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Políticas del PSOE e Iglesia
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Cuando veo el malestar de la Iglesia Católica ante las políticas del PSOE y las luchas que está emprendiendo para salvaguardar la auténtica moral cristiana en contraposición de lo legislado por el PSOE, pienso que los cristianos deberíamos acostumbrarnos a convivir con el Estado laico. Aunque nos pese, debemos acostumbrarnos a distinguir las funciones de un gobierno en un estado laico de las funciones de la Iglesia en medio de él. No podemos continuamente estar intentando imponer a un gobierno laico que legisle de acuerdo a los contenidos bíblicos, así como no debemos estar continuamente intentando imponer nuestra mejor moralidad en contra de lo legislado, ya que un gobierno laico no legisla desde los postulados bíblicos, ni de ninguna confesión religiosa, sino desde la responsabilidad de conseguir la mejor convivencia posible entre todos los ciudadanos de un país, sean estos religiosos o no, conseguir que nadie quede fuera de los derechos civiles que le corresponden como ciudadano.
Tampoco esto tiene que significar una marginación de la religión en un país democrático. Como dice el Presidente Zapatero: "La laicidad en este nuevo contexto, no puede convertirse en el argumento para un dogmatismo antirreligioso". Así, un estado laico debe tratar a todos igual, defendiendo sus derechos civiles, sean estos religiosos o ateos, homosexuales o heterosexuales. En el marco jurídico-político de un estado laico, no debe haber ningún resquicio para dar privilegios a ninguna ideología..., pero que tampoco haya marginaciones. Y nadie debe quedar fuera de los derechos civiles, ni de un marco jurídico-político justo. Ninguna minoría, por desprestigiada o marginada que haya estado, debe quedar fuera de la protección que le deben dar sus derechos civiles como ciudadano. Un estado laico, por definición, debe ser plural.
Es verdad que la Iglesia no debe quedar reducida a la privacidad y debe dar testimonio público de su fe. Es verdad que debe defender los valores bíblicos que pueden estar en contracultura con muchos de los valores de una sociedad laica y plural, pero debe tener cuidado de hablar como Iglesia y no caer en la trampa de dejarse guiar por intereses exclusivamente políticos . Así, en la historia de España, ha habido grupos políticos de derechas o de extrema derecha, que se han querido apropiar del cristianismo para, a través de él, derrocar a gobiernos de izquierda e imponerse en la esfera de lo político. Así mismo, iglesias pueden haberse apoyado en políticas o regímenes políticos de turno, para adquirir privilegios. En otros países poderosos vemos como sus líderes usan el cristianismo y declaraciones de fe y de principios cristianos, para conseguir un poder que, después, en la práctica, se ve que va en contra de ese mismo cristianismo y, más aún, en contra de los más elementales derechos humanos. Este uso del cristianismo no es evangelizador, sino todo lo contrario. Es la prostitución del cristianismo para conseguir el poder político lo más absoluto posible.
Así, la Iglesia se mueve en el mundo dentro de un panorama muy delicado. Debe encontrar bien su misión que está por encima de los partidos políticos de turno y puede hacer sus denuncias en medio de la sociedad, sin necesidad de que esa denuncia sea en contra del partido político que, en medio de un estado laico, le ha tocado el turno de gobernar. Su crítica social y la crítica de los valores consumistas y antibíblicos, nunca deben ir solamente contra el partido en el poder, para que otros, por oportunismo político, no se puedan apropiar, con intereses políticos espúreos, de estas representatividades del cristianismo. Y si se ve en la necesidad real de criticar al gobierno o partido político de turno en la sociedad laica, debe criticar conjuntamente a todo el sector social en donde se dan esas problemáticas, buscando bien sus causas y lo que origina la problemática y, una vez encontradas éstas, denunciar. Veremos que siempre las causas y las razones últimas escapan de la responsabilidad del partido político de turno y la supera. Quizás todos seamos un poco culpables de las diferentes problemáticas sociales. Así ocurre con las problemáticas del aborto, de la homosexualidad y tantas otras. El gobierno que regula o legisla no es el culpable de la problemática que desea regular desde su óptica laica... y no legisla en contra de los intereses de la iglesia.
Debemos de tener en cuenta que los gobiernos normalmente legislan sobre problemáticas que socialmente ya son conocidas : hay abortos, hay parejas del mismo sexo... hasta extremos que, callarse, es una hipocresía. Así, los gobiernos de turno, no imponen las problemáticas para después legislar sobre ellas, sino que la sociedad y sus problemáticas siempre va por delante de las leyes. Los gobiernos legislan sobre lo que en la sociedad ya es un hecho. Y un estado laico debe buscar el bien de todos, sin dar privilegios a ninguna ideología, y no tiene por qué legislar desde la óptica cristiana. Su acción política y legislativa está dentro de la laicidad. Es por eso que muchos cristianos pueden votar socialista sin que esto les cause ningún trauma. Las regularizaciones que se puedan hacer sobre las diferentes problemáticas sociales, son regularizaciones o leyes que van por detrás de lo que la sociedad ya está viviendo y que el gobierno del estado laico no tiene más remedio que regular, porque callarse y no regularizar puede ser, como ya hemos dicho, una hipocresía social. Y los que se callan desde los ámbitos religiosos, cometerán una hipocresía aún peor.
Las leyes y las regularizaciones son el intento de un gobierno en un estado laico, de buscar el bien de todos, de excluir los privilegios de los que, amparándose en su dinero pueden tanto abortar, como hacer lo que quieran... y los pobres siempre quedan en la ilegalidad y en la precariedad peligrosa. También eliminar las pretensiones de las confesiones religiosas de querer imponer sus valores a aquellos que están de espaldas a esas confesiones religiosas, sean cuales sean. Nadie tiene derecho a imponer, de forma general, sus convicciones. Se puede y se debe evangelizar la cultura y las estructuras sociales desde otros posicionamientos que partan de unos estilos de vida y de unos valores vividos en compromiso y ejemplo de vida, pero nunca impuestos.
Por eso la evangelización no es contra las legislaciones de turno, sino contra la problemática social general y contra las estructuras de pecado que hacen que la sociedad genere y albergue esas problemáticas . Al menos para no caer en las experiencias históricas en que las extremas derechas se apropian de la representatividad del cristianismo, de una forma oportunista e interesada políticamente. Es un bochorno y una vergüenza. Sólo si los cristianos logramos leudar la masa social y evangelizar la cultura a niveles generales, podremos estar seguros que los resultados de nuestra evangelización alcanzarán también al legislador, porque el legislador va por detrás de los cambios sociales profundos y graves. Por tanto, hay que tener cuidado porque, en algunos casos, por detrás de muchos de los problemas graves que se presentan estrictamente como morales por muchos grupos políticos, e incluso por iglesias, está la defensa de simples intereses políticos y la búsqueda del poder temporal. Y la iglesia del Reino debe ser sabia y saber hacer su denuncia de la forma más general posible, su protesta en contra de los grupos económicos y de opinión que marginan a las personas, pero sin caer en la simple lucha partidista con arreglo al partido de turno.
Lo que sí está claro es que la iglesia debe ser crítica y denunciadora de lo que margina y empobrece a la persona, de lo que explota a los trabajadores y roba la dignidad a los grupos más deprimidos . Sólo desde ahí, como hizo Jesús situándose al lado de los proscritos, no perderemos la auténtica perspectiva evangélica y no nos dejaremos instrumentalizar por intereses políticos ajenos a la voluntad de Dios mismo. Porque el uso del Evangelio para conseguir con más facilidad el poder temporal, es simplemente un escándalo vergonzante.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España. |
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