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Animales en el tsunami
"El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor;
Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento"
( Isaías 1:3 )
"Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo,
y la tórtola y la grulla y la golondrina
guardan el tiempo de su venida;
pero mi pueblo no conoce el juicio del Señor"
(
Jeremías 8:7 )
Uno de los hechos que ha dejado extrañada a la opinión pública con motivo del reciente tsunami que tantas vidas se ha cobrado, ha sido el que no hayan aparecido cadáveres de animales como consecuencia del desastre. Frente a las escalofriantes cifras de seres humanos muertos contrasta el que no se encontrara rastro de lo que debería ser otra cifra abultada, pero esta vez en el orden animal. Se ha propuesto la teoría, para explicar esa realidad, de que hay un sexto sentido que los animales tienen y que a nosotros nos falta, aunque otros niegan tal aseveración. En cualquier caso es evidente que algunas especies de animales tienen sus sentidos mucho más desarrollados que nosotros y así son proverbiales la vista, el oído o el olfato de algunos de ellos.
Recientemente, estando en casa de una familia de conocidos que poseen un perro, fui testigo del fino sentido de este animal para percatarse de la presencia de su dueño cuando todavía los que estábamos allí no habíamos oído ningún ruido que lo delatara. Mientras el dueño todavía estaba en el ascensor subiendo a la casa, el perro, dentro de la misma, comenzó a ladrar y a agitar su cola nerviosamente ante la inminente llegada de su amo. Ante mi sorpresa me explicaron que no era ésta la primera vez que eso sucedía sino que así ocurría en cada ocasión, de manera que el animal era el que primero se enteraba de la venida de algún miembro de la familia y por medio de él los demás miembros eran avisados de su llegada. A continuación comenzaron a ensalzar la inteligencia, la emotividad y otras características del can que para ellos es tan querido.
No es extraño que haya personas para las cuales la compañía de un animal sea fundamental y sirva para suplir soledades o carencias que de otro modo serían difíciles de sobrellevar. Recientemente una familia española anunciaba por televisión una sustanciosa recompensa económica si alguien les ayudaba a recuperar el loro que se les había perdido. La razón de tanto interés por encontrarlo no era puramente emocional o afectiva: el loro hacía compañía a su hijo autista y gracias a la interacción entre ambos los padres del muchacho habían notado una mejoría en su desarrollo general. También para otros, como por ejemplo un anciano, un ciego o un niño, un animal puede ser de gran ayuda. De hecho, algunas personas, heridas por la maldad de algún otro ser humano, prefieren a un animal antes que a un semejante, arguyendo que la nobleza del primero no tiene parangón con la vileza del segundo y llegando incluso a hacer de ese argumento un postulado general para definir sus concepciones antropológicas.
Dicen que hasta la ferocidad de las bestias no es comparable a la de los humanos, pues la de los animales es por instinto y preservación mientras que la de las personas es voluntaria y gratuita. Esa debe ser la filosofía de Brigitte Bardot, la otrora símbolo sexual de los años cincuenta que ahora es una acérrima defensora de los derechos de los animales, viviendo retirada y rodeada de una legión de perros y gatos, prefiriendo su compañía a la de los hombres, seguramente porque los zarpazos que recibió de éstos no son comparables a los que pueda recibir de aquéllos. Aunque bien mirado, los arañazos de esta ‘gatita' tampoco tuvieron que ser cosa liviana.
En cualquier caso una cosa está clara: aunque en el orden jerárquico de la creación los seres humanos estamos, en un nivel cualitativo, por encima de los animales puesto que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, sin embargo y a causa de nuestra Caída, hemos quedado reducidos a un estado de embotamiento moral y espiritual de tal calibre que en ocasiones los animales nos dan lecciones .
Tal vez la paradoja que ha revelado el tsunami, animales captándolo y humanos ignorantes del mismo, pueda servir de metáfora para describir algo mucho más grave que la Biblia muestra con toda nitidez en otro orden de cosas: el contrasentido de que las criaturas irracionales hacen lo que las criaturas racionales deberían hacer y no hacen, poniéndonos en evidencia. Los dos pasajes arriba citados así lo enseñan de manera enfática:
En el de Isaías, que fue aprovechado por el autor del evangelio del pseudo-Mateo para colocar en el pesebre de Belén al buey y al asno a ambos lados del niño Jesús, se contrasta el entendimiento que animales de carga tienen de sus amos con la falta de entendimiento que los humanos tenemos de nuestro Hacedor, incluso los que supuestamente más deberían tenerlo: su propio pueblo.
En el de Jeremías se compara el conocimiento del tiempo de las migraciones que tienen ciertas aves para retornar a sus lugares de origen con la obstinada resistencia que nosotros tenemos para volvernos a Dios. A pesar de las señales y de las oportunidades que nos son dadas, nadie piensa en regresar a él.
El tiempo corre en nuestra contra porque sólo se mueve en una dirección: hacia adelante, de manera que desperdiciarlo es tirar por la borda la preciosa oportunidad que tenemos para cambiar de rumbo. Y no hay alternativa, o cambiamos de rumbo o estamos abocados a un desastre de gigantescas y cósmicas dimensiones. Un desastre que no sólo va a consistir de bienes materiales y vidas humanas que se malogran sino de la pérdida eterna de éstas últimas. Demasiadas cosas terribles están ocurriendo en este planeta como para no darnos cuenta de que algo sobrenatural se prepara y está por llegar. Si sólo supiéramos parecernos un poco a estos convecinos nuestros que son los animales tal vez nos daríamos cuenta del peligro que corremos. Entonces podríamos tomar medidas eficaces y apropiadas para escapar de la Ciudad de la Destrucción, como hizo el Peregrino de la novela de Bunyan al comienzo de la misma.
Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |