Radiografía y desafío
Los españoles están viviendo este principio de siglo con fatiga crónica, estrés e hipertensión. La encuesta panaeuropea "Depres I" asegura que el siete por cieno de la sociedad europea padece los síntomas de una fuerte depresión. En el caso de España, el número de personas afectadas por esta enfermedad alcanza los cuatro millones; sin embargo, los expertos afirman que la mitad de los españoles sufren depresiones que no han sido diagnosticadas.
Es dantesco. Sobrecogedor. Disfrutamos de todos los logros de la civilización moderna y estamos perdiendo el control mental . Vivimos a un paso de la locura. Nuestro mundo diario parece caótico, inconexo y confuso. Se nos han derrumbado los más consistentes sistemas de valores y vagamos perdidos en la niebla interior, sin un punto sólido de referencia al que agarrarnos.
Hay que abrir suficientemente los ojos -"alzad vuestros ojos y mirad"- para ver desde nuestra atalaya cristiana los problemas que golpean a los españoles de hoy, enormemente vulnerables. Son problemas humanos, tan apegados a la conciencia como la piel está pegada al cuerpo. En los últimos veinte años estos problemas han cambiado de escala, de intensidad y de forma. Una maraña de poderosas organizaciones políticas, económicas, sociales, religiosas, militares, estrangulan en sus redes la personalidad, la individualidad. Mujeres y hombres caminan por las calles de España sabiéndose víctimas de una sociedad antagónica. No es extraño que todo ello derive en actitudes de indiferencia, de irracionalidad y de agnosticismo, porque sienten que se han quedado sin arquitectos y sin ingenieros para las roturas del espíritu.
Hay que trabajar para cambiar la situación. Un país no es país sin religión. Tampoco lo es el individuo. Pierde una parte de su dignidad humana. El hecho religioso no es para comer en casa. Además de los valores intrínsecos del espíritu, tiene una dimensión social, una proyección en la colectividad. No debe reducirse, como pretenden el materialismo y el secularismo, a la esfera íntima de la persona.
Cuando el individuo deja de creer en Dios -observó Chesterton- no es que ya no crea en nada, sino que es capaz de creer en cualquier cosa . Es lo que está ocurriendo en esta España de la videncia y del horóscopo, de apariciones a mansalva y de griteríos milagreros, de catolicismo que atenaza el espíritu y de protestantismo norteamericano o latinoamericano de panderetas y falsedades, de ritos orientales y de satanismo grosero.
Los españoles están dejando de creer en Dios, pero están creyendo en esas aberraciones religiosas que he referido en el párrafo anterior y en otras muchas que podría añadir.
Hay una urgente necesidad de cambio en la sociedad española. El papel corresponde a los evangélicos y aquí señalo la importancia del liderazgo individual. Una diferencia entre el cristianismo genuino y las demás religiones monoteístas es el énfasis que Cristo hace en el individuo . Entre miles elige a setenta; de setenta se queda con doce, y uno le falla; de un numeroso grupo de hombres que viajaban entre Jerusalén y Damasco elige a uno solo, Pablo. Restaura a Pedro pensando en las multitudes. No son las sociedades, ni las comisiones, ni las organizaciones, ni los congresos los que inventan, crean o transforman; son los individuos.
Con todos mis respetos hacia esos miles de creyentes que cada domingo acuden en todos los lugares de España a las iglesias evangélicas: no parecen capacitados para transformar esta enfermiza sociedad española. Les falta voluntad, carecen de la fe necesaria, tienen una visión mediatizada. Adoran, pero no sueñan .
El movimiento evangélico español, calculado ya en casi medio millón de personas, necesita una renovación interior y adquirir nuevas perspectivas de trabajo que le permita influir en la sociedad española. Pero esta renovación, hay que tenerlo en cuenta, no saldrá de las bases, que se limitan a asistir al culto del domingo y nada más. Es tarea de líder, de líderes comprometidos con Dios y con los seres humanos. Líderes inquietos por estos temas, dispuestos a asumir riesgos y responsabilidades.
La tarea es urgente. Hay que emprenderla ya, aquí y ahora.
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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