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¡No pasemos desapercibidos!
En una sociedad abarrotada de personas disfrazadas, cuesta admitir que alguien decida no entrar en ese juego en el que el atuendo predomina sobre la persona.
Parece lógico ataviarse de algo que no nos corresponde, vestirse con ropas que nos vienen grandes, sólo por el hecho de aparecer ante una multitud con un ropaje llamativo, al gusto de la mayoría.
Cuando aceptas seguir a Jesús, aceptas una vida diferente, un proceder distinto que te hace feliz y del que sonsacas un gozo inefable. Aprendes a mirar la vida con ojos nuevos, y aquellas cosas que antes brillaban ante tu asombro, hoy carecen de sentido alguno.
Dios logra quitarte una venda que otros se empeñan en llevar puesta, y desde esa visualización clara descubres un mundo afanado en tareas sin sentido, aparentando estar más cerca de la perfección, de esa utópica calidad de vida que sólo es eso, una utopía.
Duele ver la realidad tan claramente, duele, porque percibes como muchas de las personas a las que amas no son capaces de distinguirla, siguen portando un disfraz de autosuficiencia, de modernidad, de hedonismo. Captas desde tu realidad, que la colectividad y tu no marcháis en el mismo tren, que la quietud de tu alma no tiene nada que ver con el ajetreo producido por las voces del exterior.
Sabes que nada es comparable al remanso de paz en el que se sumerge tu alma cuando tienes un encuentro con Jesús .Eso es algo de incomparable belleza, un tramo delicado en el que saboreas la presencia de Dios.
Cuando se desconoce esta otra forma de vida, es comprensible que muchos decidan disfrazarse. Vestir el presente con ropas que todos usan, prendas que son bien aceptadas en un mundo donde lo diferente es puesto siempre en entredicho.
Nosotros, esa inmensa minoría que profesamos fe en Jesucristo, los que hemos conocido la verdad y ella nos ha hecho libres, tenemos el deber de hacernos ver, sin portar estridentes colores, ni emitir alocados ruidos, tan sólo desprendiendo luz, es la única manera de llenar la oscuridad de quienes viven sin Dios y así hacer que se percaten de nuestra existencia.
Como dice una preciosa frase, " Nuestras vidas serán las únicas bíblias que algunos leerán ".
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, ProtestanteDigital.com, 2004, España |
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