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Cobardía sin nombre
Nuestra posición como medio de divulgación nos ofrece el privilegio de ser una fuente de promoción de ideas y actualidad, pero también de comprobar una realidad triste y cobarde: el fenómeno de los anónimos.
Quien denuncia debe tener, dice la Biblia, dos o tres testigos; pero sobre todo la cara descubierta. Es legítimo denunciar lo que está mal, lo que hace daño, lo que consideramos un error, y esta denuncia debe ser escuchada, valorada y respondida.
En ese camino difícil transitamos en esta revista, en la que hemos decidido atrevernos a salirnos de lo políticamente seguro y correcto, aunque por supuesto dentro del amor al respeto y la verdad. Pero siempre suscribimos lo que afirmamos no sólo con documentos, sino con nombre y apellidos.
Quien escribe desde el anonimato es un cobarde. Si tiene razón (lo que en principio debe negársele) porque no se atreve a suscribirla ni siquiera con su propia persona. Y si no la tiene (y es cierto que una verdad a medias es la peor de las mentiras) porque es una infamia de la mayor bajeza.
Precisamente hoy en día los programas televisivos tan de moda con cotilleo puro y duro están llenos de denuncias anónimas, de calumnias sin rostro que siempre algo dejan de su podredumbre putrefacta alrededor del calumniado. Quedan muy lejos aquellos tiempos en los que la palabra de una persona era un documento, que estaba dispuesto a firmar con su propia sangre si era preciso.
Los cristianos debemos ofrecer un mejor ejemplo. El de aquél judío de Nazareth que no sólo dijo "Vuestro sí sea sí, y vuestro no, no"; sino que afirmaba que él mismo, una persona real, conocida, era el camino, la verdad y la vida. Y murió defendiendo públicamente la verdad de su Palabra.
Habitualmente esta sección, al ser un Editorial, no lleva firma, aunque generalmente la realiza quien dirige esta revista. Así se hace en parte por no querer utilizar un medio del que se dispone como forma personal de promoción o propaganda, y en parte porque el contenido del Editorial no es una línea personal de opinión sino que refleja la línea central de la publicación, vinculada a la Alianza Evangélica Española.
Sin embargo, en esta ocasión me permitirán que no sólo asuma la responsabilidad de su contenido -como siempre lo asumo- sino que además deje constancia de la autoría.
Pedro Tarquis
Director de Protestante Digital
(c) ProtestanteDigital.com,
2004 (España)
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