 |
El Código Cervantes
Bueno, no sólo iba a ser Leonardo; ahora parece que los españoles tenemos nuestro propio código literario, con el valor añadido de que el enigma manchego hasta pudiera ser verdad. La localidad de Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, es el lugar de la Mancha del Quijote, según la reciente investigación llevada a cabo por un equipo multidisciplinar de profesores de la Universidad Complutense de Madrid, en la que han participado profesores de Geografía e Historia, Filología, Sociología, Matemáticas y Ciencias de la Información. Según estas fuentes, el famoso lugar de la Mancha, cuya localización ha permanecido cuatro siglos sin determinar, " es un interesante desafío implícito en el Quijote , como si Cervantes hubiera propuesto un acertijo para poner a prueba el ingenio de sus lectores ". Un misterio supuestamente desvelado a partir de las coordenadas descritas en el propio libro.
Los acertijos, crucigramas y misterios encriptados de toda índole siempre han estado de moda. El cine nos acaba de traer La búsqueda , una historia protagonizada por Nicolas Cage donde se persiguen tesoros gracias a los datos codificados en la constitución de EE.UU. y en otros cotidianos lares. Siguiendo con la temática, y aunque la cábala judía tiene siglos de existencia, la devoción de Madonna o el superventas de Michael Drosnin (El código secreto de la Biblia) traen una y otra vez el tema de los laberintos rebuscados para encontrar supuestas verdades hasta ahora escondidas. Y hoy, coincidiendo con el IV centenario de su gran obra, le toca a Cervantes. Mañana, Dios sabrá.
Una sociedad que ha dejado de creer en Dios para creer en cualquier cosa es el campo ideal para vender millones de libros sobre nuevas revelaciones y misterios místicos en general . No importa que la obra de Dan Brown (El código Da Vinci) sea una novela de ficción, pues la gente se te acerca y te dice: “ Este libro tiene datos muy interesantes y me abre una nueva perspectiva ”. Pues sí; en un mundo donde la espiritualidad más vendible es aquella que no compromete al individuo (dígase ocultismo, new age, horóscopo, etc.), ¿para qué indagar en la verdad del asunto? Para muchos, no importa tanto el rigor como la satisfacción de las sensaciones. Dicho en palabras de Voltaire: “ Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme ”. Esta mediocridad y renuncia de lo auténtico no es solo aplicable al mundo secular, o como queramos llamar a quienes no reconocen a Jesús como su Señor y Salvador.
Recuerdo un programa de radio evangélico donde se debatía acerca de la Biblia y la ciencia. El moderador usó los datos que inspiraron a Drosnin para intentar convencer a la audiencia de que el Pentateuco contenía mensajes ocultos donde se vaticinaba la toma de la Bastilla en Francia, las acciones de Hitler y otras profecías varias que confirmaban lo divino del texto bíblico. El investigador McKay usó estas mismas fórmulas de Michael Drosnin para demostrar que en la versión hebrea de obras como Guerra y Paz o Moby Dick se pueden recoger –si uno quiere– referencias mesiánicas, revelaciones acerca de Jesús o famosos asesinatos, entre los que se incluye la propia profecía de la muerte de Drosnin (algo que, como es evidente, se usó a modo de mofa). A donde quiero llegar es al hecho de que el locutor que discutía conmigo por la radio daba por buenos unos estudios que él mismo no podía verificar. El caso es que a él le gustaban los resultados.
La historia nos ha enseñado que este proceder suele contribuir a la lapidación de la credibilidad de la Biblia, pues mañana llega otro estudio que demuestra el fraude del anterior y, por causa de someter la Biblia a unos datos dudosos, todo se desmorona de golpe.
La verdad es verdad por sí misma, y no porque nos satisfaga los deseos ni porque se halle o no codificada. El otro día descifré una sopa de letras sobre nombres de verduras, y no me dio ni más esperanza ni más vida que la que ya tenía. Lo auténtico no depende de su rápido o tardío reconocimiento, sino de su propia condición como verdad, ya que –vuelvo a citar al ingenioso hidalgo– "la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre nada sobre la mentira como el aceite sobre el agua" .
En el caso del Evangelio, el desafío que lanza Jesucristo no se esconde entre titubeos ni humos borrosos para entretenernos. Jesús muere y resucita para demostrar que cuando afirma que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14, 6) está enarbolando los conceptos de claridad y rotundidad, sin juegos ni rodeos . La luminosidad de esta esperanza nos lleva a decir, junto con el Quijote cuando cita a Job, que "después de las tinieblas espero la luz". Así sea. Feliz 2005.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2004, España. |
|