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“Recuerda que eres mortal”
Por medio de una columna en la prensa, conocí la existencia de los ars moriendi -especie de manuales de autoayuda para morir ‘cristianamente' y que surgen al término de la Edad Media-, y se reseñaba “Artes de bien morir” (1).
Al principio, me llamó mucho la atención un nombre que el escritor manejaba: Mañara . Es el mismo que utiliza Antonio Machado en “Retrato”, para decir lo que él fue por negación, o sea: “Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido…”. Pues, precisamente Miguel de Mañara fue un conocido seductor del siglo XVII pero, más famoso aún si cabe por la drástica decisión que tomó, en oposición a todo lo vivido: tanto se arrepintió de la vida que había llevado que optó por tomar hábitos. El autor lo relata así:
“(…) Don Miguel de Mañara (2), cuya vida ha dejado tras de sí un hálito de leyenda, que hoy sabemos falsa en buena medida. Durante años, sin embargo, se pensó que era el modelo real de don Juan Tenorio. En cualquier caso, sí se atribuye a don Miguel de Mañara el lance de la antigua calle sevillana del Ataúd, conforme al cual el caballero, que iba a una cita amorosa al margen de su matrimonio, asistió sorprendido una noche a su propio entierro, pues, cuando oyó decir: «Traigan el ataúd, que ya está muerto», sufrió un extraño golpe en la cabeza que lo derribó y, al despertarse, decidió cambiar su camino y no acudir a la cita previa. Gracias a eso salvó su vida, ya que le estaban esperando para matarlo. La tradición atribuye a esta aventura su conversión, aunque no sea necesario entenderlo así. (…) De cualquier modo, el caballero de la orden de Calatrava acabó solicitando su ingreso en la Hermandad de la Caridad de Sevilla en 1662, tras haber sufrido una indudable conversión, y en dos años era ya hermano mayor de dicha cofradía, para la que construyó el espléndido Hospital de la Caridad de Sevilla con su extraordinaria iglesia, flanqueada interiormente por dos magníficos cuadros macabros y bellos, denominados Jeroglífico de las postrimerías y Triunfo de la muerte, que encargó a Valdés Leal, «en los que parece como si quisiera retratarse a sí mismo, cadáver en descomposición a medio cubrir con el hábito blanco de Calatrava» (3)
La misma iglesia en cuyo suelo de entrada ordenó que le enterrasen, para que todo el que accediera a ella pisara simbólicamente sus huesos, en expiación de sus pecados, y con una inscripción lapidaria que reza así: «Aquí yacen los huesos y cenizas del peor hombre que ha habido en el mundo. Rueguen a Dios por él [...]. Mandóse enterrar en el pórtico, fuera de esta iglesia, para ser hollado y despreciado por todos en la muerte, ya que no pudo su humildad conseguirlo en la vida».
Asegura este escritor que “Discurso de la verdad”, escrita por don Miguel de Mañara tras su arrepentimiento, “es la más apasionante y desgarrada de las artes barrocas de bien morir”.
La muerte repugna a todos, lo que no es extraño ya que nuestro propio Señor lloró al conocer la muerte de Lázaro , y, seguramente, por su existencia en la vida del hombre. Aunque, al tiempo que la ‘probó', para que su humanidad fuera perfecta, nos dejó la firme esperanza de que podemos derrotarla con Su poder: hay resurrección, hay otra vida.
(1) “Artes de bien morir”, Antonio Rey Hazas. Ediciones Lengua de Trapo, 2003.
(2) Véase Francisco Martín Hernández, Miguel de Mañara, Sevilla, 1981.
(3) lbídem, página 54.
(*) Esta frase (MEMENTO MORI) se la iba diciendo un esclavo al emperador romano en los desfiles triunfales.
Sergio de Lis es crítico literario y parte de la Redaccción de la revista Edificación Cristiana. (Publicado en Edificación Cristiana nº 213. RESUMIDO por el autor)
(c)
S. de Lis, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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