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Número 60 - 12 de diciembre 2004
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La gran división

La realidad es que muchos cristianos no son conscientes de la tremenda importancia que debería tener su fe para sus vidas cristianas "ordinarias". No se trata, ni mucho menos, de que nuestros pastores no se preocupen por nosotros, ni de que sean incompetentes. El motivo central es el impacto que tiene el dualismo sagrado-secular en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida eclesial. Esta división entre lo sagrado y lo secular incluye la tan arraigada creencia de que algunas facetas de la vida no son realmente importantes para Dios (el trabajo, la escuela, el arte, la cultura, la televisión y demás medios de comunicación). Pensamos que a Él lo que le interesa es lo que tiene que ver con la oración, los cultos en la iglesia y las actividades propias de ella.

Es precisamente por este abismo entre lo secular y lo sagrado por lo que la inmensa mayoría de cristianos (de cualquier denominación) siente que la enseñanza bíblica, la oración, la adoración, los aspectos pastorales o comunitarios de la vida eclesial no les proporcionan un respaldo significativo para su trabajo. El cisma entre lo sagrado y lo secular es responsable de que más del 50% de ellos nunca haya escuchado un sermón sobre el trabajo, que es un área en la que pasarán en torno al 65% de sus vidas durante unos 40 años. Son muchísimas las citas como ésta: "Doy clase en la escuela dominical 45 minutos semanales, y me hacen salir delante de la congregación para que oren por mí. Doy clase en la escuela 40 horas semanales y nadie ora por mí".

Éste es el dualismo entre lo sagrado y lo secular en que hemos convertido la vida del creyente: orar por un sector de la vida de un cristiano pero no por el otro; creer que enseñar en la escuela dominical tres cuartos de hora a la semana es más importante para Dios que enseñar en un colegio 40 horas semanales.

Es debido a esta división de nuestra vida entre lo sagrado y lo secular por lo que muchos líderes cristianos han hecho numerosos comentarios sobre las novelas de Harry Potter pero ignoran casi por completo la literatura seleccionada para el currículum educativo nacional . El principal motivo por el que la iglesia ha hablado tanto sobre los libros de Harry Potter es porque la acción tiene lugar en una escuela para brujos y brujas; ese entorno suscita cuestiones sobre el reino "espiritual" de lo oculto, un reino sobre el que, con razón, la iglesia piensa que tiene algo que decir.

Mientras tanto, gracias al currículum nacional, los alumnos leen todo tipo de literatura, en ocasiones excelente, como Esperando a Godot, de Samuel Becket, o Hijos y amantes, de D. H. Lawrence, por ejemplo. Y no se limitan a leer estas obras, sino que las estudian a fondo, aprendiendo citas y escribiendo ensayos sobre ellas. Y eso está bien... Pero, los niños y adolescentes de la iglesia de nuestros tiempos, ¿reciben la ayuda necesaria para analizarlas desde un punto de vista bíblico y para responder al ateísmo de Becket o al paradigma de Lawrence sobre el amor libre? ¿Se les forma para que respondan, Biblia en mano, a cualquier otro aspecto de su currículum?

Hasta la fecha, tras numerosas investigaciones, no hemos sido capaces de identificar un solo recurso para quienes trabajan con jóvenes, que contribuya a que éstos piensen usando criterios bíblicos sobre los estudios recibidos en e1 centro docente. El resultado es que, por defecto, nuestros niños aprenden desde pequeños que las clases escolares entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde no son importantes para Dios. Tenemos un cristianismo de tiempo libre.

El cristianismo de tiempo libre
Este estado de cosas se prolonga hasta la vida universitaria. La queja de la gran mayoría de entidades que trabajan con jóvenes universitarios puede resumirse en lo dicho por Norman Fraser, que ocupó un cargo directivo en Universities and Colleges Christian Fellowship (equivalente a los GBU en España), el ministerio para estudiantes universitarios más grande del Reino Unido: "Prácticamente les puedo garantizar que podrían entrar en cualquier Grupo Bíblico Universitario de Gran Bretaña y no encontrarían un sola estudiante que pudiera ofrecerles una perspectiva bíblica sobre el tema que está estudiando en ese momento".

Esta es una de las consecuencias del dualismo sagrado-secular: no esperamos que los cristianos piensen de forma cristiana sobre lo que hacen en el mundo. La división entre sagrado y secular ha dado como resultado un cristianismo de tiempo libre, no un cristianismo de 24 horas a1 día y 7 días a la semana. Los domingos son para Dios, y cada vez más sólo los domingos por la mañana, y de lunes a sábado son para el mundo.

Así es como el abismo entre lo sagrado y lo secular lleva a muchos a creer que las personas que realmente quieren servir a1 Señor se hacen misioneros o pastores, y aquellas que para Dios no son muy útiles consiguen un puesto de trabajo. ¡Valiente absurdo!

