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Número 61 - 14 de diciembre 2004
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JUan simarro
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La encarnación de Jesús

Acercándonos a la Navidad, paso a paso, vemos un momento clave para hablar de la encarnación. A través del misterio de la encarnación, la figura de Jesús se hace tremendamente singular. De Jesús se pueden decir dos cosas que no se dice de ningún otro líder religioso: se encarnó y resucitó. Pero a nosotros hoy nos interesa especialmente la encarnación. Porque a través de la encarnación, nos encontramos con un Dios que se acerca a la problemática del hombre para conocerla, experimentarla, vivirla. Y no se encarna en las altas esferas sociales, sino que el compromiso de Dios con el hombre, a través de la encarnación, se dirige fundamentalmente hacia la parte más oscura y sufriente de la humanidad. Y, además, ante éstos, se encarna como siervo. Jesús no viene para ser servido, sino para servir.

El mundo creado por Dios, que en su momento fue perfecto en el Jardín del Edén, se ha ido colmando de dolor, de pecado, de sufrimiento. Se convierte en un mundo antitético al propósito de la creación: un mundo inhumano, insolidario, marginador... irredento. El propósito de la irrupción de Jesús en nuestra historia es doble: la salvación de los pecadores y la liberación de los oprimidos y de los que sufren. Hay, desde el momento en que Jesús nace en un pesebre, una clara toma de partido, si se quiere parcial, a favor de los pobres y, lógicamente, de los pecadores.

Para asumir la causa de ambos, Jesús tiene que asumir toda la parte más negativa, fea y oscura de la humanidad. A través de la encarnación Jesús se pone del lado de los proscritos, de los fracasados, de los injustamente abusados y privados de dignidad, de aquellos a los que se les ha robado su libertad... de las víctimas. ¿Acaso Jesús no quería liberar a los deshumanizados verdugos entre los que se encontraban los acumuladores y los marginadores religiosos que se autoconsideraban “puros”? Quizás es que la única posibilidad de liberación del verdugo pasa por la liberación de la víctima. ¿Cómo va a ser posible la humanización del verdugo mientras no se consiga la humanización de la víctima? Jesús ve claro que hay que comenzar por la liberación, la humanización y la dignificación de las víctimas, de los despojados, de los oprimidos y de los proscritos. Es el paso necesario para la posible liberación y humanización de los verdugos y acumuladores del mundo.

Y hoy, quizás la encarnación de Jesús como siervo, asumiendo el lado más oscuro de la historia, nos esté lanzando el mensaje de que los cristianos debemos seguir sus prioridades y sus pisadas . Que la única manera de liberar a los opresores, es ponerse del lado de los oprimidos e intentar su liberación. Este es le principal mensaje del Jesús encarnado en los bajos fondos de una sociedad insolidaria.

Y es que Jesús comienza la liberación del hombre, su humanización, el acercamiento de su Reino, desde el lado de los despojados, marginados y proscritos. Es la “tendencia hacia abajo” que muchos han visto en Jesús desde el momento de su nacimiento. Ya desde el vientre de su madre inspirando el llamado “Cántico de María” en donde ya se toma partido por los pobres y los humildes. Quiere liberar al hombre y acercar su Reino con todos sus valores dignificadores, comenzando desde abajo, “tomando condición de siervo”. Así, Jesús trabaja en la implantación del Reino desde el reverso de la historia, desde el reverso de la humanidad, desde lo despreciado y lo tildado de pecador... Y esa es la línea que deberíamos escoger sus seguidores.

La encarnación, por tanto, es una Buena Noticia no sólo pensando en las perspectivas eternas y espirituales, sino para nuestro aquí y nuestro ahora en forma de liberación. De ahí que toda la andadura del Jesús encarnado, a lo largo de toda su vida y ministerio, sea una andadura de búsqueda de la justicia, de sanidad, de liberación y de perdón. Sea una andadura de mesa compartida con los pobres y los pecadores, de símbolos de solidaridad como la parábola del Buen Samaritano, de dignificación de los niños y de la mujer, de integración de los enfermos en la sociedad, como hace en el caso de la curación de los leprosos, de enseñanzas de servicio, porque lo que no hacemos por los más débiles, es algo que dejamos de hacer por él.

Quizás la encarnación nos ayuda a no espiritualizar demasiado el Evangelio , nos ayuda a abrazar los valores dignificadores del Reino de Dios, que libera a los pobres y pone a los últimos en los primeros lugares. Por eso la encarnación de Jesús nos enseña que ser cristiano es vivir en un compromiso constante con el hombre, fundamentalmente con el oprimido y el que sufre, con los pobres de la tierra que se convierten en el lugar teológico por excelencia. A eso nos lleva la reflexión de la encarnación de Jesús como siervo que opta por trabajar desde abajo, desde las víctimas, para así también poder llegar a la liberación de los verdugos de nuestra historia presente.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.

 
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