D o m i n i c a l
Número 64 - 16 de enero 2005
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NOTÍCIES

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

DIRECTORIO

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
Muy personal
ALIANZA EVANGELICA ESPAÑOLA 
[ Imprimir ] [ email ]

Saber escuchar al pueblo

¿Cómo podrá la iglesia forjar comunidades cristianas que contribuyan a liberar la fuerza del pueblo de Dios? Primero, preguntemos a ese pueblo; y luego tomémonos en serio las respuestas. Por supuesto, los líderes son los encargados de marcar la dirección general, pero los buenos líderes también querrán saber a que problemas se enfrentan los creyentes, y cuales son los recursos necesarios para superarlos. Debemos prestar oído no solo a la Palabra de Dios y al mundo (esa doble escucha, como la definía John Stott), sino también al pueblo de Dios: la triple escucha.

Esto no es una ideología centrada en el maestro, sino en el discípulo. Este paradigma no comienza con la película "¿Cómo te expreso lo que sé?", sino con otra del estilo de "¿Cómo puedo ayudarte a vivir para Cristo allá donde estés?" O preguntas mas concretas, como:

¿A qué problemas te enfrentas en la vida? ¿Qué te pide Dios que hagas?, ¿Qué conocimientos crees que te faltan? ¿Qué habilidades tienes que dominar? ¿Qué preguntas formulas tú o tus amigos no cristianos? ¿Qué recursos te serían de utilidad? ¿Qué respaldo necesitas por parte de tu iglesia? ¿Qué podríamos descubrir?

PODRÍAMOS DESCUBRIR
Podríamos descubrir que muchos de nosotros nos estamos esforzando por integrar fe y vida, por fusionar fe y trabajo. Podríamos descubrir que nosotros mismos tenemos una serie de preguntas sin respuesta, y que no tenemos la confianza suficiente para responder a las preguntas que, imaginamos, nos plantearán los inconversos.

Podríamos descubrir que en muchas áreas tenemos sed de una sabiduría que dirija nuestras vidas: para elegir una carrera, un cónyuge, para seguir casados, para criar a nuestros hijos, para administrar nuestra economía.

Podríamos descubrir que muchos de nosotros nos sentimos culpables por lo que consideramos nuestra incapacidad de marcar una diferencia, que muchos no sabemos realmente cómo compartir nuestra fe, y que sentimos recelo hacia los métodos muy estandarizados.

Podríamos descubrir que la barrera más importante que los cristianos consideran que impide que desarrollen su pleno potencial en Cristo en el ámbito de las misiones es el miedo: miedo a su propia ignorancia, a su propia autoestima, a la vergüenza, al fracaso, a decepcionar a Dios.

Esto no nos inhibe de la responsabilidad de intentar compartir a Cristo. Sabemos que Él espera que su pueblo dé testimonio de Él : "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo. Y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta en lo último de la tierra." (Hch. 1:8).

A pesar de todo, este entendimiento contemporáneo del concepto del testimonio se opone a que una mayoría de personas lo practique. Un testigo no es necesariamente un predicador o el participante en un debate. Un testigo es alguien que dice a otros lo que ha visto y experimentado.

No se necesita una formación especial para hablar a los demás sobre el día en que conocimos al amor de nuestra vida. No necesitamos formación para hablar a nadie del gimnasio donde practicamos ese squash que tanto nos gusta. Bien pudiera ser que nos contestasen que la pista de squash de su gimnasio es mejor, o que no les gusta el squash por que es el ámbito de los escopetados de clase media, o que el tenis es un juego más apasionante.


Artículos anteriores de IMAGINA:
   1  Imagina: ¿puedes marcar la diferencia?  
   2  El camino hacia la intrascendencia de la iglesia: la cultura  
  La privatización del cristianismo  
  La gran división  
  El gran recurso: la mostaza y la levadura  
  Deja ir a mi pueblo  

(c) Alianza Evangélica Española, "Imagina", número especial de la revista Idea nº 5, 2004 (análisis de la realidad de la iglesia en España por parte de la AEE)
 
[ Imprimir ] [ email ]
 
 
EDITORIAL
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
dLirios
Luis Marián
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO

Enfoque
Juan A. Monroy

. PUBLICIDAD






© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: