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Protestantismo, protestantismos, identidad
LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO (V)
La presencia protestante en América Latina remite, inevitablemente, al tema de la identidad de los miembros de las comunidades que reivindican ese nombre, pero visto bien, ¿a quién le importa en la actualidad? ¿A quién puede interesarle algo que suena a la mayor abstracción que se pueda concebir? ¿A quién o a quiénes les afecta redefinirla o vivirla, o siquiera plantearla?
En las iglesias protestantes (o evangélicas) de hoy, el territorio más comprometido con estas preguntas, es en donde menos parece preocupar la continuidad o discontinuidad que puede haber entre el proyecto original del protestantismo y su realidad presente. El gran fenómeno de la Reforma es visto como algo sumamente remoto, anclado en una historia completamente ajena a nuestros intereses. Que se preocupen los europeos, porque entre ellos surgió.
Y vaya que si se han preocupado: hace pocos años, Pierre Chaunu, el eminente historiador francés, coordinó una obra de síntesis y divulgación que pasa revista a los grandes temas histórico-geográficos, teológicos y culturales del protestantismo, así como a su relación con el surgimiento de la modernidad en Occidente (1). Además, recientemente, algunos representantes de federaciones de iglesias plantearon un nuevo lenguaje o clasificación para referirse a las diversas reformas religiosas en una consulta realizada en febrero de 2000 en Estrasburgo, Francia (conferencia Praga vi ).(2) Pero entre nosotros no importa tanto, tal vez porque al parecer afrontamos otros cuestionamientos de índole histórica y la identidad protestante clásica nos resultaría una especie de camisa de fuerza importada para vehicular la manera en que nos hemos apropiado (y repartido) la herencia cristiana, a lo que hay que agregar que una clasificación así sería inaplicable para nosotros.(3)
En los últimos años, se han publicado en México dos libros importantes sobre la Reforma Protestante: del profesor dominico Gonzalo Balderas Vega, La Reforma y la Contrarreforma. Dos modos de ser cristiano en la modernidad; y de Juan A. Ortega y Medina, Reforma y modernidad.(4) Éste último afirma, perspicazmente, que el mundo protestante, que condenaba las obras, progresó gracias a ellas, y que, en cambio el mundo católico español que las exaltaba, se estancó sin remedio.
El católico posee la libertad trascendental, pero es esclavo del mundo. Puede argüirse que su libre albedrío bien gobernado por el entendimiento lo inclinará a elegir el bien, mas no se debe olvidar ni por un instante que el sumo bien es precisamente el renunciamiento total, y no hay razones por muy casuísticas que sean que digan lo contrario. Hay pues, un desequilibrio entre el ideal a que se aspira y las exigencias que la realidad impone. El calvinista, por contra, es esclavo de la trascendentalidad, pero vive en el mundo: y gracias a su vivir intramundano y activo puede manumitirse del yugo predestinatorio. La contradicción es, pues, sólo aparente, como lo fue en el pasado clásico el estoicismo [...] De parecida manera bien pudiera el protestantismo haber hecho del hombre un siervo de la allendidad, pero un amo y señor de la aquendidad.(5)
Lo anterior quizá se explique porque hemos entendido mal la observación generalizada acerca de que el carácter heterodoxo del protestantismo, como referente religioso, era (o es) incompatible con las sociedades hispanoamericanas, lo cual es cierto tal vez sólo en el sentido de que éstas seguían siendo cerradas, poco democráticas e intolerantes hacia las minorías sociales. Ya lo escribió Octavio Paz:
En ese momento [la expulsión de los jesuitas de las colonias españolas] se hizo visible y palpable la radical diferencia entre las dos Américas. Una, la de lengua inglesa, es hija de la tradición que ha fundado al mundo moderno: la Reforma, con sus consecuencias sociales y políticas, la democracia y el capitalismo; otra, la nuestra, la de habla portuguesa y castellana, es hija de la monarquía universal católica y la Contrarreforma. Los criollos mexicanos no podían fundar su proyecto separatista en su tradición política y religiosa: adoptaron, aunque sin adaptarlas, las ideas de otra tradición. Ése es el momento del segundo nacimiento de México; más exactamente: es el momento en que Nueva España, para consumar su separación de España, se niega a sí misma. Esa negación fue su muerte y, al mismo tiempo, el nacimiento de otra sociedad: México [...]
Desde el siglo xvi nuestra historia, fragmento de la de España, había sido una apasionada negación de la modernidad naciente: Reforma, Ilustración y todo lo demás. Al principiar el siglo xix decidimos que seríamos lo que eran ya los Estados Unidos: una nación moderna. El ingreso a la modernidad exigía un sacrificio: el de nosotros mismos. Es conocido el resultado de ese sacrificio: todavía no somos modernos pero desde entonces andamos en busca de nosotros mismos.(6)
Y en el mismo lugar agrega: "En nuestra América no hubo revolución religiosa que preparase la revolución política; tampoco hubo, como en Francia en el siglo xviii , un movimiento filosófico que hiciese la crítica de la religión y de la Iglesia".(7)
La presencia y el crecimiento del protestantismo representarían, entonces, la posibilidad de acceder, al menos en el campo de la religión, a algunas de las bondades de la modernidad occidental: la libertad de cultos y la ausencia del predominio de una sola tradición religiosa.
(1)
P. Chaunu, The Reformation . Alan Sutton, Inglaterra, 1989, traducción del original francés: L'aventure de la Reforme.
(2) Según esta clasificación, la "Primera Reforma", incluye a la Iglesia Valdense, la Iglesia Evangélica de los Hermanos Checos, la Iglesia Morava ( Unitas Fratrum ) y a la Iglesia Hussita, todas ellas remontando sus orígenes hasta antes de 1500; la "Reforma Radical", se refiere a los Menonitas, Hermanos Hutterianos, Amigos y la Iglesia de los Hermanos, conocidos todos como iglesias históricas de paz; y la "Segunda Reforma", designa a la Reforma Protestante clásica ("Magisterial") e incluye a las comuniones luterana, reformada y anglicana. Cf. "Prague vi . New Life in Christ", en Update, boletín de la Alianza Reformada Mundial, vol. 10, núm. 1, marzo de 2000, p. 6.
(3)
D esde España ha llegado: Salvador Castellote, Reformas y Contrarreformas en la Europa del siglo xvi . Madrid, Akal, 1997 (Historia del pensamiento y la cultura, 23).
(4)
El primero, publicado por la Universidad Iberoamericana en 1996, y el segundo por el Instituto de Investigaciones Históricas de la unam , en 1999.
(5) J.A. Ortega y Medina, op. cit., p. 160.
(6)
O. Paz, "El espejo indiscreto", en El ogro filantrópico. Historia y política 1971-1978 , México, Joaquín Mortiz, 1979, pp. 55-56, 57.
(7)
Ibid, p. 60.
Leopoldo Cervantes-Ortiz es
critor, médico, teólogo y poeta mexicano. Jornadas: 450 Años de la Biblia de Lutero 29 de octubre de 2004.
(c) Leopoldo Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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