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Número 64 - 14 de enero 2005
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LUIS MARIÁN
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La playa

"Estaba en la playa y el agua comenzó a ponerse rara, había burbujas
y de repente la marea comenzó a retirarse. Comprendí lo que pasaba,
tenía la sensación de que iba a llegar un tsunami y se lo dije a mi mamá"

Gracias al aviso de Tilly, una niña inglesa de diez años, un centenar de personas pudieron salvar su vida en una playa de Tailandia. Ella sabía que estas señales daban un margen de diez minutos para escapar de la destrucción total, y así lo hizo saber a quienes la acompañaban en aquel paradisíaco baño. Diez minutos dados por una niña de diez años con una formación diez en Geografía.

En estos mismos lugares de Tailandia fue donde el actor Leonardo DiCaprio protagonizó la película La playa , una historia basada en la novela de Alex Garland en la que unos jóvenes pretenden construir su acotado paraíso, un maravilloso lugar apartado del mundo caído que todos conocemos. Como era de prever, en esta nueva oportunidad otorgada al Edén la historia del fracaso humano se repite. Resulta fácil imaginarse que si la narración pretende esbozar dosis de realismo, una condición humana propensa al mal no tardará en convertir el Cielo en infierno. Y así ocurre en La playa , una ficción real cuyos majestuosos escenarios son hoy un estercolero a causa del tsunami.

La evidente inspiración en El señor de las moscas del Nobel de Literatura (1954) William Golding no es más que otra escenificación del mito de la sociedad utópica, ese sueño donde desesperadamente se obvia que el hombre es el principal enemigo del hombre.

Las costas de Tailandia nos vuelven a lanzar las mismas advertencias de siempre. Los sueños que sirvieron de marco para la historia de DiCaprio quedan hoy, como en Titanic , entregados a la dictadura del rey océano, símbolo bíblico del mal. En esta historia, la devastación del corazón humano se suma de nuevo a la devastación del paisaje arrebatado.

Una vez más, la Biblia tiene razón, y la tiene desde el principio, pues es en el libro de Génesis donde se nos cuenta que nuestra condición es, simplemente, propensa a la agresión debido a una rebelión antigua. Y como comprobamos cada día, la ira egoísta de Adán y Eva nunca se ha vuelto a ir de nosotros. Día a día verificamos que la búsqueda autónoma del Edén se hace imposible. Día a día comprobamos que no conseguimos amar al prójimo porque nunca llegamos a amarnos a nosotros mismos.

A lo violento de nuestra mediocridad como especie le acompaña la no menos irritante evidencia de que la Caída del Edén también afectó a los átomos del universo. El magma terráqueo, el invierno de Soria, los meteoritos, el océano, los escorpiones, nuestro ADN y hasta el éter vomitan violencia y rebelión. Pero la historia de Tilly, la niña ángel de Tailandia, nos recuerda que en lo más ignorado e inesperado puede esconderse la libertad.

El aviso urgente para evacuar la costa ya resonaba en el evangelio de Lucas , en el momento en que alguien se dijo a sí mismo aquello de "Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?" (Lucas 12, 19-20). De diez minutos dispusieron aquellos cien que salvaron su vida de las garras del tsunami. Aquellos que arrastraban la arena con sus suelas evitaron ser arrastrados por la pisada del mar, consiguieron la salvación porque decidieron escuchar a quien tenía respuestas para tanta extrañeza.

Pero en un mundo donde el corazón humano y la naturaleza se alían para golpear con oscuridad no todo está perdido. Hoy, entre nosotros, sigue vivo quien avisa de que el agua está rara; sigue en pie quien avisa que siempre lo ha estado; y el camino ya está indicado por quien anduvo sobre el mar. El escape lo señala quien se presenta a sí mismo como "el" camino, quien un día calmó la tormenta sobre ese mar, quien lo abrió en dos mitades para que su pueblo pasara, quien sacó peces de donde no los había. Quien un día calmará las aguas de forma absoluta.

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III, y coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España.

 
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