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Kings of Leon, los hijos del predicador
La nueva sensación del rock americano son tres hijos de un pastor pentecostal y su primo. Se llaman Kings of Leon y han pasado de un pueblo de Tennessee a ser superestrellas, al firmar por una multinacional y hacer giras por todo el mundo. Por su aspecto podrían ser un grupo de los setenta, pero acaban de venir a España para presentar su segundo disco. Comenzaron a tocar de niños en la Iglesia Unida Pentecostal , pero los hijos del reverendo parecen haber emprendido el mismo camino de desenfreno que ha hecho del rock´n´roll todo un estilo de vida, poco recomendable para un cristiano . Sexo y drogas no les faltan, pero ¿dónde ha quedado el Rey de Reyes, El León de Judá, para los Reyes de Leon?.
Los hermanos Followill son de un sitio llamado Millington,
pero crecieron viajando por todo el sur de Estados Unidos,
bajo la tutela de su padre, un evangelista pentecostal itinerante.
¿Qué influencia ha tenido esto en su vida? Su
primo Matthew, guitarrista del grupo, dice: "No creo que haya
relación entre la religión y nuestra música".
Aunque "quizás en directo haya una similitud con nuestros
comienzos en la iglesia, en los que la gente también
bailaba, pero nada más". La cultura del rock estuvo
íntimamente unida en sus orígenes al medio evangélico,
ya que muchos de sus pioneros en los años cincuenta
provenían de este contexto. Ya que Elvis Presley y
Jerry Lee Lewis eran de Asambleas de Dios, ó
Chuck Berry, Little Richard y Buddy Holly, bautistas. Muchos
historiadores del rock ven de hecho esta música
como una versión secular del ambiente de una reunión
evangélica de avivamiento.
Si sus padres no se hubieran separado, Caleb, Nathan y Jared,
creen que serían ellos ahora predicadores. Pero todo
cambió en 1997, cuando Leon Followill tuvo una crisis
nerviosa. "Pudimos ver cómo Papá se venía
abajo y hacía cosas que le alejaban de Mamá",
dice Caleb. Parece que le echaron de la iglesia al tener problemas
con la bebida. Y al dejar entonces de predicar, los chicos
empezaron a trabajar en la construcción, hasta que
pensaron dedicarse a la música en el conocido circuito
country de Nashville. "Hicimos una grabación,
cantando todo lo mal que pudimos y nos fuimos a comprar un
paquete de droga", recuerda el bajista del grupo. La primera
canción que escribieron, Wicker Chair, fue
sobre la caída en desgracia de su padre.
Cuando la familia Followill recorría el llamado cinturón
bíblico, la zona evangélica más
conservadora, al sur de los Estados Unidos, Nathan dice que
no era difícil conocer chicas. Él comenzó
a tocar la batería en la iglesia a los 7 años.
Cada noche estábamos en una iglesia y una ciudad diferente",
recuerda Nathan. "Era como si fuéramos famosos", porque
"todos querían conocer al hijo del predicador". Entonces
no tenían televisión, juegos de ordenador o
amigos. Vivían en un coche y se arreglaban con lo que
podían sacar de cada reunión. Una buena semana,
su padre podía conseguir hasta 500 dólares predicando.
A veces estaban en una ciudad una semana, otras tres meses,
pero su vida era un continuo vagar de aquí para allá.
SEXO, DROGAS Y ROCK AND
ROLL
Los Followill creen que su padre era bueno predicando.
Era popular, aunque a veces la congregación estaba
tan cansada de cantar y bailar, que el sermón duraba
sólo cinco minutos. Su madre tocaba el piano, Caleb
la guitarra y Nathan la batería. Su padre contaba cómo
había sido borracho y drogadicto, de una forma que
hacía a la gente llorar. Su estilo no era muy diferente
a otro conocido pastor de Millington, el reverendo
Al Green, famoso cantante afroamericano de soul
que todavía predica muchos Domingos por la mañana
en el Tabernáculo del Evangelio Completo de
Whitehaven. A veces los Followill eran las únicas caras
blancas que había en la congregación.
A pesar de las estrictas órdenes de sus progenitores
de no escuchar rock, "descubrimos que había
algo más en el mundo además del gospel", dice
Caleb. Aunque "una vez nos hicimos mayores y empezamos a hacer
nuestra música, nos dirigimos hacia un estilo que era
similar a lo que escuchábamos cada noche en la iglesia,
que eran básicamente blues con ritmos más
rápidos". A pesar del sexo y las drogas, su estilo
de vida recuerda todavía mucho la manera en que crecieron.
Continúan viviendo en la carretera, ya no para convertir
prostitutas, adictos a la metadona ó asesinos, sino
para hacer conversos a la causa del rock and roll. Abandonada
la lectura de la Biblia, su libro entonces de referencia,
aseguran que ya leen poco, ni siquiera prensa musical.
Seducidos por la música de hace tres y cuatro décadas,
Kings of Leon forcejean con el sexo, la muerte y
el acento sureño en su álbum de debut, Youth
and Young Manhood. El triunfo parece haber ahora recortado
sus melenas. Por lo que ya no exhiben tupidas barbas, ni descuidados
bigotes, a excepción de Nathan, que sigue teniendo
el mismo aspecto del talibán norteamericano
John Walker. Su nuevo disco, A-Ha Shake Heartbreak, muestra
la misma rugosidad que les ha hecho conocidos. La mayoría
de las canciones nacen de historias vividas en la carretera.
Hablan de la excitación de su nueva vida y la nostalgia
del hogar perdido.
"Cuando nos fuimos de gira por primera vez", cuenta Jared,
"aprovechamos a fondo el estilo de vida del rock ".
Para ellos ahora, "no hay ninguna restricción". Ya
que "puedes conseguir todas las chicas y toda la droga que
quieras, ¡es gratis!", dice el bajista asombrado. Aunque
"terminamos por cansarnos de ponernos hasta arriba todas las
noches", ya que "se convirtió en una rutina". Por lo
que "ahora consumimos con moderación", asegura Jared,
con la misma ingenuidad y autoengaño que acabó
con la vida de varias generaciones de jóvenes desde
los años sesenta.
LEJOS DE CASA
El periodista francés Stéphane Davet
les preguntó hace poco en París: "¿Vuestra
cultura religiosa no os hace sentiros culpables por este estilo
de vida?". Jared le contesta: "Cuando pasas mucho tiempo en
la iglesia, ves desfilar a toda esta gente que viene a arrepentirse.".
Y recuerda las frases que tantas veces escuchó en las
reuniones de su padre: "He probado todas las drogas, todo
lo que está prohibido, pero buscaré algo distinto,
algo que he encontrado en la iglesia". Eso dice Followill:
"A mí, que nací en la iglesia, me costaba comprenderlo".
Tenía entonces el trauma de muchos que nos hemos criado
en un medio evangélico, cuando uno cuenta su testimonio
y no puede decir que ha sido borracho, ni navajero.
Pero "luego, al salir de gira", recuerda el bajista del grupo
en esta entrevista, que publicó en la portada El
País de las Tentaciones : "Al caer en los excesos,
me di cuenta de que nunca es suficiente". Porque "si te emborrachas
una noche, a la noche siguiente vas a volver hacerlo y siempre
añadirás un poquito más". La verdad,
dice Jared, es que "no quiero acabar a los 20 años
haciendo una cura de desintoxicación". Porque "si mi
madre hubiese sabido lo que ocurría, nunca me habría
dejado volver a salir de gira". Aunque "afortunadamente, cumplo
18 años dentro de dos meses.", dice riéndose.
Hubo también otra persona que busco el placer en todas
las cosas "debajo del sol". Aunque vivió sobriamente,
llegó el día en que se dijo a sí mismo:
"Ahora voy a hacer la prueba de divertirme, me daré
la buena vida". Pero un día descubrió su locura
La risa ocultaba una "vana ilusión" ( Eclesiastés
2:1-2). Encontró que su vida estaba vacía,
porque la vida no es cosa de risa. Quiso probar el estímulo
del alcohol (v. 3), para ocultar su insatisfacción,
pero no podía huir de sí mismo. Intentaba anestesiar
su conciencia, pero la droga apenas le levantaba el ánimo
un instante, para hacerle caer en la más profunda depresión.
La excitación del sexo desaparecía con la misma
rapidez con la que se sentía cada vez más impotente.
Nada podía darte satisfacción.
¡Imagina lo que es poder decir: "Nunca me negué
ningún deseo; jamás me negué ninguna
diversión! ( Ec. 2:10) Y sin embargo nada
le llenaba. Ni la educación, ni el trabajo, ni el dinero,
ni el éxito. Buscaba toda forma de escapismo, pero
la puerta de la felicidad seguía cerrada y él
parecía haber perdido la llave. No tenía paz,
ni seguridad, sólo una continua tensión y ansiedad
todo el tiempo. No podía fiarse de nadie. Detrás
de todo el atractivo del mundo, no hay más que una
vana ilusión.
Por eso el sabio, por experiencia te dice: "¡Diviértete,
joven, ahora que estás lleno de vida; Disfruta de lo
bueno, ahora que puedes. Déjate llevar por los impulsos
de tu corazón y por todo lo que ves, pero recuerda
que de todo ello Dios te pedirá cuentas." ( Ec.
11:9). Porque "Dios nos pedirá cuentas de todos
nuestros actos, sean buenos o malos, y aunque los hayamos
hecho en secreto" (12:14). ¿Estás preparado
para ese día?.
José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid.
© J. de Segovia, Madrid, España.
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