| Los tiempos no nos dan la razón
"Es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con desconfianza
si se pretende asegurar el porvenir"
Joseph Joubert.
EL secretario de organización del PSOE, José Blanco, declaró recientemente que " las posiciones que defiende una parte de la Iglesia son casposas y no responden a la evolución de la sociedad del siglo XXI ". Con el injusto, incorrecto y habitual uso del término Iglesia para identificar a la Iglesia Católica por parte de casi cualquier español, el político socialista expone la tensión actual entre la curia romana y el gobierno de España. Hoy, más que nunca, los jefes de la nación y la jerarquía católica se enfrentan fuertemente en asuntos como la legislación de matrimonios del mismo sexo, la financiación de la Iglesia Católica, la enseñanza de religión en escuelas públicas. etc. Sin entrar en la controversia, razones, sinrazones o estado capilar del asunto, lo que me lleva a la presente reflexión son algunas de las palabras usadas por el dirigente socialista para denostar posiciones de ciertas facciones religiosas: " no responden a la evolución de la sociedad del siglo XXI".
Señalar el calendario como argumento para seleccionar lo mejor para una sociedad o comunidad no queda restringido al señor Blanco, lo hacemos muchos, y yo entre ellos. Pero bien pensado, ¿qué tiene que ver el siglo XXI con decidir lo que es correcto o lo que no lo es?
El siglo XXI se diferencia de otros siglos -por ejemplo- por la implantación general de enfermedades psicológicas como la bulimia, la anorexia o la depresión, signos de una evolución hacia la superficialidad en muchos aspectos de nuestra vida. ¿Habría que abdicar ante la tiranía de lo superfluo sólo porque suponga un signo creciente de nuestros tiempos?
Reservándome para otro día lo bueno de nuestro avance como humanidad, me permito tirar de datos para recordar que vivimos en los tiempos del crecimiento del turismo sexual con menores, del renacer de los partidos de ultraderecha europea (votados democráticamente), del auge del terrorismo internacional o del ascendente miedo de los periodistas europeos a hablar mal de ciertas religiones que no sean la cristiana. Bienvenidos a la evolución del siglo XXI.
La sociedad de los EE.UU. evoluciona a su manera y Europa a la suya, un avance que paralelamente se acompaña de dictaduras teocráticas y fundamentalistas se extienden por Asia y África del mismo modo que por aquí aumenta la demanda televisiva del chisme, las humillaciones y las injurias. Esto y más es lo que hoy somos. Esto y más, describen nuestro progreso hacia donde sea.
Lo pasado no es por defecto, ni mejor ni peor que el presente, porque hablar del pasado es hablar de demasiadas cosas. Por esta razón, ¿usaré las fechas de elaboración de pensamientos como argumento definitivo para sustituir -por ejemplo- los consejos contra la pereza del capítulo seis de Proverbios por la exaltación de las drogas que a veces vemos en el cine subvencionado? Porque vaya usted al Carrefour y verá como lo más reciente no siempre es lo último en pudrirse.
En una ocasión, el escritor C. S. Lewis recibió la siguiente pregunta: "¿Cómo es posible que crea usted en el Diablo en los tiempos que vivimos? ", a lo que el de Irlanda respondió: "No entiendo: ¿qué tiene que ver la existencia de Satanás con los tiempos en que vivimos?"
Con la rendición ante el argumento del " ahora todo el mundo lo hace ", sociedades centenarias han desaparecido y otras siguen perpetuando la corrupción y el delito . Y es que el tiempo es sólo un marco arrugado, un testigo impertinente que toma nota pero que no declara, por lo que no es él quién da o quita razones, como vulgarmente se dice. Son nuestros actos y sus consecuencias los que crean el mundo. Un mundo caído y dominado por un ser humano que convive con las mismas debilidades que le castigaban en el paleolítico inferior siguiendo necesitando de luz exterior para el camino.
Pero la verdad es otra cosa. La verdad es lo que nos hace libres y no caduca , aquello que es bueno porque brota del Intemporal, de quien es principio y de quien es fin, de quien somete al tiempo. Por los siglos de los siglos.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2004, España. |