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Número 60 - 10 de diciembre 2004
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La vergüenza

"...pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello."
( 1 Pedro 4:16 )

Una de las escenas que vemos repetidas tantas veces en los medios de comunicación es la que refleja el instante en el que una persona, que ha sido detenida o va a entrar en las dependencias judiciales, se cubre el rostro con alguna prenda para evitar ser identificada públicamente. Este acto puede tener varios significados pero yo me ceñiría a englobarlos en dos categorías: la primera sería tratar de preservar la identidad del sujeto, quien en ese momento es todavía solamente un presunto culpable y por lo tanto merecedor de que su imagen quede salvaguardada de estigmas futuros, pues hasta en el caso de quedar absuelto su persona quedaría asociada con algo peyorativo como es una detención y un proceso judicial; el segundo significado tendría que ver con el intento de eludir un trago enojoso y bochornoso como es el ser expuesto al conocimiento de la opinión pública, de modo que el cubrirse el rostro sería un movimiento reflejo para no ser reconocido.

Bien es verdad que no todos los acusados se tapan el rostro, ya que algunos no tienen ningún problema en mostrarlo a las cámaras, lo cual abre de nuevo una bifurcación de interpretaciones ante el mismo hecho; por ejemplo, puede explicarse en el sentido de que el sujeto no tiene nada de qué avergonzarse, pues considera que su detención es un error y aunque presuntamente culpable él se sabe inocente y por lo tanto más allá de toda sospecha; pero también pudiera interpretarse como un caso de psicopatía en el que el individuo es incapaz de sentir ningún remordimiento por lo que ha hecho.

Tal vez el tristemente famoso 'caso de la katana' ilustraría esta última interpretación, donde un adolescente que asesinó a sus padres y a su hermana con dicha arma, no tuvo ningún reparo en aparecer descubierto ante las cámaras. Claro que tampoco faltaría una tercera opción y es la que hemos visto tantas veces en España con los implicados en casos de terrorismo quienes han sido expuestos adrede por la policía a las cámaras con el fin de que su rostro quede grabado de manera indeleble en el ojo de los ciudadanos.

Uno de los debates que en años recientes se desató en el Reino Unido y en Estados Unidos tenía que ver con los violadores y los pedófilos condenados con sentencia firme en lo que respecta a la idoneidad y legalidad de la difusión de su identidad pública en su entorno más cercano . ¿Debe preservarse el derecho del condenado a que su imagen sea salvaguardada y no quede de por vida sujeto a una condena adicional? Pero en el caso de que se opte por difundir su identidad ¿No significa ello una especie de muerte civil semejante a la que experimentaban los reos de la Inquisición?. Mas por otro lado ¿No tienen los vecinos derecho a saber que viven al lado de alguien potencialmente peligroso y del que hay que protegerse?. Claro que bien pensado, eso supondría dos aseveraciones: una, que estas personas son irrecuperables, y dos, que a la condena judicial se añade una social, lo cual significaría un agravio comparativo respecto a otros condenados por otros delitos. Y así como en el pasado el baldón de ser acusado de herejía tenía repercusiones adicionales que no tenían otros delitos, como el asesinato o el robo, ahora estaríamos, en el caso de la violación o la pedofilia, frente a delitos que sobrepasarían las penas estrictamente judiciales si se aplicara el criterio de la difusión de la imagen del condenado.

En cualquier caso, el asunto de la vergüenza como reacción instintiva ante la exposición de la culpa es algo muy humano y universal, independientemente de épocas y culturas , y verdaderamente merece un estudio desde el punto de vista psicológico y antropológico. Por eso el evangelio tiene mucho que decirnos al respecto, porque no solamente describe el origen de la vergüenza sino que, y esto es lo más importante de todo, nos proporciona el auténtico remedio para ser librados de la misma.

•  Inexistencia de la vergüenza. ' Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.' (Génesis 2:25). Hubo un tiempo en el que al no existir las causas que originan la vergüenza ésta no tenía razón de ser. Era el tiempo de la inocencia, cuando todas las criaturas, en su bondad innata, reflejaban el orden y la armonía entre sí y con el Creador.

•  Aparición de la vergüenza. ' Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. ' (Génesis 3:7). La vergüenza surge como consecuencia de que algo malo se ha hecho y es una reacción instintiva ante el descubrimiento de la miseria moral en la que se ha caído. La vergüenza es, pues, el conocimiento de la propia miseria y lleva aparejado un intento de taparla a los ojos de los demás; el primer juez que dictamina sobre la misma no es el prójimo y ni siquiera Dios mismo, sino la propia conciencia. La culpabilidad es, por consiguiente, la madre de la vergüenza.

•  Exposición judicial de la vergüenza. ' Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? ' (Génesis 3:11). La exposición judicial de la vergüenza tiene dos vías: la primera consiste en una demostración racional e inequívoca de la culpabilidad que se consigue a través del interrogatorio, del careo y de las pruebas incriminatorias; la segunda tiene que ver con el veredicto de condenación por la culpabilidad demostrada. Mediante la exposición judicial de la vergüenza se manifiesta el triunfo de la verdad y de la justicia sobre la maldad.

•  Desvergüenza. ' Y el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?' (Génesis 4:9). La desvergüenza es la negación de la vergüenza y de sus causas. Es el intento de eludir el bochorno y la humillación que la culpabilidad conlleva. Pero es un intento condenado al fracaso porque, si bien se evita el sonrojo, es al precio del endurecimiento y la insensibilidad de la conciencia, con lo que el envilecimiento de la persona no hace sino aumentar. Al hacerlo, implícitamente se acusa al Juez de equivocación o error. Es una subversión de valores pues se pretende hacer pasar lo verdadero como falso y lo falso como verdadero. La desvergüenza es la salida humana para desembarazarse de la vergüenza.

•  Supresión de la vergüenza. La única manera real de deshacerse de la vergüenza es la que nos propone el evangelio. Consiste en dos movimientos:

    •  Confesión de la vergüenza. ' Dios, sé propicio a mí, pecador. ' (Lucas 18:13). Y de las causas que la han originado. Esta confesión abierta y sincera es el primer peldaño para hallar remedio al problema de la vergüenza.

    •  Transferencia de la vergüenza. ' Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.' (Isaías 53:3). Solamente a través de la cruz, instrumento de vergüenza por excelencia, es como podemos ser librados de la misma. Ello es posible porque Alguien inocente y sin nada de qué avergonzarse asumió nuestras vergüenzas y las culpas asociadas a ellas como si fueran suyas, propias y personales, con el propósito de que no nos fueran contadas a nosotros.

Es por eso que el cristiano ya no necesita andar con la cabeza tapada ni recurrir al falso subterfugio de la desvergüenza, porque en la cruz de Cristo ha quedado para siempre clavada su vergüenza. Es más, esa cruz, símbolo de vileza, se transforma, como dice el pasaje bíblico arriba citado, en medio de gloria y exaltación, invirtiendo así Dios los valores de este mundo.

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
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