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En manos de ladrones
Cuando contemplo un mundo en el cual la pobreza afecta al ochenta por ciento de la humanidad, me acuerdo de la historia de la parábola del buen samaritano, en donde aparece un hombre, símbolo de todos los apaleados y despojados del mundo, del que se nos dice que "cayó en manos de ladrones". Y cuando miro las consecuencias del neoliberalismo actual, cuando veo el uso que se hace del dinero en busca de los mayores rendimientos e intereses, sin pensar en dar trabajo y crear infraestructuras económicas para los pobres, cuando veo las consecuencias de la globalización que ha entronizado al dios mercado, la insolidaridad y la injusticia social, me doy cuenta que al hombre, al mundo en general, le ha ocurrido exactamente igual que al hombre de la parábola: ha caído en manos de ladrones, los cuales, al igual que lo indicado en el texto bíblico de la parábola, han despojado a sus semejantes y los han dejado medio muertos.
Pues esta es la situación de los excluidos del mundo:
robados, despojados, heridos y dejados en la infravida de
la pobreza, de la miseria y de la marginación. Así,
los ladrones de la parábola se repiten, roban y despojan
a manos llenas, dejando tirados y apaleados a los más
débiles del mundo. Terrible parábola que sigue
repitiéndose hoy... y el mundo ha caído en manos
de ladrones.
Hoy, el robo, el asalto, el despojo y la rapiña, se
puede ver igualmente si vemos al prójimo como hombres
individuales, o si los vemos como conjunto de personas que
conforman un país. Hay países que han sido robados
porque han caído en manos de ladrones, ladrones que
muchas veces son de guante blanco, expertos en leyes y en
finanzas. Despojan el mundo a través de sus ordenadores
y la vara de apalear a los pobres, sean personas o países,
son las grandes multinacionales que nos traen los productos
que pertenecen a los pobres, al insaciable primer mundo. ¿Puede
ser el 20% del mundo rico el símbolo del ladrón
y despojador de la parábola? ¿Ha caído
el mundo pobre, las dos terceras partes de la humanidad en
manos del Norte rico?. ¿Simboliza este sector enriquecido
las manos de los ladrones, de los despojadores y de los que
hieren sin piedad hasta dejar a tantos hombres medio muertos
en la infravida de la exclusión social?
¿Qué ocurre con las iglesias oficiales? ¿Cómo
reaccionan los profesionales de la religión? La parábola
del buen samaritano, dice que "descendió un sacerdote
por aquel camino". Hoy todos los profesionales de la religión
observan al igual que el sacerdote de la parábola.
Ven el despojo del mundo, no tienen otro remedio. Pero parece
que no se unen al ladrón usando el palo y practicando
el robo directo. Pero la parábola afirma que "viéndole,
pasó de largo". Se enredan en sus problemas religiosos
y en sus rituales y pasan de largo ante el escándalo
y el horrendo crimen de dejar en el despojo al ochenta por
ciento de la humanidad. Es el pecado de omisión de
la ayuda, de omisión de la voz de denuncia que se demanda
en estos casos. Afortunadamente, hoy se pueden ver en el mundo
algunos sacerdotes y pastores comprometidos, pero que quedan
en minorías que no pueden acoger al apaleado y robado.
No obstante su compromiso es símbolo de esperanza.
La historia del buen samaritano continúa mostrándonos
a otro personaje que pasa y observa al despojado y herido.
Era un levita. Estos levitas estudiaban la ley y eran una
especie de jueces del país. También dice la
parábola que este levita "viéndole, pasó
de largo". La parábola insiste en la expresión
"viéndole". Nuestros estudiosos, maestros, jueces y
administradores de justicia, no son ajenos a la contemplación
del panorama de la pobreza en el mundo. No son ajenos a la
percepción de un mundo que ha caído en manos
de ladrones y salteadores, despojadores y maltratadores que
hieren, quizás no "con el puño inicuamente",
sino con la apropiación indebida de los bienes que
pertenecen a toda la humanidad. El mundo ha caído en
manos de ladrones. El hombre de la parábola se ha convertido
en símbolo de la humanidad robada y herida de muerte.
Los administradores de justicia y conocedores de la ley, también
callan ante este holocausto del mundo. Es el resultado del
pecado de omisión.
Se necesita en el mundo un colectivo grande y comprometido
que asuma la figura del buen samaritano. Un colectivo grande
y comprometido que sea movido a misericordia, se manche las
manos, se exponga a los peligros del camino, comparta sus
bienes y propiedades y denuncie la injusticia, el robo y el
despojo del mundo. Quizás la figura del buen samaritano
debería surgir del pueblo cristiano y comprometido
laico. De aquél que estando menos comprometido con
el ritual religioso, es capaz de salir de las cuatro paredes
del templo y andar por los caminos del mundo hablando, escribiendo
y compartiendo. Un pueblo cristiano laico que es capaz de
criticar por igual a las estructuras religiosas que se alían
con el poder, que a las estructuras de pecado que conforman
las estructuras sociales injustas. Un pueblo que, en compromiso,
se convierta en las manos, los pies y la voz del Señor
en medio de este mundo que ha caído en manos de ladrones,
que despojan y hieren con iniquidad.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España. |
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