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Los documentos históricos del islam español
EL ISLAM EN ESPAÑA (IV)
Antes de continuar con el relato cronológico de las últimas semanas, me gustaría compartir algunos datos sobre la cultura musulmana encontrados en los Boletines de la Real Academia de la Historia. Desde esta sección no pretendemos hacer historia ficción, tampoco es nuestro cometido dar mera opinión barnizada de historia, queremos, por amor a la verdad, sujetarnos a los detalles de la investigación e interpretarlos bajo el marco cronológico que corresponda.
Una de las cosas más emocionantes de la investigación histórica es el hallazgo de documentos inesperados que se cruzan en nuestro camino y nos cambian la vida, llegando, en algunos casos, a modificar la perspectiva histórica sobre un asunto. El asunto que aquí vamos a tratar es menor, a pesar de lo cual no deja de ofrecernos una lección de cómo se destripa la historia.
El corresponsal de la Real Academia de la Historia en Zaragoza en año 1884 era D. Francisco Zapater y Gómez, un especialista en la historia del Islam en España. En uno de sus interminables paseos en busca de libros se encontró por sorpresa con toda una biblioteca musulmana.
Pero dejemos que el académico Francisco Codera vuelva a narrarnos, como lo hizo en 1884, el devenir de los acontecimientos:
“...el celoso correspondiente en Zaragoza D. Francisco Zapater y Gómez había comunicado á la Academia el feliz hallazgo de una porción de manuscritos árabes, que habían aparecido al derribar ó reparar una casa antigua en Almonacid de la Sierra, en la provincia de Zaragoza. El mismo señor tuvo la bondad de comunicarme la noticia, que me hubiera hecho ir al sitio del hallazgo, no saber ya entonces que un amigo había adquirido algunos de dichos manuscritos y gestionaba la adquisición de otros.”
Dichos manuscritos estaban escondidos en el espacio que mediaba entre un piso ordinario y un falso piso de madera, hábilmente sobrepuesto, de modo que los libros, muy bien acondicionados en el espacio intermedio, han estado ocultos cerca de tres siglos, sin que nadie se haya apercibido de su existencia.
Por desgracia, al aparecer los manuscritos fueron creídos de ningún valor por los albañiles y peones, de modo que arrojados entre los escombros ó dejados á disposición del primero que llegaba, los muchachos se entretuvieron en romper las hojas y en hacer hogueras con ellas, destrozando más de 80 volúmenes y quemando quizá por completo no pocos.
No fué poca suerte el que al día siguiente ó á los dos días del hallazgo, pasara por dicho pueblo el reverendo P. Fierro, de las Escuelas Pías de Zaragoza, quien compró en el acto uno ó dos volúmenes que le presentaron, y esto fué causa de que ya se tuviera algún cuidado en no destrozar lo que iba apareciendo, ó que se recogiese lo que se habían llevado los chiquillos.
Avisado del hallazgo nuestro correspondiente D. Pablo Gil, se dirigió en el acto al punto del descubrimiento, y pudo adquirir una buena parte de lo que no había sido quemado, consiguiendo reunir un considerable número de manuscritos, de cuya adquisición me avisó inmediatamente, poniéndolos á mi disposición para su estudio.
Con la presencia de mi amigo y su interés en adquirir dichos manuscritos resultó, que aquellas gentes, para quienes tales libros no merecían la pena de ser conservados, creyeron entonces que valían un Potosí, y no quieren cederlos sino por precios exorbitantes.
No es fácil saber el número de volúmenes que aparecieron, ni aun el de los que se salvaron; pues es de suponer que algunos particulares hayan conservado algo á pesar de las gestiones de mi amigo y del reverendo P. Fierro, que en una nueva excursión á dicho pueblo, á instancia del reverendo P. Provincial, adquirió hasta 25 manuscritos: gracias á la amabilidad de uno y otro adquirente, he podido ver unos 140 manuscritos, acerca de los cuales me propongo dar á la Academia una ligera idea; pues para hacer de ellos un estudio detenido como merecen, necesitaba hacer este trabajo sumamente largo, y haberlos estudiado durante un par de meses en condiciones favorables.
En prmer lugar, debo manifestar que, en mi sentir, los manuscritos encontrados no pertenecieron a la biblioteca de un particular, sino que constituían el fondo del almacén de un librero morisco, que al tiempo de la expulsión debió esconder las existencias de su almacén en la esperanza de poder volver á su pueblo natal: para suponer esto me fundo, no sólo en la índole de los libros encontrados, sino más bien en la circunstancia de haberse hallado en el mismo punto los enseres de encuadernador, como prensa, cuchilla, alisadores y los hierros para las molduras de la pasta, cuyos objetos adquirió también mi amigo el Sr. Gil.