Dios es el Dios de toda la vida
Cristo quiere gobernar toda nuestra vida: en e1 trabajo y en el hogar. Si queremos ver nuestro país ganado para Cristo, debemos erradicar de nuestro pensamiento y de toda nuestra vida la división entre lo sagrado y lo secular. Después de todo, la mayoría de nuestras interacciones con el 90% de las personas que no conocen a Jesús tienen lugar en la zona "secular" de la gran división, aquel entorno por el que raras veces oramos nosotros o nuestras comunidades, aquel que no solemos considerar esencial para Dios.

La división sagrado-secular, que separa nuestras vidas cotidianas de la eclesial, nos ha llevado a teologías incorrectas sobre la iglesia y su misión evangelizadora.

Sin embargo, si queremos ser bíblicos debemos enseñar y proclamar toda la doctrina bíblica de la Creación, la cual incluye una gran pluralidad de realidades que no podemos eludir: el cuerpo, el deporte, el sexo, la cultura, el trabajo, la técnica, etc., porque Cristo es el Señor de la Creación, y no sólo de la Iglesia.

Por tanto se impone una comprensión clara de la enseñanza bíblica sobre la Creación. Y así descubriremos que e1 orden de la Creación y su mandato cultural no queda destruido por el orden de la Salvación; por el contrario, es asumido v redimido por este último.

Una visión equivocada de la iglesia
En Mateo 5, Jesús ofrece a los discípulos dos ejemplos para describir al pueblo de Dios, la iglesia: la luz sobre una montaña y la sal.

En primer lugar, aquí, la luz es una imagen de 1a iglesia reunida. ¿Que aspecto tiene la comunidad de Cristo para el mundo que la observa? Si nos amamos unos a otros, dice Juan, todo el mundo sabrá que somos los discípulos de Jesús. Unas relaciones presididas por el amor entre los cristianos son testimonio al mundo del poder transformador de Aquel que seguimos.

En segundo lugar, Jesús compara al pueblo de Dios con la sal derramada por el mundo. Éste es un llamamiento a los cristianos individuales para que pongan por obra su fidelidad a Dios en el mundo. Pero, ¿acaso el cristiano individual deja de ser miembro de la iglesia cuando sale al mundo? Según la Biblia no es así.

Sin embargo, en su vida diaria el cristiano promedio no siente que vaya a trabajar como representante individual del cuerpo de Cristo, respaldado en oración y comunión por otros cristianos. No, el cristiano medio cree que va a trabajar solo.

Otra de las consecuencias que ha ocasionado este dualismo entre lo sagrado y lo secular ha sido entender que "la iglesia reunida" es más importante para la misión que "la sal derramada". En realidad, la inmensa mayoría de iniciativas evangelísticas de la iglesia consisten en hacer que los no creyentes entren en un ámbito doméstico o eclesial para escuchar a un pastor, o a un evangelista, en lugar de conseguir que el inconverso entre en relación con Cristo por medio de sus relaciones con los creyentes en sus ámbitos seculares (trabajo, escuela, universidad, familia, etc.). Invertimos una enorme cantidad de energía intentando imaginar cómo hacer de la iglesia un lugar donde la gente quiera venir, y poca imaginando cómo formar a los cristianos para que aprovechen al máximo los lugares a los que van cada día.

Una visión distorsionada del papel del pastor
El cisma sagrado-secular también se manifiesta en una comprensión equivocada del papel del pastor. En Efesios 4:11-12, Pablo escribe: "El mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, pastores maestros a _fin de perfeccionar a los santos para la abra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo ".

La misión del pastor es preparar a los miembros de su iglesia para el ministerio, que es probable que abarque contextos situados en un radio de varios kilómetros en torno a la iglesia local. Por tanto, deberíamos pensar más en dónde están los miembros de la iglesia a las 11 de la mañana del lunes que en dónde están a las 11 de la mañana del domingo , así obtendríamos una imagen mucho más clara de su potencial para la misión. La pregunta no es "¿Cómo puedo usar a esta persona en la iglesia local?", sino "¿Cómo quiere Dios formar y emplear a esta persona en todos los ámbitos de su vida?"

Lamentablemente, hay pocos pastores que entiendan su papel de esta forma; si así no fuera, habrían estado formando a los suyos para que fueran eficaces en la escuela y en el lugar de trabajo. Por consiguiente, la separación entre lo sagrado v lo secular ha afectado profundamente a quién evangelizamos, en qué contextos y de qué manera.

La cuestión clave es formar e instruir a los cristianos para el lugar en el que pasan la mayor parte de su tiempo; para el lugar en el que tienen la gran mayoría de sus relaciones personales.


Artículos anteriores de IMAGINA:
   1  Imagina: ¿puedes marcar la diferencia?  
   2  El camino hacia la intrascendencia de la iglesia: la cultura  
  La privatización del cristianismo  

(c) Alianza Evangélica Española, "Imagina", número especial de la revista Idea nº 5, 2004 (análisis de la realidad de la iglesia en España por parte de la AEE)
 
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