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Número 61 - 17 de diciembre 2004
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Predicadores, conferenciantes y charlatanes

"Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación."
( 1 Corintios 1:21 )

Entre los profesionales más solicitados actualmente en el mundo de los negocios se halla una figura, el conferenciante, que años atrás no existía, al menos en la forma que hoy se nos presenta. Por supuesto que antes de ahora ya había personas más o menos relevantes que daban conferencias, pero la diferencia entre los conferenciantes de antes y los de ahora es que los primeros tenían una profesión bien definida de la cual y para la cual vivían, ya fuera la política, la banca, la docencia o la empresa, siendo invitados esporádicamente a dar una charla sobre tal o cual tema en algún foro público. Sin embargo, el conferenciante actual en su dimensión más desarrollada, es un profesional que ha alcanzado el éxito en algún campo de la actividad humana, no necesariamente en el del pensamiento, y es capaz de conectar con la audiencia, pudiendo tratarse de un deportista de élite, un político retirado, un escritor de fama, un director de cine o un chef de cocina. Por lo tanto, un don nadie, aunque sea portador de ideas profundas, está descalificado, por definición, para este ejercicio al faltarle el tirón de la imagen.

Este tipo de conferenciante es, ante todo, un experto en su campo hasta el punto que se le ha venido a denominar gurú, es decir una autoridad cuyas predicciones, opiniones y disertaciones tienen trascendencia definitiva. Por supuesto el país donde ha emergido de manera particular este tipo de conferenciantes es Estados Unidos, donde personalidades como Bill Clinton o Tom Peters se dedican a viajar atendiendo las solicitudes que les llegan. Claro que no cualquiera puede organizar un programa con tales personajes por causa de las cifras desorbitadas que demandan por conferencia: el ex-presidente no baja de los 250.000 dólares y el escritor anda por los 100.000 dólares. Probablemente Clinton sería la figura más representativa de esta clase de conferenciante pues posee prestigio, currículo, encanto, capacidad de comunicación y un morbo añadido en su biografía personal, señales todas ellas que lo harían idóneo para tal menester. En España, aunque no llegamos a la categoría de conferenciantes de la talla de Clinton, tenemos algunos muy solicitados cuyos cachés no bajan de los 3.000 euros por conferencia, como Jorge Valdano cuyo carisma personal y su capacidad como comunicador son de sobra conocidos.

Tal vez es por causa del entorno que nos rodea pero en algunos ambientes eclesiásticos cada vez se confunde más al conferenciante con el predicador y a éste con el charlatán . De hecho, en la publicidad que llega a las iglesias para anunciar la visita de algún orador ya no se dice que es el predicador tal o cual sino el conferenciante (o conferencista, pero esta palabra es un americanismo) o comunicador (una palabra ahora de moda) tal o cual. Personalmente me considero un predicador y aunque al pie de cada artículo que escribo en esta columna aparece mi nombre seguido de la expresión ‘es conferenciante...' realmente yo nunca me he estimado como tal sino más bien como predicador y además de la vieja escuela, esto es, con púlpito, Biblia y apuntes del sermón.

Según lo entiendo yo la predicación tiene una serie de características que la definen y la distinguen de la conferencia (que tiene todos mis respetos) y de la charlatanería y serían las siguientes:

•  El origen último de la predicación . ‘Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.' (Hebreos 1:1-2). El origen de la predicación está en Dios mismo y en el hecho de que ha hablado. Es decir, el predicador, a diferencia del conferenciante y del charlatán, habla en tanto en cuanto Dios ha hablado y hasta donde Dios ha hablado. Si Dios no hubiera hablado el predicador no tendría razón de ser, mientras que el conferenciante y el charlatán sí la tendrían. Es de este hecho, que Dios ha hablado, de donde parte la legitimidad de la predicación, su necesidad y su autoridad. El conferenciante puede apelar, como fuente última de su exposición, a sus propios conocimientos y el charlatán a su verborrea, pero el predicador no tiene otro respaldo sino el hecho de que Dios ha hablado.

•  El origen inmediato de la predicación . ‘Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.' (2 Timoteo 3:16-17). Si Dios ha hablado ¿cómo sabemos qué es lo que ha dicho? ¿dónde lo encontramos? ¿cómo distinguir lo genuino de lo que es falso o sucedáneo?. Aquí es donde entra en juego el concepto de revelación escrita y esto es lo que excluye otras revelaciones escritas u orales, llámense Vedas, Corán, Mormón o Tradición. En otras palabras, todas esas fuentes y cualquier otra quedan deslegitimadas porque el mensaje de Dios ha quedado registrado en un solo lugar: la Sagrada Escritura. Y el predicador es alguien que se nutre y se forma principalmente de ese libro y enseña a partir el mismo, mientras que el charlatán, en cambio, es o un ignorante o un manipulador de la Escritura y el conferenciante no necesariamente se fundamenta en ella.

•  El contenido de la predicación . ‘Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado...' (1 Corintios 1:22-23). El evangelio es el meollo de la predicación cristiana; todo lo referente a la salvación y el señorío de Jesucristo, en el que está incluida cada parcela de la vida personal y colectiva, es el centro del mensaje cristiano. Un conferenciante puede hablar de muchas cuestiones interesantes, como por ejemplo disertar sobre la teoría cuántica de las partículas elementales, y un charlatán puede hablar mucho de sí mismo, pero un predicador tiene como objetivo predicar a Cristo.

•  La energía de la predicación. ‘Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.' (Hechos 4:31). La predicación se distingue de la conferencia por la fuente de donde deriva su energía. El conferenciante ha de afinar al máximo sus capacidades intelectuales principalmente, pues ellas son sus herramientas, pero el predicador, además de las tales, ha de preparar sus capacidades afectivas y espirituales, para volcarse en el acto de la predicación. Su energía no consiste en el entusiasmo o la emoción ni en el poder de la lógica sino en el poder del Espíritu Santo que tras él y por medio de él está hablando al auditorio. La palabra denuedo es la que mejor define la energía de la predicación, algo que no tiene el conferenciante y que el charlatán conoce de forma espuria.

•  El propósito de la predicación . ‘Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.' (Hebreos 4:12). Al contrario de la conferencia que busca informar la mente, la predicación busca llegar al corazón a través de la mente, con el propósito final de movilizar la voluntad de los oyentes a través de la persuasión para que se produzca un cambio en sus vidas de acuerdo al mensaje predicado. El charlatán busca tocar el corazón sin pasar por la mente, por eso su mensaje es espuma momentánea solamente.

Hacen falta predicadores. Los charlatanes están de más; los conferenciantes pueden ser de utilidad, pero los predicadores son imprescindibles, porque como dice el texto bíblico arriba citado a Dios le ha placido extender su salvación a través de la locura de la predicación. Por lo tanto, querido hermano, si lo eres no te avergüences de decir que eres predicador. No hay nada más sublime en este mundo.

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
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