|
Agradando a Dios
En silencio, a solas contigo. Tú y yo, nadie más. Sin artificios,
sin colorear la realidad, tan sólo tus palabras y mis oídos.
Cuántas veces, a lo largo de nuestra vida, intentamos agradar a quienes nos rodean, eludiendo la responsabilidad que tenemos de complacer primeramente a Dios.
Deseamos impresionar, dar una imagen atractiva de nosotros mismos, mostrando lo maravillosos que somos o podemos llegara ser. Anhelamos la recompensa humana, esas frases agradecidas que tanto bien nos proporcionan. Es positivo ver las cosas desde ese prisma, pero aún más importante para quienes amamos a Dios, es buscar el complacerle a Él.
De que nos sirve fingir lo que no somos si nuestro creador conoce con exactitud cada uno de los ápices que nos componen, no podemos engañarle, Dios no puede ser burlado.
Sin darnos cuenta entramos en el juego necio de las presunciones, vendemos una imagen equívoca de nuestra identidad, con tal de no quedar excluidos en esta sociedad ególatra.
El concepto que puedan tener de nosotros, parece aún más importante que mostrarnos íntegros y velar por presentar una imagen agradable a nuestro REY.
En el evangelio de Mateo 6:1 " Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos..." Con estas palabras Jesús nos regala la certera visión de para quién hemos de hacer las cosas, dejando claro que es de hipócritas hacerlo sólo para impresionar a la multitud.
Nuestros actos, no han de estar sujetos a la recompensa que recibiremos por el mero hecho de ejecutarlos, ellos deben de ser la muestra fehaciente de que Dios mora en nuestras vidas y esta le pertenece. Debiéramos obrar consecuentemente con lo que somos, sin querer hacer que lo divino se asemeje a nosotros, ciñéndose a nuestra voluntad.
Al abandonar el deseo de aprobación humana y centrarnos en hacer lo que a Dios le agrada, conseguiremos un número aún más elevado de adversarios que nos mostrarán su hostilidad, sin embargo, ganaremos el estar más cerca de nuestro redentor, aún más apegados a él.
Podemos optar por ser famosos y admirados, teniendo por ello que mostrar una cara que no nos corresponde, aunque, también tenemos la opción de elegir ser útiles en el anonimato, obrar silenciosamente sin esperar nada a cambio, tan sólo la grata sensación de haber hecho las cosas como a nuestro PADRE le gustan.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo,ProtestanteDigital.com, 2004, España |