La España democrática
y el rompecabezas islámico
“El nuevo orden mundial después del 11-S” es el título del seminario que los GBU me pidieron para el reciente Forum 04 al que tuve el privilegio de asistir. En esa intervención, argumentaba que no son razones económicas, ni siquiera geopolíticas, las más relevantes en el terrorismo islámico, sino que estamos ante una confrontación de principios y valores entre una visión occidental y una visión islamista de la persona y del mundo; pido disculpas por la inmodestia de citarme a mí mismo, pero el presidente del gobierno español, en su comparecencia ante la comisión parlamentaria del 11-M, acaba de aludir a la necesidad de que los grupos políticos reflexionen sobre la utilidad de delimitar los valores básicos democráticos (que se asientan en principios de la cultura occidental) en una sociedad que se está haciendo multicultural con la llegada de inmigrantes islámicos.
Concuerdo plenamente, por tanto, con el Sr. Zapatero, pero me preocupa su indefinición: su interesante propuesta la ha hecho más en términos de pregunta que de respuesta convencida.
Los valores se asientan en principios, y no podemos encontrar una respuesta a la pregunta del Sr. presidente si no nos volvemos a los principios básicos de la cultura de Occidente.
El reto del islamismo de yihad necesita una respuesta contundente, y esa respuesta no debe ser sólo una estrategia policial y militar, sino sobre todo la contraposición de principios sólidos. Aquí tenemos el problema, porque el laicismo europeo ofrece reiteradamente el mensaje de la tolerancia, pero su tolerancia es débil y falsa porque se hace desde la ausencia de valores, de convicciones, desde el “todo vale” y desde la condena contra quienes nos atrevemos a creer en principios firmes (ahí está el encarcelamiento del pastor sueco por escribir que la Biblia condena la conducta homosexual).
Pero la Iglesia Católica tiene dificultades para ofrecer una alternativa convincente, principalmente por su historia hasta aquí, sólo recientemente abierta a la tolerancia, con una imagen social ligada al dogmatismo; cuando protesta –y creo que lo hace a veces con razón y desde luego con todo el derecho– tiene un serio problema: sus mensajes se entienden más como una reclamación de privilegios que tuvo en el pasado y ve que pierde día a día, como nos señala con frecuencia el Sr Monroy.
Los protestantes tenemos en nuestra historia y en nuestros principios recursos relevantes que aportar: los principios de la visión cristiana de la persona y del mundo que se encuentran en la Biblia y que a lo largo de los últimos 500 años han dado origen a valores que sustentan el sistema político de libertades y derechos de Occidente; a lo largo de estos siglos nosotros hemos sufrido la intolerancia y hemos dado la vida por la libertad de conciencia y los derechos de la persona; tenemos la legitimidad histórica y moral para señalar los principios cristianos como los inspiradores de esos valores de auténtica tolerancia, la que no se ejerce desde la debilidad y la ausencia de valores, sino desde la fortaleza y la convicción, la que puede vencer a la intolerancia islamista.
Nuestro mensaje es plenamente relevante aquí y ahora; el presidente del gobierno nos lo acaba de hacer recordar. No callemos.
X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2004)
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