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Número 61 - 19 de diciembre 2004
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SERGIO DE LIS 
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Lirismo y fe: la madre de Jesús

Hay quienes descubren en sí dotes verdaderamente insospechados, y aunque sea ya avanzada su vida, los usan y desarrollan, mostrando con ello una gran vitalidad.Francesc Closa i Basa es un ejemplo de esto.

Poeta tardío (qué oportuno fue descubrir su don en plena madurez y certidumbre –como decíamos-, en vez de tener que bregar con inseguridades juveniles y búsquedas vitales…), lirismo y fe armonizan perfectamente en su obra.

Como muestra de ello, publicamos uno de sus poemas. En él, la fe se aprecia en la escogida madre de Jesús, plena y dignísimamente humana, a la manera como la describe Lucas, la que “atesoraba las cosas (los hechos), reflexionando sobre ellas en su corazón”, y “su madre atesoraba todas estas palabras –de Jesús- (Lc. 2:19 y 2:51 b). Mujer, pues, y no divinidad.

Y el lirismo como canto, exaltación, de las virtudes de la joven María, que, al fin y al cabo, por eso fue elegida por Dios.

Misterio revelado
La joven contempla los prados
y el brillo del mar galileo
cantando ese cántico hebreo
que evoca los años pasados.
De flor Nazaret se engalana
y el mar la plateada ribera
regala a la azul primavera
que viste al almendro de lana.
Los sueños de amor sobresaltan
el sueño a una virgen llamada
María, recién desposada
y en fuego sus lirios esmaltan.
De pronto un relámpago etéreo
irrumpe en la estancia y modela
su angélica forma en la vela
que altera su brillo cinéreo.
Gabriel es el nombre virtuoso
del ángel que está en la presencia
de Dios y con gran diligencia
transmite el mensaje gozoso.
“Venturosa mujer escogida
la gracia de Dios es contigo,
espiga selecta de trigo
de todas la más bendecida”.
La virgen se agita y se turba
oyendo tan altas palabras.
“¿Por qué este saludo me labras
y mi alma se agita y perturba?”.
"María, no temas, doncella
delante de Dios agraciada.
Tu vientre será la morada
de luz y verdad que destella.
Pondrás a este niño por nombre:
Jesús, de David heredero.
Y Aquel que de todo es primero
viniendo a este mundo lo asombre.
Su trono será sempiterno
y el Reino que instaure, sin fin.
La tierra será su botín
teniendo su justo gobierno”.
María sintió desazón,
inquieta ante el hecho asombroso.
“¿Y cómo será sin esposo,
si aún no conozco varón?”.
“La sombra del Espíritu Santo
vendrá sobre ti, y su poder
hará cobertura en tu ser
naciéndote el Hijo del Santo.
He aquí que también tu parienta,
la estéril anciana Isabel
dejó su vejez por vergel
y Dios restauróle su afrenta.
Muy pronto vendrá el precursor
pues todo lo puede tu Dios.
Benditas mujeres las dos
que anuncian al gran Salvador”.
La humilde doncella se inclina
y ofrenda al Señor toda su alma.
“Tu sierva, Señor, ya está en calma;
amasa este pan con mi harina.
Que se haga conmigo conforme
dijera tu santa palabra.
Aquí está tu sierva, que se abra
mi entraña y que el niño se forme”.
La luz del aceite retorna
de nuevo a su vieja cadencia,
y el ángel dejó su presencia
velando esa luz que trastorna.

Sergio de Lis es crítico literario y parte de la Redaccción de la revista Edificación Cristiana.
(c) S. de Lis, Edificación Cristiana, ProtestanteDigital.com, España (2004)

 
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