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Número 60 - 12 de diciembre 2004
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Leopoldo Cervantes-OrtiZ  
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El protestantismo en México: Carlos Monsiváis
LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO (III)  

Dentro de los nombres propios del protestantismo mexicano, mención aparte merece Carlos Monsiváis pues se trata de uno de los intelectuales más respetados de México. Nacido en 1938, de trasfondo metodista, alumno de Báez Camargo y ex miembro de la Iglesia Cristiana Interdenominacional, lleva a cabo una labor cultural, periodística y política, de gran envergadura. En 1966 publicó una precoz autobiografía, en la que sin ningún pudor presentó su formación infantil y adolescente como la del típico protestante mexicano de segunda generación que no tendría elementos para proyectar, en el futuro, sus pensamientos más allá de las cuatro paredes del templo al que asistía, excepto porque fue un adolescente que leyó el Bosquejo de dogmática del teólogo suizo Karl Barth al lado del El progreso del peregrino, de Bunyan.

De dicha autobiografía extractamos la siguiente cita:

A la Escuela Dominical debo asimismo una estructura moral que, con sorprendente malevolencia, vuelve en mí en los momentos menos oportunos. El pecado fue el tema central de mi niñez y la idea que de algún modo, no sé cual, ha seguido rigiéndome hasta ahora. Para el esencialmente protestante Julien Green el Paraíso consistía en un cuarto poblado de estatuas bellísimas. En no poca medida comparto a pesar mío ese temor, ese invencible miedo cristiano a la unidad total del cuerpo y el espíritu. Por eso, caigo reiteradamente en la desconfianza, en la incertidumbre continua sobre mis acciones, sobre mi derecho a recibir algo, lo que sea, sobre mi derecho a gozar las cosas. Para conocerme a mí mismo sólo he utilizado una técnica, la sospecha. Para conocer a los demás, siempre he recurrido al recelo. En última instancia, podría definir mi formación moral como la vieja necesidad de poner en tela de juicio "incluso el menor movimiento del dedo meñique".(1)

Monsiváis encuentra su trinchera en la ironía, tan ausente de la mentalidad evangélica. Rompe y no con su tradición: la transfigura y se vuelve un apasionado defensor de las causas emancipadoras. Simpatiza con los pintores comunistas, es experto en el cine de todas las épocas y escribe crónicas. Éste será su oficio mayor: cronicar los episodios nacionales desde una visión genuinamente protestante, es decir, desde la crítica de los comportamientos. Lucha incansablemente, como nadie, contra el lugar común. Antologa lo mismo poesía que cuento o crónica. Es ubicuo. No desprecia presentar lo mismo un libro de Bastian o de Octavio Paz (con quien escenifica uno de los más célebres rounds literarios e ideológicos), que uno sobre el subcomandante Marcos. Actúa en películas, videoclips o telenovelas. Presta su colección de luchadores de plástico para una exposición sobre arte popular y la Cineteca Nacional hace un ciclo de películas que él escoge personalmente.

En uno de sus libros más recientes (premiado y publicado en España), Monsiváis se refiere a las migraciones espirituales como el paso progresivo e irreversible "de la única fe a la explosión demográfica de credos". Para ello, cita artículos de algunas constituciones de países latinoamericanos, como Colombia, donde todavía en 1887 se señala que el arzobispo era el responsable de designar qué libros podían y debían ser leídos, y que el gobierno debía impedir la propagación de ideas contrarias al dogma católico. Dicha sección, termina con las siguientes palabras:

Al mismo tiempo, convicciones ya existentes (el espiritualismo, el esoterismo) multiplican a sus creyentes y el éxito del New Age obsesiona a la jerarquía católica. A fines de siglo, el catolicismo, en sus distintas vertientes, es sin duda mayoritario, y suscitador de la fe pública en ocasión de visitas papales, pero en América Latina ya se han institucionalizado otros credos (el budismo incluso) o son simplemente agnósticas millones de personas. Y el pluralismo se ejerce en medio del anuncio cíclico de "la nueva evangelización de América Latina" a cargo del episcopado católico.(2)

La revista Proceso publicó una amplia entrevista con él acerca de sus relaciones con el protestantismo(3). En ocasiones recientes, Monsiváis ha vuelto a dar testimonio de su filiación protestante. En una entrevista para el diario La Nación, de Buenos Aires, definió así la "espiritualidad": "Lo que yo entiendo por espiritualidad es Bach, es Mozart, es Borges, Kafka, Thomas Mann, es Orson Welles., pero esa concepción me sirve a mí y no necesariamente a los demás. ¡La Biblia! (exclama). Debí haber incluido a la Biblia en mi noción de espiritualidad. No porque la profese dogmáticamente, pero sí como idioma y síntesis de una cosmogonía maravillosa. En México hay una espiritualidad de los conversos a las nuevas formas de creencias.(4)

En una trayectoria así, ¿cuál es el lugar de la identidad protestante, si ya no se está dentro de la Iglesia? Federico Hoffet anticipó una respuesta a este tipo de dudas:

