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Número 59 - 5 de diciembre 2004
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MARIO ESCOBAR
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El fin de Roma y la era visigoda
EL ISLAM EN ESPAÑA (II)

Durante siglos se ha pensado que la influencia romana fue determinante para formar la impronta española. Los romanos aportaron al mundo ibérico su lengua, el latín, el derecho, integrando la península en un sistema económico y de poder sin igual, el Imperio. La realidad frente al tópico es en ocasiones distinta, la romanización fue lenta y en muchos casos dramática, la llegada de los visigodos terminó por destruir el desgastado sistema romano.

Hispania o mejor dicho Ispania , el primer nombre que integraba a todos los territorios peninsulares, no es de origen latino, sus etimología es fenicia y viene a significar costa de fundidores o costa septentrional. La invasión de los hunos y el paulatino debilitamiento de Roma, hizo imprescindible el apoyo del Imperio en manos bárbaras. Los visigodos, una federación de pueblos godos, entraron en contacto con los romanos en el siglo III. Su llegada a las puertas de las fronteras orientales preocupó desde un primer momento a las autoridades. Alarico, el gran monarca nacionalista, saqueó Roma en el año 410. Sus sucesores acariciaron el sueño imperial, como en el caso de Ataúlfo. Los visigodos terminaron por instalarse en las Galias, una zona de gran inestabilidad política a causa de interminables guerras civiles, pero el emperador tenía otros planes para los visigodos. Desde el año 409 hordas de vándalos, alanos y suevos, asolaban los territorios hispanos. El emperador Honorio encomendó a los visigodos su liberación, pero la llegada visigoda empujó a los vándalos pasaron al norte de África, los alanos fueron derrotados y los suevos desplazados a la zona occidental de la península.

En el año 470 los visigodos hicieron la primera compilación de leyes germánicas con su Codex Euricianus. Pero las relaciones entre los hispano-romanos y los nuevos invasores fue difícil. Por un lado las diferencias religiosas, ya que los visigodos eran arrianos, eran notables, por otro, a pesar de la profunda romanización de este pueblo bárbaro las diferencias culturales eran notables. La conversión al catolicismo de Clodoveo en el año 500 agudizó las divisiones internas dentro del pueblo visigodo, pero tras la adopción oficial del catolicismo en el concilio de Toledo del año 589, la unidad religiosa comenzaba a ser un hecho.

Los aproximados trescientos años de historia visigoda en la península no produjeron un gran resultado cultural. Los nuevos amos tuvieron que seguir sus combates con vascones, bizantinos y arreglar las diferencias internas de una monarquía débil, que hacia poco que había dejado de ser electiva, para convertirse en hereditaria. Las aportaciones culturales fueron modestas en todos los campos. La única figura que destaca en los turbulentos años del siglo VI fue sin duda la de San Isidoro de Sevilla, con su famosa Etimologías. En el año 711, la guerra civil entre los hijos del rey Witiza y los partidarios del rey Rodrigo, propició la intervención de fuerzas musulmanas del norte de África, Tariq venció a los partidarios de Rodrigo en las inmediaciones del río Gudalete, el poder visigodo tocaba a su fin.

La segunda mitad del siglo XX sirvió de telón de fondo para una gran disputa historiográfica. Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, dos eminentes historiadores españoles en el exilio, entraron en el eterno debate de las raíces mismas de la historia hispana. Américo Castro, con su libro La realidad histórica de España, planteó un reto a la concepción clásica de la historia de nuestro país. Para Castro la Historia de España es el resultado de un ambiente espiritual que se fragua después del 711, y del que romanos y visigodos estarían exentos en parte. Américo pone el peso cultural en los tres pueblos monoteístas medievales: los judíos, musulmanes y cristianos. Estas ideas rompían con las opiniones clásicas de romanización, conquista visigoda, invasión musulmana y reconquista cristiana que pretendía devolver la legitimidad visigoda y por ende, también la cristiana a sus legítimos herederos. Castro pretendía integrar, dando una relevancia predominante, a las culturas musulmanas y judías en la formación del carácter español. Por el contrario Sánchez Albornoz en su libro España, un enigma histórico , continuaba con una visión clásica de la historia de España, llegando afirmar que el carácter español ya se adivinaba en el periodo romano, revindicando figuras como Séneca o Trajano, para Sánchez Albornoz la destrucción del Islam, constituía la seña más clara de la identidad hispana. Las dos ideas son, hasta cierto punto, reconciliables. El aporte de los diferentes pueblos al carácter nacional, debe entenderse como suma y no resta de un rico pasado histórico.


Artículos anteriores de El islam en España:
   1  El islam es España: ¿aporte cultural o destrucción de la unidad cristiana?  
       

Mario Escobar Golderos es licenciado y Diplomado en Estudios Avanzados (DEA) en Historia; así como director de la revista “Historia para el debate”
(c) M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2004)

 
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