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Decisiones en frío
En ocasiones escuchamos acerca de creyentes que toman decisiones en caliente, es decir, rápidamente y sin mucha reflexión. Cuando otros les alertan de su falta de previsión suelen responder aquello de que "vivimos por fe" (Hechos 10, 38). Pero, ¿por fe en qué? Si Dios se manifiesta claramente a alguien para que haga algo precipitado. nos tendremos que callar. Pero en ocasiones, estas actitudes no son más que concupiscencia.
¿Significa el vivir por fe ir a tontas y a locas? Fracasos y errores han acompañado a muchos temerarios de una vida evasiva de reflexión. En la cultura de lo instantáneo y del éxito express, pocos queremos pasar por la aridez de la meditación, la oración desprendida, la búsqueda del sabio consejo y la espera del tiempo adecuado. Espanta oír -por ejemplo- a líderes religiosos que aconsejan noviazgos de tan sólo seis ó siete meses. Como si no viesen lo que ocurre alrededor y como si negasen el sentido común que Dios nos ha dado, pues los hechos han constatado que muchos fracasos matrimoniales se hubieran evitado con un poco más de paciencia y otros condimentos pausados. Decepción y desconsuelo no habrían anidado en parejas si se hubieran disipado las emocionantes y desbordantes neblinas del mal llamado enamoramiento. Y lo mismo que hablamos del matrimonio precipitado, nuestro martilleante deseo del "aquí y ahora" se puede aplicar a multitud de cuestiones.
A menudo, el frío y el desierto se asocian con el vacío y la soledad, pero también son símbolo de la intimidad con Dios, del aislamiento del mundo, del aprendizaje con el Padre y de un intento de despojarnos de aquello que nos golpea y confunde. Y es que el frío también representa el refrigerio y lo duradero.
En estos días, varios equipos de científicos españoles están comenzando sus trabajos de investigación en la Antártida. Están allí para estudiar el cambio climático y la formación de los continentes. En tan extremo clima, llama la atención de estos estudios el hecho de saber que estos investigadores van a provocar más de 5.000 seísmos artificiales en un lugar del Polo Sur llamada Isla Decepción . Como Jesús ya hiciese cuando se apartó al extremo clima del desierto antes de comenzar su ministerio, la vida nos recuerda que, con frecuencia, es necesario apartarse, examinarlo todo, retener lo divino y luchar contra los elementos para ver a Dios.
El sosiego, el estudio y el escrutinio no están de moda, y menos aún si nos exigen detenernos. Aunque la reflexión y la lucha sirvan para reparar males mayores, nuestra mundanidad nos hace esquivar cualquier parada previa en esa Isla Decepción que tiembla para hacernos más fuertes. Nos dan miedo los análisis previos bajo terremotos susceptibles de mostrarnos que lo que anhelamos es un peligro y no una oportunidad. Por estas razones es por lo que a veces nos embarcamos en empresas a las que Dios nunca nos ha llamado. Decimos: ¡Señor bendice mi voluntad!, en lugar de ¡Hágase la tuya!
Cuando Jesús se retiró al desierto observamos que " cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo " (Lucas 4, 13). Por un tiempo . Ni siquiera el Padre hizo que Satán se fuera para siempre, reflejándose así que los handicaps de la llenura de Dios conllevan constantes confrontaciones con la comodidad, la autoconfianza y hasta la coherencia de nuestro conocimiento previo.
A muchos nos cuesta entender que Dios insista en la importancia de pasar cantidades y calidades de tiempos a solas con él. Podemos agarrarnos a nuestra formación o experiencia para tomar rápidas decisiones que nos eviten pasar por la prueba: somos muy listos y tenemos experiencia, pero no siempre es así en el Reino del factor sorpresa. Jesús, creador intelectual del mundo y conocedor de todas las cosas, se retira a lo árido del desierto para caminar en la presencia de Dios. ¿Y quiénes somos nosotros para renunciar a la intimidad con el Padre antes de tomar decisiones? Mirar hacia arriba y esperar es en ocasiones el primer paso para evitar que el invierno venga y nos resquebraje la casa. Así es la fe que vivimos, un camino de constante ciclo en la acción/intimidad donde ni siquiera nuestra lógica tiene la última palabra. Sólo yendo a la fuente de luz nos quitamos la escarcha, sólo así viene la primavera y se desborda la vida.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2004, España. |