo indicado en el texto bíblico de la parábola, han despojado a sus semejantes y los han dejado medio muertos.

Pues esta es la situación de los excluidos del mundo: robados, despojados, heridos y dejados en la infravida de la pobreza, de la miseria y de la marginación. Así, los ladrones de la parábola se repiten, roban y despojan a manos llenas, dejando tirados y apaleados a los más débiles del mundo. Terrible parábola que sigue repitiéndose hoy... y el mundo ha caído en manos de ladrones.

Hoy, el robo, el asalto, el despojo y la rapiña, se puede ver igualmente si vemos al prójimo como hombres individuales, o si los vemos como conjunto de personas que conforman un país. Hay países que han sido robados porque han caído en manos de ladrones, ladrones que muchas veces son de guante blanco, expertos en leyes y en finanzas. Despojan el mundo a través de sus ordenadores y la vara de apalear a los pobres, sean personas o países, son las grandes multinacionales que nos traen los productos que pertenecen a los pobres, al insaciable primer mundo. ¿Puede ser el 20% del mundo rico el símbolo del ladrón y despojador de la parábola? ¿Ha caído el mundo pobre, las dos terceras partes de la humanidad en manos del Norte rico?. ¿Simboliza este sector enriquecido las manos de los ladrones, de los despojadores y de los que hieren sin piedad hasta dejar a tantos hombres medio muertos en la infravida de la exclusión social?

¿Qué ocurre con las iglesias oficiales? ¿Cómo reaccionan los profesionales de la religión? La parábola del buen samaritano, dice que "descendió un sacerdote por aquel camino". Hoy todos los profesionales de la religión observan al igual que el sacerdote de la parábola. Ven el despojo del mundo, no tienen otro remedio. Pero parece que no se unen al ladrón usando el palo y practicando el robo directo. Pero la parábola afirma que "viéndole, pasó de largo". Se enredan en sus problemas religiosos y en sus rituales y pasan de largo ante el escándalo y el horrendo crimen de dejar en el despojo al ochenta por ciento de la humanidad. Es el pecado de omisión de la ayuda, de omisión de la voz de denuncia que se demanda en estos casos. Afortunadamente, hoy se pueden ver en el mundo algunos sacerdotes y pastores comprometidos, pero que quedan en minorías que no pueden acoger al apaleado y robado. No obstante su compromiso es símbolo de esperanza.

La historia del buen samaritano continúa mostrándonos a otro personaje que pasa y observa al despojado y herido. Era un levita. Estos levitas estudiaban la ley y eran una especie de jueces del país. También dice la parábola que este levita "viéndole, pasó de largo". La parábola insiste en la expresión "viéndole". Nuestros estudiosos, maestros, jueces y administradores de justicia, no son ajenos a la contemplación del panorama de la pobreza en el mundo. No son ajenos a la percepción de un mundo que ha caído en manos de ladrones y salteadores, despojadores y maltratadores que hieren, quizás no "con el puño inicuamente", sino con la apropiación indebida de los bienes que pertenecen a toda la humanidad. El mundo ha caído en manos de ladrones. El hombre de la parábola se ha convertido en símbolo de la humanidad robada y herida de muerte. Los administradores de justicia y conocedores de la ley, también callan ante este holocausto del mundo. Es el resultado del pecado de omisión.

Se necesita en el mundo un colectivo grande y comprometido que asuma la figura del buen samaritano. Un colectivo grande y comprometido que sea movido a misericordia, se manche las manos, se exponga a los peligros del camino, comparta sus bienes y propiedades y denuncie la injusticia, el robo y el despojo del mundo. Quizás la figura del buen samaritano debería surgir del pueblo cristiano y comprometido laico. De aquél que estando menos comprometido con el ritual religioso, es capaz de salir de las cuatro paredes del templo y andar por los caminos del mundo hablando, escribiendo y compartiendo. Un pueblo cristiano laico que es capaz de criticar por igual a las estructuras religiosas que se alían con el poder, que a las estructuras de pecado que conforman las estructuras sociales injustas. Un pueblo que, en compromiso, se convierta en las manos, los pies y la voz del Señor en medio de este mundo que ha caído en manos de ladrones, que despojan y hieren con iniquidad.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.

 
 
 
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