E s p e c i a l e s
Número 58 - 26 de noviembre 2004
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NOTÍCIES

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

DIRECTORIO

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
Enfoque
JUAN ANTONIO MONROY
[ Imprimir ] [ email ]

"Estos que trastornan el mundo también han venido aquí..."

Las palabras que dan título a este artículo las he tomado de Hechos 17:6. En este capítulo se cuenta la llegada de Pablo y Silas a Tesalónica. La presencia de los dos misioneros cristianos causó un gran revuelo entre la comunidad judía. Los alborotadores gritaban que Pablo y Silas eran sediciosos, traidores, que habían provocado la intranquilidad en otras partes del mundo y ahora se encontraban en Tesalónica para introducir elementos de división entre las comunidades hebreas.

La palabra clave que utilizo en esta aproximación al tema es un verbo transitivo que tiene aplicación en lo bueno y en lo malo. Se puede trastornar para producir un bien y se puede trastornar para producir un mal. El bien es una armonía. El mal es una discordancia.

En el caso de Pablo y Silas en Tesalónica, el trastorno que provocaban era positivo. La gente se enamoraba de las ideas que exponían y de la Persona -Cristo- que proclamaban. Era un trastorno de la mente, un trastorno del corazón, un trastorno que conducía de las tinieblas a la luz y contribuía al enriquecimiento de la conciencia.

También Pablo acusaba de lo que él era acusado: de trastornar. Pero en el sentido malo de la idea y de la palabra. El bien consiste en alimentar la vida, en elevarla a su más alto valor, como procuraban los dos misioneros donde quiera que iban. El mal estriba en perturbar la vida, en herirla, en entorpecer su desarrollo. Inquietar, alterar el pensamiento de una persona, desviarla de sus buenas intenciones, orientarla por caminos torcidos.

Esto era lo que hacía aquel "mago, falso profeta judío, llamado Barjesus... cuyo nombre se traduce Elimas..." (Hechos 13:10). Pretendía estar lleno del poder y de la sabiduría de Dios, pero Pablo lo describe como "lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del Diablo, enemigo de toda justicia". Su demoledora misión consistía en inducir a las personas al error y "trastornar los caminos rectos del Señor" (Hechos 13:10).

No era el único. El tema se repite en las cartas pastorales, Timoteo y Tito, llamadas así porque son cartas de un pastor -Pablo- dirigidas a otros pastores para instruirles en lo que toca a sus deberes dentro de la Iglesia. A Timoteo lo pone en guardia sobre la llegada de pseudomisioneros que se introducen en las iglesias "y trastornan la fe de algunos" (2ª Timoteo 2:18). A Tito le anuncia que estos explotadores de la fe "trastornan casas enteras" (Tito 1:11).

Aquellas desgracias que amenazaban y atenazaban la vida de las iglesias en el mundo del Nuevo Testamento las estamos sufriendo ya las iglesias evangélicas en España . El mal tiene su manantial profundo en la naturaleza humana, y las personas religiosas no están exentas.

A partir de la promulgación de la primera ley reguladora del derecho al ejercicio de la libertad religiosa, en junio de 1967, se inició una romería de misioneros extranjeros hacia España que no ha cesado desde entonces, que ha ido aumentando a través de los años y que está preocupando seriamente a amplios sectores del protestantismo español.

Al principio venían de Inglaterra, de Estados Unidos, algunos de Alemania. Hoy llegan de todas partes, por todos los caminos. Muchos de Estados Unidos, pero también de América Latina: de México, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, El Salvador, Venezuela, suma y sigue países y paisanos.

En las iglesias evangélicas de nuestro país hay hoy día más misioneros extranjeros que pastores españoles.

¿Qué se puede hacer ante esta situación que está dañando el testimonio de las iglesias evangélicas en España? Nada. No se puede hacer nada. Llegan a un país instalado en la democracia política, cuya Constitución garantiza la libertad de movimiento y el derecho pleno a la expresión de las ideas, sean de la índole que sean. Tienen todos los derechos civiles a su favor. No caben represiones. Ni legales ni morales. El derecho de los individuos es como el fuego: si lo queremos sujetar con la mano, nos quemamos.

Pero el respeto, para que funcione en convivencia, ha de ser mutuo. Respetar los derechos que tienen a instalarse entre nosotros supone también -al menos debería ser así- respetar los derechos de quienes estamos aquí desde hace años partiéndonos el alma frente a situaciones de intolerancia.

Cuando estos misioneros oran parecen humildes, pero cuando actúan fuera de los templos andan sobrados de soberbia. Aunque generalizo, matizo las excepciones. No entienden, o no quieren entender, o no pueden entender, que el derecho y el deber son dos palmeras que no dan fruto si no crecen la una al lado de la otra. Tienen derecho a venir, a trabajar en el campo evangélico español, pero nosotros reclamamos idéntico derecho a exigirles el respeto a nuestras personas, a nuestro trabajo, a nuestras iglesias.