Incrédulo o ateo, el hombre protestante mantiene su "conciencia" [...]
Estos rasgos [la tolerancia, el respeto a la libertad de los demás] subsisten, aun cuando la religión haya pasado del plano consciente al inconsciente. Practicante o no, el hombre protestante es siempre semejante a sí mismo [...]
La religión forma al hombre: ella imprime a su carácter un molde que permanece, aun cuando haya abandonado prácticas y creencias.(5)

Cuando Monsiváis se refirió, en el Segundo Encuentro Iglesias Evangélicas y Sociedad Mexicana (1993), a la legitimidad del protestantismo en la vida nacional mexicana, insistió en dejar bien claro que éste se la ha ganado mediante su persistencia. Invadir la cultura circundante con los elementos protestantes que reflejen una identidad sólida, exige el abandono de posturas de indiferencia y desprecio por el pasado. Los pioneros protestantes latinoamericanos (misioneros transculturados y nativos), intuyeron que la(s) identidad(es) fruto de la(s) Reforma(s) del siglo xvi nunca han sido ni son estáticas sino que evolucionan y se adaptan para seguir encarnando la causa que les dio origen.

Más recientemente, en la conferencia inaugural del "Segundo Simposio sobre el Protestantismo en América Latina y el Caribe", hizo, entre otros, algunos planteamientos acerca de su pasado evangélico en relación con la historia del país.

El intelectual mexicano trató sobre los orígenes del protestantismo en México en el siglo XIX, y lo matizó con referencias familiares al mencionar que su abuelo fue uno de los primeros conversos en el estado de Zacatecas al norte del país.
Con el estilo ameno e irónico que le caracteriza, relató experiencias personales de su niñez cuando, por ser protestante, fue víctima del desprecio y segregación por parte de vecinos, compañeros de escuela y maestros.
Al respecto recordó: "No resisto a la tentación de referirme a otros episodios de mi memoria herética. Un profesor de historia, al tanto de que a su clase asistían cuatro alumnos protestantes, nos indicó con gran seriedad: "Piensen bien en sus creencias, porque en México ningún protestante puede ser presidente de la República". El maestro nos preguntó qué pensábamos de esa prohibición y según recuerdo logré decirle, "es injusta, maestro, porque yo creo que todos deberíamos ser presidentes de la República".
Este comentario de Monsiváis complementó el episodio histórico de 1929, cuando el Partido Nacional Revolucionario (PNR) eligió a Pascual Ortiz Rubio como candidato a la presidencia de México, en vez de Aarón Sáenz, a quien un día antes todos daban por seguro. La causa, el protestantismo de Sáenz.
Monsiváis anotó que los protestantes terminaron aceptando el rechazo y el martirio; además de autodeterminarse como ciudadanos de tercera clase. Mencionó también las múltiples persecuciones habidas, sobre todo en las zonas rurales, en las cuales "era de gran riesgo aventurarse a predicar la fe protestante.(6)

 

(1) Carlos Monsiváis. México, Empresas Editoriales, 1966, p. 15. C. Monsiváis.
(2) Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina. Barcelona, Anagrama, 2000, p. 178.
(3) Rodrigo Vera, "Monsiváis, protestante de raíz familiar: 'Serlo es ya una opción social legítima, salvo en zonas con cacicazgos exterminadores o clero católico muy intolerante", en Proceso, núm. 1018, 6 de mayo de 1996, pp. 24-25.
(4) Ignacio Escribano, "Los aires de familia de un continente", en www.lacion.com.ar/suples/cultura/ 0220/P03.HTM, 15 de mayo de 2002.
(5) Federico Hoffet, Imperialismo protestante . Buenos Aires, La Aurora, 1951, pp. 64, 67, 68.
(6) "Aspectos de la discriminación a evangélicos, presentó Carlos Monsiváis", en www.alcnoticias.org , lunes 25 de octubre, 2004. La conferencia se tituló "'Aunque me llamen un aleluya...'. Las ventajas y las desventajas de las minorías religiosas". Cf., además, Linda Egan, Carlos Monsiváis. Culture and chronicle in contemporary Mexico. Tucson, University of Arizona Press, 2001 (está por aparecer en español en edición del FCE); Ch. Domínguez Michael, "¿Quién le teme a Carlos Monsiváis?", en Letras Libres, núm. 43, julio de 2002; C. Monsiváis y C. Martínez García, Protestantismo, diversidad y tolerancia. México, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 2003; y E. Poniatowska, "El libro de Linda Egan sobre Monsiváis", en La Jornada, 9 de mayo de 2004.


Artículos anteriores de LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO:
   1  México: la irreversible pluralidad religiosa  
   2  El protestantismo en México: nombres propios  
       

Leopoldo Cervantes-Ortiz es critor, médico, teólogo y poeta mexicano. Jornadas: 450 Años de la Biblia de Lutero 29 de octubre de 2004.
(c) Leopoldo Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com, España, 2004

 
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