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El gran recurso: la mostaza y la levadura
Toda generación tiende a centrarse en metáforas específicas para definir la vida cristiana. Durante el siglo XX se hizo mucho hincapié en la imagen de la "sal y luz" de Mateo 5. Se consideraba la sal como un agente de preservación, que detenía la corrupción y añadía sabor a los alimentos. La gente entendía la luz como algo que simbolizaba un camino distinto, y que ponía en evidencia el mal. Pero en Mateo 13 hallamos otro par de parábolas: la semilla de mostaza y 1a levadura.
La parábola de 1a semilla de mostaza nos enseña que las cosas pequeñas pueden marcar una gran diferencia a la larga. Al principio el Reino de Dios parece insignificante. Recibido solamente por un pequeño grupo de discípulos, hombres vulgares sin ninguna influencia social. Sin embargo, a pesar de la insignificancia de sus orígenes, como una semilla de mostaza> al final el Reino será un gran árbol, convirtiéndose en ámbito de influencia para el mundo.
Con esta parábola, Jesús contrapone el inicio imperceptible - aunque ya presente - del Reino y el esplendor futuro impresionante. Sin embargo se resalta, más que el gran árbol escatológico, el grano de mostaza; el acento se localiza precisamente en el estadio inicial, cuya sorprendente insignificancia no haría sospechar tan apoteósico final lo que Jesús trata de enseñar a sus contemporáneos no es que el Reino escatológico de Dios será grandioso, sino que ese final no exige necesariamente un comienzo igualmente espectacular. Y como prueba de ello Jesús muestra que en su propia vida, por menospreciable que pareciese a muchos (entre los que se contaban sus propios familiares), irrumpe ya de modo inesperado el Reino (Lc. 17:21).
La parábola de la levadura añade otra dimensión esencial a este asunto: "El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado": La levadura no sólo afecta a toda la masa, sino que la transforma en algo mucho más sabroso y satisfactorio: e1 pan. Sólo hacen falta 10 gramos de levadura para convertir en pan un kilo de harina. Lo que cuenta no es la cantidad, sino sus efectos. La levadura en tres medidas de harina es algo casi imperceptible. No obstante, ¡qué resultados! Su acción penetrante es transformadora y al final se evidenciará cómo todo y todos habrán sido afectados por e1 Reino.
El énfasis de estas dos parábolas recae en el poder inherente, en esta presencia actual, discreta, humilde, aunque tremendamente eficaz del Reino de Dios en el mundo.
El teólogo holandés Hermann Ridderbbos escribe al respecto: "Habiendo entrado el Reino de Dios en el mundo, hemos de confesar que este mundo se halla lleno del poder redentor de Dios."
Como súbdito del Reino de Dios, el cristiano debe ser un agente transformador de este mundo. No estamos aquí solamente para denunciar 1a corrupción, añadir sabor y señalar el pecado; tampoco debemos limitarnos a mostrar un camino diferente. Estamos en el mundo para transformar radicalmente la sociedad en la que Dios nos ha puesto , porque hablar del Reino de Dios es hablar del propósito redentor de Dios para toda la creación y de la vocación histórica que tiene la iglesia respecto a ese propósito aquí y ahora, "entre los tiempos."
El énfasis central del Nuevo Testamento es que Jesús ha venido a cumplir las profecías del Antiguo Testamento y que en su persona y obra e1 Reino de Dios se ha hecho una realidad presente (Mat. 11:2 y ss; Lc. 7:18 y ss.).
Ya que el Reino ha sido inaugurado por Jesucristo, no es posible entender correctamente 1a misión de la iglesia aparte de la presencia del Reino. La misión de la iglesia es una extensión de la misión de Jesús. Es la manifestación, aunque no completa, del Reino de Dios tanto por medio de la proclamación como por medio de la acción y el servicio social.
Imagínatelo. ¿Es así como te sientes? ¿Es en ésto en lo que te está ayudando a convertirte tu iglesia local?
Sin embargo, el cisma sagrado-secular nos ha llevado a una situación en la que la mayor parte de las actividades evangelísticas se han centrado en los lugares en los que pasamos menos tiempo y donde tenemos menos relaciones. Durante demasiado tiempo hemos permitido que la localización geográfica de la iglesia y el trabajo de ministerios "especializados" en la evangelización determinasen los límites de nuestra actividad evangelística, olvidando la distribución del pueblo de Dios y su enorme potencial.
Congresos de Evangelización, ¿reflexiones y conclusiones olvidadas?
La segunda mitad del siglo XX ha sido muy fructífera en la reflexión nacional e internacional sobre la responsabilidad evangelística de la Iglesia. En el otoño de 1966, destacados líderes evangélicos de los más diversos países colaboraron en la celebración del Congreso Mundial sobre Evangelización que, bajo el lema Una Raza, un Evangelio, una Tarea , tuvo lugar en Berlín. Este congreso, insuficientemente valorado en nuestros días pese a la gran riqueza de su contenido, marco el principio de un despertar de la conciencia evangélica al deber impuesto al pueblo cristiano por la gran comisión.
