
|
 |
 |
 |
|
|
Recomendar
|
|
|
Agregar a
favoritos |
|
|
Página de inicio |
|
|
¿Quiénes somos? |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
Saber escuchar al pueblo
¿Cómo podrá la iglesia forjar comunidades cristianas que contribuyan a liberar la fuerza del pueblo de Dios? Primero, preguntemos a ese pueblo; y luego tomémonos en serio las respuestas. Por supuesto, los líderes son los encargados de marcar la dirección general, pero los buenos líderes también querrán saber a que problemas se enfrentan los creyentes, y cuales son los recursos necesarios para superarlos. Debemos prestar oído no solo a la Palabra de Dios y al mundo (esa doble escucha, como la definía John Stott), sino también al pueblo de Dios: la triple escucha.
Esto no es una ideología centrada en el maestro, sino en el discípulo. Este paradigma no comienza con la película "¿Cómo te expreso lo que sé?", sino con otra del estilo de "¿Cómo puedo ayudarte a vivir para Cristo allá donde estés?" O preguntas mas concretas, como:
¿A qué problemas te enfrentas en la vida? ¿Qué te pide Dios que hagas?, ¿Qué conocimientos crees que te faltan? ¿Qué habilidades tienes que dominar? ¿Qué preguntas formulas tú o tus amigos no cristianos? ¿Qué recursos te serían de utilidad? ¿Qué respaldo necesitas por parte de tu iglesia? ¿Qué podríamos descubrir?
PODRÍAMOS DESCUBRIR
Podríamos descubrir que muchos de nosotros nos estamos esforzando por integrar fe y vida, por fusionar fe y trabajo. Podríamos descubrir que nosotros mismos tenemos una serie de preguntas sin respuesta, y que no tenemos la confianza suficiente para responder a las preguntas que, imaginamos, nos plantearán los inconversos.
Podríamos descubrir que en muchas áreas tenemos sed de una sabiduría que dirija nuestras vidas: para elegir una carrera, un cónyuge, para seguir casados, para criar a nuestros hijos, para administrar nuestra economía.
Podríamos descubrir que muchos de nosotros nos sentimos culpables por lo que consideramos nuestra incapacidad de marcar una diferencia, que muchos no sabemos realmente cómo compartir nuestra fe, y que sentimos recelo hacia los métodos muy estandarizados.
Podríamos descubrir que la barrera más importante que los cristianos consideran que impide que desarrollen su pleno potencial en Cristo en el ámbito de las misiones es el miedo: miedo a su propia ignorancia, a su propia autoestima, a la vergüenza, al fracaso, a decepcionar a Dios.
Esto no nos inhibe de la responsabilidad de intentar compartir a Cristo. Sabemos que Él espera que su pueblo dé testimonio de Él : "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo. Y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta en lo último de la tierra." (Hch. 1:8).
A pesar de todo, este entendimiento contemporáneo del concepto del testimonio se opone a que una mayoría de personas lo practique. Un testigo no es necesariamente un predicador o el participante en un debate. Un testigo es alguien que dice a otros lo que ha visto y experimentado.
No se necesita una formación especial para hablar a los demás sobre el día en que conocimos al amor de nuestra vida. No necesitamos formación para hablar a nadie del gimnasio donde practicamos ese squash que tanto nos gusta. Bien pudiera ser que nos contestasen que la pista de squash de su gimnasio es mejor, o que no les gusta el squash por que es el ámbito de los escopetados de clase media, o que el tenis es un juego más apasionante.
(c) Alianza Evangélica Española, "Imagina", número especial de la revista Idea nº 5, 2004 (análisis de la realidad de la iglesia en España por parte de la AEE) |
|
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
 |
 |
|
 |