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Número 61 - 19 de diciembre 2004
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JUAN ANTONIO MONROY  
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Dios con nosotros

Llamamos misterio a todo aquello que es secreto para nosotros, a lo que nos está oculto, a lo que no vemos, no conocemos ó no podemos ver ni conocer. En un sentido muy amplio, todo el Cristianismo es un misterio, porque en su aspecto global sólo puede ser conocido por la revelación divina.

La Biblia y la vida están cargadas de misterios que no comprendemos ni podemos explicar. El misterio más grande del Cristianismo, si es que el misterio tiene medida, el misterio de los misterios es el que se nos da a conocer en un breve texto del Evangelio escrito por San Mateo: “ Dios con nosotros ” (1:23).

Que el portador de la naturaleza divina viniera a ser portador de la naturaleza humana sobrepasa los límites del conocimiento. Quiso Dios que la comunicación interior de su naturaleza y esencia increadas se manifestasen en la naturaleza creada del Hijo. Y así, la Voz del Génesis, la Palabra que era en el principio, se hizo carne.

Dios con nosotros. Este es el mensaje esencial de la Navidad, que estos días celebramos. Todo lo demás no es sino ornamentación , aderezo, mitos y oropeles, leyendas decorativas, acicalamiento del Evangelio.

Dios con nosotros significa que la palabra y la voluntad de Dios han tomado forma humana en la vida de Jesús, en sus discursos, en toda su predicación, comportamiento y destino. En sus palabras y en sus obras, en su sufrimiento y su muerte, en la totalidad de su persona.

Nietzsche objeta que a José se le ordena imponer al niño el nombre Emanuel y poco después se dice que “le puso por nombre Jesús”. No existe contradicción alguna. Jesús es su nombre propio y personal, Salvador, salvador nuestro. Emanuel es el nombre profético, Dios con nosotros.

Decía Pascal que si Dios se descubriera continuamente a los hombres no habría mérito alguno en creerle; y si no se descubriera nunca, habría poca fe.

Dios permaneció escondido bajo el velo de la naturaleza hasta que encarnó niño en el pesebre de una posada perdida en la que entonces era aldea de Belén.

La existencia histórica de Dios alcanza su cumbre en el primero de todos los misterios: Dios con nosotros .

¿Lo entendemos? ¿Es capaz nuestra razón de asumir la enormidad irracional del hecho?

¿Cabe el misterio en los breves despropósitos de nuestra fe, siempre débil, siempre tambaleante?

Cuando en estos días el consumo operativo y el bullicio festivalero se pongan en marcha, seamos un poco serios, algo profundos y recordemos que el mensaje central de la Navidad es este: Dios con nosotros.

J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)

 
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