D o m i n i c a l
Número 64 - 16 de enero 2005
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NOTÍCIES

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

DIRECTORIO

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
 
maximo garcia ruiZ  
[ Imprimir ] [ email ]

Otros fundamentalismos

Debo confesar que siento alergia por los fundamentalismos. Especialmente por el fundamentalismo religioso que impone su propia visión de Dios y de su doctrina y no es capaz de admitir ningún tipo de disidencia o desvío de las pautas marcadas por los gurús de turno; que muestra una absoluta ceguera ante lo que para otros es tan obvio que no admite duda alguna; que asume su propia ideología como si de un dictado divino directo y personal se tratara; que no es capaz de tomar en consideración las posibles interpretaciones que a un mismo texto pueden dársele si se le contempla desde ángulos diferentes; que son incapaces de entender que una misma fe puede conducir a compromisos diferentes; que es capaz de despreciar y demonizar a quienes se atreven a reflexionar y diseccionar, si fuere necesario, las grandes verdades o dogmas de la religión a fin de encontrarse con la parte de verdad que son capaces de asimilar y hacer suya; que se consideran en el derecho de imponer sus creencias cuando las circunstancias sociales y políticas se lo permiten, aunque sea haciendo uso de la fuerza, por lo que la palabra pluralismo se les antoja algo diabólico, especialmente si se trata de admitir la posibilidad de que pueda existir en un mismo espacio geográfico una opción múltiple religiosa, es decir, el pluralismo religioso.

Bien es cierto que la palabra en sí, fundamentalismo, se deriva de un adjetivo, fundamental , cargado de dignidad: "aquello que sirve de fundamento", "lo más importante, lo que influye más poderosamente o lo indispensable en alguna cosa". Pero cuando adquiere la forma de sustantivo, su sentido semántico se carga de ideología y conduce irremediablemente al fanatismo , introduciendo elementos de exaltación e intolerancia.

La historia nos enseña lo peligrosos que son los fundamentalismos ideológicos tanto políticos como religiosos (conocidos estos últimos en algunos sectores como integrismo); en cualquier caso, mucho más peligrosos llegan a ser los religiosos que los políticos, por tener mayor calado, mayor incidencia en la vida de las personas.

Pero una vez dicho esto, debemos afirmar que existen otros fundamentalismos disfrazados de liberalismo, modernismo, progresismo, y otros "ismos" de corte semejante que, en nombre de una ciencia que en muchos casos sus valedores no son capaces de digerir, o de una hermenéutica que no se han tomado la molestia de estudiar, o de una crítica textual de la que apenas si han oído hablar, son capaces de negar a sus semejantes la posibilidad de vivir una genuina experiencia religiosa de corte profunda y sinceramente espiritual. Esas personas son incapaces de admitir que el Espíritu, como el viento, sopla de donde quiere y como quiere, y que el ser humano es capaz de trascenderse a sí mismo y establecer contacto directo con Dios, mediante una experiencia espiritual enriquecedora, irracional , que le lleva a adoptar un orden de prioridades diferente para su vida que, en cualquier caso, y en última instancia, es alimentada por la fe personal, y que se enmarca en el reducto sagrado de la vida íntima. Niegan, en la práctica, la mística de Pablo, de Agustín y de otros padres de la Iglesia, de Lutero, de Menno Simons, de san Juan de la Cruz y de otros muchos cristianos a lo largo de XX siglos de testimonio; ignoran la interpretación mística de Martín Buber (cf. "Confesiones extáticas", "El principio dialógico"); y, por supuesto, despojan de contenido las aportaciones positivas de los movimientos de renovación carismática , una vez liberados esos movimientos de cierto folklorismo oportunista.

Necesitamos, ciertamente, el kerigma para fundamentar nuestra fe, pero no podemos renunciar de la mística, la experiencia personal, el soplo del Espíritu, para edificar nuestra vida espiritual . Sin esa dimensión trascendente de la fe, sin el misterio de Dios, que se comunica a sí mismo de forma gratuita, el cristianismo se queda en un mero sistema ético en competencia con otros sistemas seculares. La experiencia religiosa es parte esencial de la vida cristiana, tanto como pueda ser la fe. Es más, sin esa experiencia personal que trasciende el entendimiento, que introduce al ser humano en el terreno de la mística, no hay conversión, y sin conversión no hay vida cristiana.

La absolutización de una verdad, sea cual fuere, nos conduce irremediablemente al fundamentalismo y el fundamentalismo desemboca sin remedio en el fanatismo ; pero la tozudez derivada de un determinado progresismo de salón , en el que fácilmente puede confundirse la dimensión intelectual con el papanatismo mimético , puede convertirse, y de hecho así ocurre con demasiada frecuencia, en un desprecio a la parte más sagrada del hombre, que es su capacidad íntima y personal de profundizar en su propia vida espiritual, en la forma y manera que a él le resulte más gratificante, dando sentido al fomento de su particular experiencia espiritual , que es la que le hace sentirse en plena sintonía con Dios.

 

Máximo García Ruiz es Secretario ejecutivo del Consejo Evangélico de Marid; licenciado en Sociología y doctor en Teología; rector del Instituto Superior de Estudios Teológicos de España,; y miembro de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y de la Asociación de Teólogos Usoz y Río.
(c) Máximo Gª Ruiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005

 
[ Imprimir ] [ email ]
 
 
EDITORIAL
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
dLirios
Luis Marián
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO

Enfoque
Juan A. Monroy

. PUBLICIDAD





© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: