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Ni emocionales ni estrictos
La manipulación emocional es una de las principales amenazas que se ciernen sobre la Iglesia que hoy acampa en el postmodernismo. Es espantoso ver con tanta cotidianidad como líderes y ambientes provocados remueven las fibras sensibles de forma indecente a modo de chantaje, falsas culpabilidades, promesas divinas garantizadas por el ponente o proclamas vigorosas ante las que los más débiles no tienen otra respuesta estructural que la abdicación y la aceptación de lo inaceptable.
Son los gurús que buscan la excitación de los sentidos dejando a un lado cualquier crecimiento real de la persona, edificación o exaltación genuina de Dios.
Pero no quiero seguir llevando mi reflexión por esta línea. En lo que intento reparar aquí es en los efectos no menos perversos en los que derivan algunos planteamientos denunciadores del abuso emocional.
Ante el miedo y el rechazo hacia estas manipulaciones, muchos creyentes se han refugiado en chozas que, por si acaso, les llevan a minusvalorar algo tan divino y humano como la manifestación de nuestros sentimientos. Hace unos días, la AEE (Alianza Evangélica Española) publicaba un documento (*) magnifico y lleno de profecía. En él se describen realidades como las siguientes: " con demasiada frecuencia la cultura de la iglesia intenta negar la vida, no afirmarla [.] a menudo se ve a la iglesia como una institución carente de espontaneidad, de libertad para expresarnos, de alegría y que percibe el disfrute del mundo material como algo negativo, dando la impresión de que Dios es un "aguafiestas"." . Efectivamente, este es el fruto perverso de quienes niegan algo tan precioso y majestuoso como son los sentimientos y la naturalidad con los que Dios nos ha creado.
El Espíritu de Dios actúa para que seamos nosotros quienes dominemos las emociones y no ellas a nosotros. Pero de igual manera, el disfrute y la expresión espontánea es algo que, a menudo, también proceden de Dios.
Muchos han elaborados silogismos artificiosos que colocan a los creyentes emocionales por un lado y a los sabios rigurosos de la Palabra de Dios por otro. Como si el hecho de ser reprimido o anacrónico nos diera una revelación especial de la Escritura o como si a quien alaba a Dios espontáneamente se le evaporasen de inmediato todos los fundamentos de la doctrina que con ahínco haya podido aprender. Sin duda, la dicotomía entre emocionales y rigurosos de la Palabra no es más que otro mito que brota del miedo a lo diferente. Un mito con muchas caras, donde existe quien no celebra el culto con soltura creyéndose controlador emotivo al mismo tiempo que no se da cuenta de que sus emociones se están canalizando en ansias de poder, envidia, rencores y carnalidades varias. Vivencias intensas que sí que son cancerígenas.
Admitamos que Dios nos ha hecho con una sensibilidad que, como todo, puede ser tan peligrosa como santamente excitante dependiendo de nuestra voluntad de proyección.
Cuando lo emocional no es tabú todos salimos beneficiados, todos nos entendemos mejor y nos acercamos al todo que somos realmente. Si el enemigo usa las emociones para hacer daño es precisamente porque éstas son valiosas, grandiosas y divinas. ¿Puede haber algo más propio que usar y deformar lo más sublime para herirnos? El enemigo es listo.
Ojalá me convierta en alguien que no mutile ni reprima aquello que Dios me ha dado para vivir la vida que Él sueña para mí. Ojalá que las emociones que Dios me ha dado nunca las canalice en ira o envidia sino en gozo y en todo lo que es bueno para manifestar. Ojalá nunca deje de divertirme y de alegrarme del mismo modo en que crezco en autoaceptación, amor al prójimo y en conocimiento de la Palabra de Dios . Ojalá sea como el Padre quiere que sea, como Dios manda: libre y natural en los brazos de la gracia. ¿No es emocionante?
(*) El camino hacia la intrascendencia de la iglesia: la cultura
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2004, España. |
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