Una de las quejas contra éstos trastornadores de la conciencia ajena es la prepotencia de la que hacen gala. Llegan a España y se portan como si estuvieran en Haití, en Zambia o en Cachemira. Sabrán mucho de la Biblia, pero desconocen la Historia de España, el pensamiento, la cultura, el desarrollo intelectual de este pueblo que alumbró mundos ocultos. Manifiestan una incultura desmedida de nuestra Historia religiosa. Saben muy poco o nada de la Reforma en España, de la Contrarreforma que padecimos, de la Segunda Reforma que nos lanzó a la conquista de las ciudades españolas con la Biblia como única arma. Ni idea tienen de lo que padecimos bajo el nacionalcatolicismo tras la victoria de Franco en la Guerra Civil. Ni cómo tuvimos que luchar desde entonces para conquistar esta libertad que ahora les ofrecemos y que sólo utilizan en beneficio propio.

No cometen delitos civiles, y por lo mismo pueden vivir tranquilamente en España, residiendo donde les plazca. Pero cometen muchos delitos religiosos que dañan la imagen de las iglesias evangélicas. Son estos delitos los que yo denuncio aquí. Léase bien: no condeno, porque no tengo autoridad alguna, ni divina ni humana, para condenar. Pero sí tengo facultad para denunciar y denuncio. Primero, el tono general del mensaje que predican. Una gran mayoría de estos misioneros están instalados en el pentecostalismo radicalizado y manipulan a las personas con promesas de curación. (Cuidado, Palma, Moneo, Alvarez, y otros, nada de esto va con vosotros). En un país como España, donde 20 millones sufren trastornos mentales, encuentran clientela fácil.

En sus predicaciones no hay profundidad bíblica. Utilizan poco la Biblia. Prefieren el lucimiento personal, la frivolidad, la zarabanda, la música y el espectáculo. Se nutren con miembros de iglesias evangélicas, que acuden a ellos cautivados por lo nuevo y por lo fácil. Critican a todos los grupos denominacionales, los descalifican. El robo de ovejas es su especialidad. Su delito religioso se amplia a la falta de ética, a los comportamientos vergonzosos con las iglesias establecidas.

La FEREDE está adoptando medidas para evitar la identificación de estas personas y de su obra con el protestantismo firmante de los Acuerdos con el Estado. Pero ¿es suficiente? ¿Quién conoce en España a la FEREDE? Nosotros, algunos funcionarios de la Administración del Estado, determinada jerarquía católica y pare usted de contar. La sociedad española ni conoce las siglas, ni sabe qué o quiénes hay tras ellas. Y nos mete a todos en el mismo saco. Para los menos enterados somos todos sectas. Para los medianamente informados, somos todos protestantes.

Un ejemplo: hace cierto tiempo comparecieron ante la televisión de la comunidad madrileña una chica y un chico, vestidos en trajes de boda, alegando que aquella misma mañana, como estaba previsto, fueron al templo de la Comunidad Cristiana del Espíritu Santo o Iglesia Universal del Reino de Dios para contraer matrimonio y el "obispo" de la referida Iglesia se negó en el último instante a efectuar la ceremonia religiosa. Lo que dijeron en contra de los protestantes no es para reproducirlo. No quedó ahí el tema. Días después fueron presentadas en televisión la madre y la tía de la novia, dos señoras de escasa cultura. Las enfrentaron a un "pastor evangélico", así decía la presentadora, que defendía a la Iglesia Universal. El espectáculo fue de bochorno.

¿Quién dice a los dos millones de personas que veían el programa que esa Iglesia y otras como esa no están en la FEREDE? ¿Qué es la FEREDE? ¿Y qué les importa si están o no están representadas? Al día siguiente se hablaba en Madrid del escándalo de los protestantes, del pastor que no quiso casar a la pareja porque él estaba enamorado de la novia y porque pedía mucho dinero al novio.

La FEREDE puede hacer algo frente a la situación que vengo describiendo desde el primer párrafo de este artículo. Y lo hará. Pero no será suficiente. La iniciativa corresponde a los grandes grupos confesionales, a las iglesias locales, a los dirigentes del protestantismo español. Cerrar filas y plantar cara a quienes, habiendo trastornado a gentes en otros lugares del mundo, creen que ha llegado la hora de trastornar también a los cristianos evangélicos españoles.

J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)

 
[ Imprimir ] [ email ]
 
 
EDITORIAL
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
dLirios
Luis Marián
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO

Enfoque
Juan A. Monroy

. PUBLICIDAD

© 2004 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: