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Jesús: tres momentos
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Se acerca la Navidad. Momento clave porque Jesús irrumpe en nuestro mundo. Pero hay tres momentos en la vida de Jesús que podríamos reconsiderar para hacer un análisis de la presencia de Jesús en nuestra historia, en nuestras dinámicas sociales y en la posibilidad de que en el mundo se pueda augurar un nuevo renacer, que la utopía se pueda hacer realidad, que pueda llegar a producirse una renovación social que dé lugar a una sociedad más justa y solidaria. Estos tres momentos sería su encarnación, su pasión y muerte y su resurrección. Cada uno de estos tres momentos, pueden dar lugar al estudio de tres aspectos teológico-sociales que pueden animar a los creyentes en su lucha por la implantación de los valores del Reino, por un mundo más justo y solidario, por una mayor hermandad o sororidad entre los hombres, por un mundo en el que los hombres se abren a posibilidades renovadoras, tanto sociales como de búsqueda de salvación, tanto para nuestro aquí y nuestro ahora, como de salvación para la eternidad.
Ya la encarnación es una cuestión que, tanto si se mira desde puntos de vista teológicos como sociales, nos muestra a un Jesús que irrumpe en nuestra naturaleza y en nuestra historia, lo cual da a sus valores del Reino un enraizamiento humano que no tendrían si no se pudiera hablar del Dios encarnado, del Dios humanado. Desde su encarnación, sus valores apoyados con su estilo de vida y prioridades, con su involucración en el mundo de los más débiles y desposeídos, cobran un refuerzo social y humano que hacen del cristianismo una religión tan cercana que podemos palparla y recibirla como conectada tanto a la tierra como a los hombres. Nada humano es ajeno al cristianismo que muestra un Dios naciendo de mujer. Nada que esté en contacto con la realidad ecológica es ajeno a un Dios que, en cuerpo humano, paseó por el polvo de la tierra dejando en ella sus huellas. Un Jesús que ilustró las parábolas del reino, tanto con semillas, con plantas o con árboles, como con desempleados como en el caso del Señor de la viña que contrata a los últimos y les paga los primeros, como en las parábolas del banquete del Reino en que los admitidos y llamados son aquellos que eran los proscritos y tildados de pecadores. No existe religión con un mayor anclaje tanto en lo ecológico como en lo social, como la del cristianismo que presenta al Dios humanado.
En cuanto a la pasión y muerte, estaríamos ante un aspecto de la vida de Jesús en la que nos estaría enfrentando con el poder de las fuerzas del mal en el mundo . Los elementos violentos, injustos e inhumanos que, necesariamente, se mueven en un mundo caído. La pasión y muerte del justo nos muestra elementos alienantes que hay en nuestra historia y sociedad. La identificación de Jesús con los crucificados de la historia, con los sufrientes, con los pobres y despojados que son legión mayoritaria en nuestra historia presente. Jesús, en medio de su pasión que hoy se simboliza con la pasión de los sufrientes del mundo, nos pide ayuda a todos sus hijos. Tenéis que hacer algo por mí. Tenéis que eliminar mi sufrimiento, mi hambre y mi sed. Lo podéis conseguir en medio de vuestra sociedad y de vuestra historia, porque lo que hacéis por ellos, por los que mueren cada día en el mundo presas de la insolidaridad y de la injusticia, lo hacéis por mí: "Por mi lo hicisteis", dice el Señor. Es ponernos en contacto con lo que de inhumano y maligno hay en el mundo. Ponernos en contacto con el mundo de los desesperanzados, de los proscritos, de los ofendidos y humillados.
En cuanto al tercer momento, el de la resurrección, es el momento de la esperanza . Es el momento de la vida de Jesús que nos dice que al final puede surgir la luz, tanto para salvación en la eternidad, como para salvación en nuestro aquí y nuestro ahora en forma de liberación. En este momento se nos dice que los valores cristianos, en su relación con la espiritualidad, con la moral y con la ética, pueden preludiar una renovación del mundo, la esperanza de un mundo nuevo construido desde la justicia y la solidaridad.
Un mundo no basado en un desarrollo económico para unos cuantos, unas minorías privilegiadas, sino un desarrollo basado en la transformación misma del hombre que le puede convertir en un ser solidario, justo, honesto y buen prójimo de los apaleados del mundo. Es la esperanza en un renacer de un hombre nuevo que podrá dar lugar a un mundo también nuevo y renovado. Dios puede estar presente en medio de una realidad hostil y actuar a través de la voz, las manos y los pies de hombres que se convierten en la voz, las manos y los pies de Jesús en medio de un mundo de dolor. Así, el cristiano renovado, ya no puede estar de espaldas al dolor de los hombres, no puede ser insolidario e injusto. No puede acumular ni agrandar sus graneros mientras sus hermanos prójimos, algunos demasiado próximos, sufren por la escasez y la miseria. Porque por la esperanza de la resurrección hemos nacido de nuevo y podemos contemplar la posibilidad de una nueva sociedad, de un nuevo hombre solidario cuyos valores se fundamentan en los valores avalados por la resurrección de Jesús mismo.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España. |
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