Al tener noticia del hallazgo, supuse que entre los manuscritos los habría aljamiados, pues era de creer que los hubiera de los últimos tiempos de los moriscos, en cuya época apenas había entre ellos quien entendiese la lengua árabe, ó al menos eran muchos los que no la conocían: la realidad ha venido á confirmar mi suposición, con la particularidad de que, no algunos, sino la mayor parte, son aljamiados; y la idea de que el árabe era desconocido para muchos se halla comprobada por el hecho de que varias de las obras, aun las de ciertas pretensiones, llevan traducción castellana interlineal. (...)
El estado fragmentario de muchos de los manuscritos hace que no sea fácil decir su contenido y que los títulos de la mayor parte me sean desconocidos: sólo 16 son los títulos árabes que he podido encontrar, pues como veremos luego, los aljamiados casi no puede decirse que lo tengan, ya que éste, en la mayor parte de los casos, se refiere al primer tratado ó capítulo: nombres de antores árabes he podido leer hasta 19. En el Diccionario de Hachi Jalifa, ó en otras obras, he podido encontrar tres ó cuatro de los títulos y los nombres de seis ó siete autores, de modo que aunque las obras en sí no sean de primera importancia, no dejan de tenerla, por ser desconocidas, ó al menos muy raras, y algunas de autores españoles. (...)
El manuscrito quizá más importante, y sin duda el más antiguo entre los procedentes de este hallazgo, es el marcado con el número 7 en la colección de los PP. Escolapios y 21 en la del Sr. Gil; pues destrozado el volumen, un fragmento que contenía los folios de 78 á 144 fué adquirido por el reverendo P. Fierro, y lo restante por el Sr. Gil: aunque muy deteriorada ya de antiguo la primera hoja del manuscrito, en la portada se distingue

Libro II del compendio de l Kitab al-Ain, obra de Ar.... ben Ahmed
de donde resulta que comprendía la segunda parte de un compendio de la tan conocida obra lexicológica atribuida á Al-Jalil. Quién sea el autor de este compendio no aparece claro: sólo sí que no es el español Abu-Bequer Mohammad ben Haçan Az-Zobaidi, de cuyo compendio da noticia Hachi Jalifa, y del cual se conservan preciosos ejemplares en España. (V. Derenbourg, Manuscrits Arabes de l'Escurial, núm. 569).
Del otro códice, que sigue en antigüedad al del año 435, al menos entre los que tienen fecha, también existe una parte en poder de los PP. Escolapios y la otra en el del Sr. Gil; este códice, cuyas partes llevan los números 18 y 92, es el segundo tomo de una obra de Derecho, extractada de los libros de los jurisconsultos Mohammad ben Abd-Allah beli Abu Zamanin (español), Mohammad ben Ahmed ben Al-Aththar, Ahmed ben Çaîd Al-Hindi y Muza ben Ahmed conocido por Al-Watid: coleccionó esta obra el faquih Abu-Mohammad Abd-Allah ben Abde-l-Wahid el fihri: la copia es del año 534. (...)
Del códice que para los españoles, y en especial para el que esto escribe, hubiera sido el más importante de los encontrados en Almonacid, sólo ha quedado una hoja entre lo que he visto: era un tomo de biografías de personajes españoles; de letra antigua, buena y en buena conservación: de cuatro ó cinco personajes se conservan las biografías, que no son largas, y de ellas sólo encuentro una en Aben-Pascual, no encontrándose las otras ni en Adh-Dliabbi, ni en Aben-Jallican: por si puede servir á otros para determinar la obra á que pertenece esta hoja, diremos que las biografías son de Abd-Allah ben Masarah ben Nachih Abu-Mohammad, de un Abd-Allah ben Maçud, natural de Toledo, y otro de los mismos nombres, natural de Murcia, á quienes sigue Abd-Allah ben Mofauwaz ben Mofauwazal-maafiri, natural de Xàtiba, cuya biografía aparece publicada en Aben-Pascual.” (...)
FRANCISCO CODERA.
Madrid 3 de Octubre de 1884.
Codera nos da noticia de varios hallazgos importantes, pero no hemos querido reproducir todos el texto por no cansar al lector. Entre estos documentos destacamos el Diccionario de Hachi Jalifa, toda una obra de compilación desconocida para los historiadores hasta ese momento. La obra más importante, según nos da noticia Codera, fue la de el Libro II del compendio del Kitab al-Ain, obra de Ar.... ben Ahmed. Este manuscrito fue un importante tratado de lingüística realizado por el autor español Al-Jalil.
El descubrimiento de Francisco Zapater y Gómez y la investigación de Codera nos da una lección académica. El historiador trabaja día tras día para ordenar el complicado puzzle de la Historia, durante semanas puede que ninguna pieza encaje, pero de repente todo comienza a ensamblar y nos acercamos un poco más a la verdad histórica.
Después de las fiestas continuaremos con nuestras reflexiones sobre el Islam.
Mario Escobar Golderos es licenciado y Diplomado en Estudios Avanzados (DEA) en Historia; así como director de la revista “Historia para el debate”
(c) M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2004)
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