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¿Evangélicos o protestantes?
Una de las características del lenguaje es su constante evolución. Con el paso del tiempo, muchos términos acaban comunicando conceptos e ideas muy diferentes de las pretensiones de quienes los usaron por primera vez. Cada sociedad es un mundo y tiene sus particularidades comunicativas. En una charla entre españoles y ciudadanos de cualquier otra nación hispanoparlante vemos que la misma palabra puede poseer connotaciones muy diferentes e, incluso, significados dispares en función de quién la diga.
En este sentido, es probable que España sea el único lugar del mundo desarrollado donde pronunciar el nombre del propio país resulte incomodo para muchos de sus propios ciudadanos. Escuchamos a políticos que prefieren decir Estado o conjunto del Estado en lugar de España , como si estos líderes planteasen un posicionamiento que pareciese entregar el término España a opciones políticas diferentes a las suyas. Quizás esto sólo pase aquí, pero no menos peculiar es el hecho de que muchos españoles, hablando en castellano, usen idiomas diferentes para referirse a ciudades o regiones de aquí ( Lleida o A Coruña , en lugar de Lérida o La Coruña ), mientras estos mismos castellanoparlantes usan el nombre propio de su lengua materna para señalar países o ciudades extranjeras ( Alemania en lugar de Deutschland o Londres en lugar de London ). Esto demuestra que la historia de un país, con sus avatares culturales, sociales y políticos, condiciona el uso y matices en las formas de identificarnos, pues nombres e identidad van de la mano en el consciente colectivo.
Entre tanto significante y significado, en los últimos días me he cruzado con lecturas y conversaciones empeñadas en decidir cuál es el término que mejor define a los cristianos que no somos católicos ni ortodoxos : ¿ protestantes o evangélicos ?
Para quien -como es mi caso- utiliza indistintamente los dos términos, la cuestión tiene, más bien, poca importancia. Como bien han señalado otros articulistas en Protestante Digital , las dos acepciones son sinónimas en España, con lo que tampoco habría que darle más vueltas al asunto. Sin embargo, algunos de los artículos leídos y escuchados por mi parte han querido desterrar al exilio el término evangélico, por lo que diré que no puedo compartir posicionamientos cuyo único efecto no es otro que el agrandamiento del muro de la división cristiana, pues no se vislumbra otro fruto detrás del denuesto de un vocablo con el que se identifican inequívocamente miles de creyentes españoles. Es imposible obviar que la realidad lingüística no es otra que la legitimidad de los dos términos; e incluso, si tuviésemos que estar obligados a usar sólo uno, lo más propio para los españoles, sería denominarnos como evangélicos .
PROTESTANTE
Presentarnos como protestantes nos da una categoría de historicidad y arraigo muy nítido en la historia universal, siendo en este contexto de situación cuando muchos elegimos usar esta expresión. A pesar de que esta palabra no significa otra cosa que proclamar, dar testimonio, declarar (lat. protestare ), muchos la conciben inherentemente en contraposición a la institución católico-romana, pues entienden que se nos llama así porque protestamos contra sus planteamientos y acciones. Sin duda, la vuelta al Evangelio supone algo más que presentarnos como los cabreados ante lo que otros no hicieron. Es como la clasificación semanal de los libros más vendidos: poesía, ficción, ensayo, no ficción. ¡ No ficción ! ¿Se puede clasificar algo en función de lo que no es? Pues lo mismo pasa por la cabeza de muchos cuando oyen el término protestante . Sin embargo, hay quien entiende bien lo que somos cuando nos presentamos de este modo.
EVANGÉLICO
Me sorprendí cuando recientemente escuché decir a una autoridad protestante que él no usaba el término evangélico por causa de que muchas sectas se escondían bajo este nombre. Bien, pero si es por eso, no olvidemos tampoco que también hay terroristas se hacen llamar protestantes. Y a la historia tenemos como testigo de las que arman quienes se han presentado y se presentan como cristianos. ¿Nos dejaremos de llamar cristianos, protestantes o evangélicos cada vez que un desaprensivo se identifique como nosotros? Espero que no lleguemos nunca a tal nivel de acomplejamiento.
El caso es que en España, por cada iglesia que pone en el rótulo de su fachada protestante, existen treinta o cuarenta que se identifican como evangélicas . Incluso exagerando negativamente, diremos que con que sólo el 30% de las que se identifican como evangélicas estén libres de sospecha sectaria, seguiríamos ante una clara preferencia general por dicho término por parte de auténticas comunidades cristianas. De hecho, la institución que nos representa ante el Estado, FEREDE ( Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España), se hace llamar correctamente evangélica , del mismo modo con el que habitualmente se identifican los órganos representativos a nivel autonómico (Consejos Evangélicos).
No sé si es porque somos españoles, pero lo único que es realmente serio en este meollo terminológico es el flaco favor de algunos a la unidad y concordia. Que cada cual use su término preferido sin que farsantes, heridas o cualquier mala experiencia personal nos hagan avergonzarnos de vocablos tan preciosos como los que nos señalan como fieles al Evangelio. Ser evangélico es ser partícipe de las buenas noticias de la gracia . Por cierto., en la encuesta de Protestante Digital sobre el tema, seleccioné la opción que me identificaba simplemente como cristiano. Pues así me veo y así me identifico cuando preguntan por la definición de mi fe.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2004, España. |