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¿Evangélicos o protestantes?
LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO (VII)
Ahora se acepta que se es evangélico(a), pero no protestante, e incluso algunos estudiosos han renunciado al uso del término, sin explicación alguna.(1) En el interior de las iglesias la renuncia al nombre protestante se da muchas veces en términos agresivos y viscerales, porque se le identifica con una tradición abstracta, fría e intelectualizante.
Al rechazársele sistemáticamente, deja de ser una referencia cultural y, aun cuando las doctrinas reconocidas como básicas se ubican en el espectro de lo típicamente protestante, las actitudes y la práctica eclesiástica manifiestan una abierta negación de los postulados concretos de las Reformas. Además, la casi nula aceptación y promoción de dichos postulados en los documentos de las iglesias, es resultado del escaso arraigo de la vertiente histórica de dicha tradición.
El término evangélico plantea problemas de ubicación histórica, doctrinal e ideológica, debido a la natural asociación con lo que representa el vocablo inglés evangelical,(2) el cual remite, forzosamente, al origen exógeno de la presencia protestante en América Latina. El sociólogo brasileño Antonio Gouvêia Mendonça lo ha explicado muy bien:
El protestantismo como tal, es decir, el tradicional o histórico, como es llamado, llegó a América Latina bajo el signo de los revivals, que corresponden al extenso periodo que va de mediados del siglo xviii hasta mediados del xix . Los revivals [o avivamientos] consistieron en ondas sucesivas de intenso despertar religioso en los cuales la conversión individual ocurría en el entrecruzamiento de la razón con la emoción. En América Latina sucedió lo mismo porque la estrategia del mensaje religioso fue la misma. Con el tiempo los predicadores revivalistas que mantenían vivo al protestantismo desaparecieron. Lo que quedó fue una pedagogía racionalista, perdiéndose el rasgo emotivo del discurso. Esta religión racional no resistió la oleada de misticismo de la segunda mitad de este siglo.(3)
Con esto en mente, es posible advertir que la llegada del protestantismo a América Latina pasó por el filtro de más de cuatro siglos de confesionalismo e inculturación en el ambiente anglosajón. De modo que, sin temor a equivocarse, es posible afirmar que a este continente llegó una versión del protestantismo en sus variantes denominacionales.(4)
Aunque, dicho sea de paso, uno fue el proyecto misionero (escuelas, hospitales, proyección sociopolítica de conversos notables, asimilación cultural) y otro, muy diferente, el que se concretó realmente mediante las mutaciones de la clase media, su clientela privilegiada.
Asimismo, las culturas (o subculturas) protestantes se han ido transformando mediante la popularización uniformadora, explicable tal vez por la profunda pentecostalización que todo lo fagocita y lo invade, incluyendo a ciertas zonas del catolicismo romano. (5)
En el próximo y último artículo de esta serie, analizaremos cómo ha subsistido la identidad protestante en México en especial y Latinoamérica en general, contestando a una serie de preguntas: ¿Cómo y dónde sobrevive la identidad protestante? ¿Fragmentada y fragmentaria, se le puede encontrar sin duda entre algunas denominaciones "históricas"? ¿Cómo asumir la identidad, la mentalidad o el espíritu protestante?.
(1) Un ejemplo reciente lo constituye el libro de Tomás Gutiérrez S., Los evangélicos en Perú y América Latina . Lima, Cehila- ahp , 1997, en el que la categoría "protestantismo" preside cinco de los siete ensayos que lo forman.
(2) José Míguez Bonino, Rostros del protestantismo latinoamericano . Buenos Aires-Grand Rapids, Nueva Creación-Eerdmans, 1995, en una nota, ha tratado de explicar esta dificultad recurriendo al uso de algunos diccionarios. En su texto sigue la definición de George Marsden, un teórico fundamentalista, quien escribió que los evangélicos son "gente que profesa una total confianza en la Biblia y se preocupa por el mensaje de salvación que Dios ofrece a los pecadores por medio de la muerte de Jesucristo", p. 35. Como se ve, no hay ninguna referencia a la Reforma del siglo xvi . El asunto se complica más cuando, siguiendo una línea equívoca de polarización ideológico-práctica, se califica a algunos de protestantes evangélicos (de tendencia conservadora, fundamentalista, proselitista) , en oposición a los protestantes ecuménicos (modernistas, de izquierda, progresistas).
(3) A. Gouvêia Mendonça, “O protestantismo latino-americano entre a racionalidade e o misticismo”, Ponencia presentada en la Mesa Dilemas do Protestantismo Latinoamericano, VIII Jornadas sobre Alternativas Religiosas na América Latina, Sao Paulo, Brasil, 22 a 25 de septiembre de 1998. Texto tomado de: www.sociologia-usp.br/jornadas/papers/mr06-2.doc. Traducción de L. Cervantes-Ortiz.
(4) Una denominación, a diferencia de una confesión, es la manifestación eclesiástica institucional más típica de los Estados Unidos. Existe un estudio viejo, pero sumamente valioso de H. Richard Niebuhr, The social sources of denominationalism (1919) . Sobre el trabajo misionero estadounidense, véase A. Piedra, Evangelización protestante en América Latina. Tomo II. Quito, Clai, 2002.
(5) Cf. J.-P. Bastian, Las mutaciones religiosas de América Latina, pp. 59-68, 203-207.
Leopoldo Cervantes-Ortiz es
critor, médico, teólogo y poeta mexicano. Jornadas: 450 Años de la Biblia de Lutero 29 de octubre de 2004.
(c) Leopoldo Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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