Posteriormente, en julio de 1974, el lema Oiga la Tierra su Voz presidió el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial en Lausana. Y en el intervalo entre los dos congresos mencionados se celebraron otros de ámbito más limitado; unos a nivel continental como el Congreso Europeo de Evangelización que, en 1977, tuvo lugar en Amsterdam, otros a nivel nacional o regional, como el Congreso Ibérico sobre Evangelización (CISE) el año 7974 en Madrid, y muchos más en otras partes del mundo. Finalmente en julio de 1989 se celebró, bajo los auspicios del movimiento de Lausana, el Congreso Internacional de Manila, al que asistieron 3000 participantes de 170 países.
Mencionamos este breve apunte histórico porque, en relación con el tema que estamos tratando, las conclusiones de todos ellos, nos recuerdan que la tarea evangelística de 1a iglesia para alcanzar un país, nunca será lo suficientemente eficaz hasta que el laicado emplee todas las oportunidades de evangelizar que le proporcionan cada día sus diversas ocupaciones, trabajos y profesiones.
A modo de ejemplo citamos las afirmaciones 12 y 14 que se realizaron en el Congreso Internacional de Manila y que quedaron registradas en la primera parte del llamado Manifiesto de Manila:
12. Afirmamos que Dios ha encomendado a toda la iglesia y a cada uno de sus miembros la tarea de dar a conocer a Cristo en todo el mundo; nuestro anhelo es que todos, sean laicos o ministros, sean movilizados y capacitados para esta tarea.
14. Afirmamos que los dones del Espíritu son repartidos a todo el pueblo de Dios, tanto a las mujeres como a los hombres, y que se debe promover la participación de todos en la evangelización para el bien común.
También nos recuerda dicho Manifiesto que: "El testimonio de los laicos, hombres y mujeres tiene lugar no sólo a través de la iglesia local, sino a través de amistades, en el hogar n trabajo son llamados a participar en la obra de testificar"
Nuestra primera responsabilidad es la de testificar a nuestros amigos, parientes, vecinos y compañeros. La evangelización que tiene como punto de partida el hogar es también natural, tanto para los casados cono para los solteros. Un hogar cristiano no sólo debería mostrar las normas de Dios para el matrimonio, el sexo y la familia, y ofrecer a personas lastimadas un ambiente de amor y paz sino que también debe ser un lugar donde puedan sentirse a gusto los vecinos que normalmente no visitarían una iglesia evangélica y esto aún cuando se hable del evangelio. "
"Otro contexto para el testimonio laico es el lugar de trabajo, porque es aquí donde la mayoría de los cristianos pasa la mitad de las horas de cada día, porque el trabajo es una vocación divina. Los cristianos pueden alabara Cristo con sus palabras, con el trabajo eficaz con su honradez y consideración hacia los demás, con su búsqueda de justicia en el lugar de trabajo, y este testimonio cobra eficacia especial si los demás pueden ver por la calidad de su trabado diario que está hecho para la gloria de Dios. " (El Manifiesto de Manila, "Los testigos humanos", pág. 11, Documento de la Comisión de Teología de la AEE, Barcelona, 1990).
Indudablemente el ámbito geográfico de la iglesia local, el vecindario> es importante. ¡Por supuesto! Sobre todo para aquellos creyentes que tienen relaciones dentro del mismo, v es incluso más importante v significativo cuando "vecindario" no sólo se define como el contexto en el que las personas tienen amistades, sino aquel en el que funcionan escuelas, hospitales, tiendas v clubes, en el que la comunidad va adquiriendo su forma.
Sin embargo, las afirmaciones de Manila nos recuerdan que si la iglesia no aborda también el contexto laboral, no estará cumpliendo fielmente con la gran comisión v en consecuencia evangelizar un país, una ciudad, una sociedad cualquiera será muy difícil de lograr. La historia así lo evidencia y analizándolo objetivamente observamos que tiene sentido.
Además de lo dicho, tanto el Pacto de Lausana, como el Manifiesto de Manila recogen también, de forma explícita o implícita, otros puntos importantes que ahora destacamos
1) El equipo clave para las misiones no es primariamente el pastor, sino todos los creyentes. Para esto existe una sencilla razón: hay, muchos más creyentes que evangelistas v obreros juntos. La tarea privilegiada de los pastores y maestros es la de guiar al pueblo de Dios hacia la madurez (Col. 1:28) v equiparlos para el ministerio (Ef. 4:11-12). Los pastores no deben monopolizar los ministerios, sino multiplicarlos animando a otros a usar sus dones y entrenando a discípulos para hacer discípulos. El dominio de los laicos por los pastores ha sido un gran mal en 1a historia de la iglesia . Priva tanto a los laicos como a los pastores del papel que Dios les ha encomendado, produce sobrecarga en éstos, debilita la iglesia y obstaculiza el avance del evangelio. Además, es fundamentalmente no-bíblico. Por tanto, nosotros, que durante siglos hemos insistido en el "sacerdocio de todos los creyentes", ahora también insistimos en el ministerio de todos los creyentes. (Cf. El Manifiesto de Manila, pág. 10).
2) El fundamento para 1a evangelización es relacional. El motivo de que el laicado sea crucial no es sólo numérico. Se debe a que todos los estudios indican que las relaciones humanas son un factor importantísimo un el que una persona se convierta al cristianismo. Los creyentes que asisten a las diferentes iglesias locales probablemente están relacionados con más del 90% de la población de su localidad. Puede que muchos digan que fue un Curso Bíblico por Correspondencia el instrumento que los ayudó a conocer el Evangelio, o una predicación escuchada en un momento concreto, pero lo más normal es que sean las relaciones personales las que influyan en una persona para dar crédito e interesarse por el Evangelio.
3) Mientras que las personas tienen relaciones en todo tipo de contextos en los que puede predicarse e1 evangelio (clubes deportivos, diversos centros de actividades de tiempo libre, en internet, en el tren), el lugar de trabajo es el lugar donde la mayoría de cristianos mantienen un número más elevado de relaciones humanas.
4) El lugar de trabajo es donde los cristianos resultan más creíbles. La mayoría de cristianos trabajan bien. La mayoría tienen una buena relación con sus compañeros, y esto hace que los consideren creíbles. (Cf. Manila, pág. 11).
5) En el lugar de trabajo se aprecia la transparencia y honestidad de los cristianos. Las personas pueden ver la diferencia de una vida transformada por Cristo. La gente nos ve tener éxito y fracasar; perder los nervios o dominarnos; murmurar o decir las cosas cara a cara; culpar a otros o asumir nuestra responsabilidad cuando nos hemos equivocado. La gente aprecia si realmente nos importan la honradez v la integridad. La gente detecta si los demás nos importan o no. Perciben si Dios es importante para nosotros o no. No podemos escondernos.
Durante los últimos años el entorno laboral se ha vuelto, si cabe, más importante para la misión, porque la gente mantiene menos relaciones personales fuera de él, y porque el lugar de trabajo suele ser casi el último ámbito en el que personas de diferentes edades, grupos socioeconómicos, etnias y estadios de la vida, tienen un contacto significativo y regular. Por ejemplo, no vemos a mucha gente de 47 años saliendo con personas de 25. Pero en el entorno laboral se pueden relacionar, y se relacionan, personas de entre 18 y 65 años.
Cada vez hay un número mayor de líderes que entienden la importancia que tiene el lugar de trabajo, sin embargo, a pesar de las recomendaciones v conclusiones de todos los grandes Congresos de Evangelización, aún no se ha convertido en parte activa de la planificación estratégica de la mayoría de iglesias. Básicamente, la idea clave no es la importancia del lugar de trabajo. La idea clave es admitir el potencial de todo cristiano para evidenciar que es un discípulo de Cristo en el lugar donde está, como mínimo, 40 horas semanales, sembrar el evangelio en las interrelaciones de que disfruta la mayor parte de su tiempo .
Sin embargo, tristemente, los héroes y heroínas de la iglesia aún tienden a ser "los profesionales" , personas con un extraordinario talento que llevan unas vidas tremendamente fructíferas en la obra cristiana "a tiempo completo", a menudo en circunstancias inusuales. Este modelo elitista suele desanimar fácilmente al resto de creyentes. No somos tan listos, tan valientes, no tenemos el don de predicación o ni siquiera oímos el susurro más mínimo de un llamamiento que nos pida irnos a servir al otro lado del mundo. ¿Será que en la vida cristiana cotidiana no hay heroísmo?
La realidad es que, un día sí y otro también, los cristianos normales hacen cosas extraordinarias en circunstancias asombrosas : no sólo llegando a sus amigos y compañeros, sino también transformando escuelas y centros urbanos, elaborando prácticas y estrategias de producción.
Por ello, el mismo Manifiesto de Manila (pág. 11) recoge la siguiente confesión: "Nos arrepentimos de las veces que hayamos desanimado a los laico; en su ministerio, en especial el ministerio de las mujeres y de los jóvenes. Nos comprometernos de aquí en adelante a estimular a todos los seguidores de Cristo a ocupar el lugar que les corresponda de manera justa y natural, como sus testigos. La verdadera evangelización procede del rebosamiento de un corazón enamorado de Cristo. Por eso corresponde a todo su pueblo sin excepción
Quizás por ello, en las últimas décadas, se ha producido cierto énfasis en "el ministerio de cada miembro", pero éste ha quedado confinado sobre todo al "ministerio de cada miembro en la iglesia", y no se entiende como "el ministerio de cada miembro allá donde Dios lo llame'.
Sin embargo, deberían ser los cristianos "de a pie" quienes realicen el trabajo del ministerio, el testimonio v la transformación. Y ser los pastores y líderes quienes deberían abordar la misión de dotar de visión, formar y respaldar a los creyentes en ese papel.
(c) Alianza Evangélica Española, "Imagina", número especial de la revista Idea nº 5, 2004 (análisis de la realidad de la iglesia en España por parte de la AEE) |
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