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Vestidos con remiendos
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo;
porque tal remiendo tira del vestido,
y se hace peor la rotura (Mateo 9:16)
Hay labores que siempre me han resultado difíciles de ejecutar , tareas en las que nunca he puesto mucho empeño por aprender ; y no por carecer de personas dispuestas a enseñarme , si no más bien por lo aparentemente difíciles que a priori me resultan. La costura es una de ellas. Es para mí una complicada ocupación para la que no estoy cualificada.
He vivido durante muchos años en un hogar donde mi madre hacía honor a su buen hacer con aguja e hilo, confeccionaba con una rapidez asombrosa cualquier tipo de ropa para la casa, desde mantelerías, hasta mantas de lana en las cuales aún nos refugiamos en los días de invierno evocando el hogar que un día dejamos. Cada uno de mis hermanos posee alguna prenda creada por nuestra madre, una absoluta profesional del ganchillo. Pese a verla a diario en la preciosa práctica de tejer, nunca he aprendido a hacer nada en lo concerniente al mundo de la confección. Es por ello que siempre recurro a ella para los arreglos de cualquier prenda que necesita reparaciones.
A veces encuentro alguna objeción para prestarme la ayuda que le demando, con cautela y cariño me dice: "Yolanda, y no sería mejor que en vez de arreglarlo te lo compraras nuevo."
Pienso que tiene razón, que esos viejos pantalones no deberían dar más de si, que sería conveniente reemplazarlos. Pero siempre le pido por favor que intente zurcirlos, prometiéndole que para el siguiente mes adquiriré unos nuevos.
Es así como después de remendados me los pongo con la incertidumbre de no saber en que determinado momento van a decidir romperse. Y al final, cuando menos lo espero se descosen para sorpresa mía, dejándome en medio de la calle con la rodilla o parte del trasero al aire. Una vez ocurrido el incidente, rememoro las palabras oídas y que tan sabiamente auguraban un fatal final para la susodicha prenda.
Análogamente, nuestras vidas son muy parecidas a tejidos llenos de remiendos.
Ponemos parches aquí y allí, sin ser conscientes, o siéndolos, de que parchear un descosido soluciona el problema de forma temporal, pero que en el momento menos oportuno nos ofrecerá su peor cara.
Cuando las heridas dejan de sangrar, podemos pensar que ya han sanado, pero quizá eso sea sólo el principio de un largo proceso, tras ese cese, hay que llevar a cabo labores de cura, para evitar así que la herida se infecte y pueda lograr una completa cicatrización.
En nuestro transitar diario, encontramos raídas muestras de asuntos pasados que necesitan ser suplantados y totalmente olvidados, sin embargo, optamos por poner uno de esos apañados remiendos que nos simplifican la ardua labor que conlleva enviarlos a una completa omisión.
Cuando el cielo amenaza lluvia, a nadie se le ocurre hacer uso de un paraguas lleno de composturas, con zurcidos por todas partes, pues bien sabe, que la utilidad que este posee quedará invalidada por la aglomeración de roturas. De igual manera debemos de excluir de nuestras vidas, los socorridos apaños de momentánea ayuda e incluir el aplomo necesario en el corazón para hacer frente a las dificultades, sin tener por ello miedo al desalojo de inútiles piezas y que neciamente nos afanamos en reparar.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo,ProtestanteDigital.com, 2004, España |
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